lunes 06 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

La COP26 y el mal manejo de las medias aritméticas

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El es director de www.eurointelligence.com Wolfgang Munchau nos alertó en un interesante artículo de los cuidados que los investigadores debemos tener cuando relacionamos el cambio climático y las medias aritméticas. En efecto, registra que la idea de que la temperatura de la Tierra pudiera aumentar dos grados no ofrece ni un pálido reflejo del horror que eso podría significar en lo que a extremos meteorológicos y sus repercusiones para la vida humana se refiere.

Y se pregunta: ¿por qué seguimos hablando de medias aritméticas?

Desde mi punto de vista, explica el profesor de la Universidad Nacional, Moisés Cetré, son siete las razones por las cuales hay un error al aproximarse a este tema como un simple dato estadístico.

Munchau explica tres, pero habría al menos otros cuatro argumentos (el segundo, cuarto, quinto y séptimo) a los que da ampliación el profesor Cetré.

Primero: “La causa del cambio climático es el aumento de las temperaturas del planeta, no una media aritmética. El promedio es un valor estadístico como tantos otros. A veces, es incluso un constructo social. Medimos su valor porque podemos, porque es sencillo y, en ocasiones, porque permite manipular la visión de las cosas”.

Segundo: en un mundo tan cambiante, en donde las mentiras pueden ser tan definitivas para algunos procesos como las verdades, el hecho que se pueda manipular la visión de ciertos temas como el cambio climático, es realmente peligroso y preocupante.

Tercero: Munchau reconoce que una media aritmética no es causa de nada. Si queremos que la gente entienda el impacto del cambio climático, lo peor que podemos hacer es empezar a referirnos a un aumento medio de las temperaturas de dos grados.

Los expertos utilizan los promedios y otros valores estadísticos para entender conjuntos complejos de datos. Pero cuando se habla de cambio climático dirigiéndose a la opinión pública, hay que centrarse en los extremos, no en las medias: altas temperaturas, inundaciones, tormentas, sequías.

Cuarto: cuando en las ciencias sociales hablamos de opinión pública debemos ser muy cuidadosos y específicos.

La razón? No es igual comunicarnos con la “opinión pública” europea que la colombiana o la latinoamericana. Hay muchos años de escolaridad media de diferencia. Eso se traduce que la llamada “brecha de consenso” para un tema tan especializado como es el cambio climático puede ser de lejos mayor acá, que en los países europeos.

Quinto: la “brecha de consenso” no es otra cosa que la diferencia existente entre el conocimiento y manejo de las implicaciones de un tema que tienen los científicos y el conocimiento del mismo tema que tiene la opinión pública. Por obvias razones las poblaciones empobrecidas, marginadas y excluidas del modelo de acumulación capitalista no tienen mucho tiempo para enterarse de temas y problemáticas planetarias.

Sexto. “En el cambio climático, el problema de las temperaturas cada vez más altas son los efectos dinámicos. Lo que ocurre es que el aumento de las temperaturas interactúa con un complejo sistema dinámico que crea efectos dominó. La consecuencia serán temperaturas extremas, sequías, tifones, falta de agua en algunas zonas de la Tierra, lluvias extremas y sequías en otras, reducción de la biodiversidad y daños a gran escala en nuestros océanos”.

Séptimo. las olas de calor y las de olas de frio son más que un tema de medias aritméticas. El calor puede matar al hombre en cualquier parte, pero el peligro es mucho mayor en las ciudades.

“Un reciente estudio hecho en 13.000 ciudades del mundo concluye que la incidencia del calor extremo se ha más que duplicado entre 1986 y 2016, y otra investigación publicada en 2020 señalaba dos ciudades. Jacobadad y Ras Al Khajmah, la primera en Pakistán y la segunda en Emiratos Árabes Unidos, que en sus días más calurosos sobrepasan los límites de supervivencia humana”. Esto se puede ver el artículo ‘Planear ciudades contra el calor’ de El País Vasco.

Otro estudio, liderado por Katrin Burkart, profesora del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, afirma que, solo en 2019, más de 356.000 personas murieron por alguna enfermedad derivada de las fuertes olas de calor.

Además, 1,3 millones de personas fallecieron por causas relacionadas con el frío.

Esto quedó registrado ampliamiente en varios artículos, incluyendo uno escrito en el diario El País de España.

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