domingo 03 de agosto de 2014 - 10:35 AM

La Guajira, asfixiada por la corrupción, el hambre y la sed

Wajiira, (en Wayuunaiki) aquella península situada al norte de Colombia, cuna y hogar de la cultura Wayúu, día a día se convierte más en esa estepa árida, cálida y seca que se extiende por buena parte de su territorio, conformado por 20.848 kilómetros cuadrados.
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Un lugar de contrastes entre su gente, el mar, la arena, la sal, pequeños oasis verdes, el carbón, la corrupción, el contrabando, la miseria, el hambre, la sed y la muerte.

Un lugar donde la lluvia se convierte en fantasía y hace olvidar a sus habitantes por un momento la realidad, las penurias que vive el departamento y que hace más de un año no salen de la mente de los guajiros, por la inclemente sequía que disfraza con un manto la desnutrición y la corrupción con la que sus gobernantes operan.

Para llegar a este departamento, saliendo desde Bogotá, sólo se necesita una hora y media en avión, 17 en un carro o 20 en un bus; su capital es Riohacha, ciudad que mezcla la cultura Wayúu con la de los habitantes llegados de otras ciudades; donde las motos reinan en las vías; la patilla es la fruta predilecta; las mochilas, el regalo perfecto y el agua y la comida, la necesidad de todos los pobres, que allí y en todo el departamento son más del 70 % de los habitantes, de los cuales un 30 % vive en pobreza extrema, según cifras del Dane.

Esa pobreza de La Guajira se debe a la precaria cobertura en temas básicos, como la salud y la educación, lo que refuerza deficiencias institucionales y políticas, todo en medio del notable crecimiento de la industria carbonífera.

Cerrejón es el líder en las exportaciones (60 %); su producción constituye el 55 % del PIB de La Guajira y entrega al departamento, según lo estimó el Plan de Desarrollo del 2012, $615.739 millones por conceptos de impuestos y regalías, cifra que ha ido en aumento en estos dos años. Nada de eso ha significado que sus habitantes, los que tendrían que ser los beneficiados con estos dineros, reciban la ayuda que necesitan para paliar la situación de hambre, sed y abandono.

“Aquí la gobernación nunca está, los funcionarios nunca se ponen al cuidado de esto. No sé qué pasa, porque escucho en la radio que llega una plata para las comunidades, que no sé cuándo, pero la verdad, aquí, nunca, nunca hemos tenido una ayuda del Gobierno. Como nunca nos responden, nunca se sabe nada”, comentó Lucy Clanje Piyú, artesana Wayúu.

LA ILUSIÓN POR EL AGUA

Es el reclamo constante contra una corrupción que impide el acceso a servicios públicos y a las condiciones mínimas para sobrevivir en medio de un panorama desolador y desconcertante: habitantes en medio del olvido y la enfermedad que tienen como única solución acudir a los jagüeyes (estanques) para conseguir un poco de agua; este mes, por desgracia para ellos, en su mayoría los estanques están secos.

“Mi familia está sufriendo mucho, porque estábamos contando con un jagüey que queda como a una hora y media, pero ya eso se secó y ahora no tenemos agua. Hemos tenido enfermedades en la comunidad, como la gripe, fiebres muy altas que les dan a los niños y a los adultos, para mi familia es muy difícil poder ir a Uribia y visitar a un médico, ya que en la ranchería no tenemos un doctor y el más cercano está a 7 horas de mi casa. En el centro de Uribia”, comentó Lizbeth Coromoto Ipuana, indígena de la comunidad Malaraju, asentada al lado de la vía a Puerto Bolívar.

Algunas comunidades utilizan los molinos que se encuentran en buen estado y que fueron instalados bajo el gobierno del general Rojas Pinilla, hace más de 60 años.

El ministro del Interior, Aurelio Iragorri, fue la última autoridad nacional que visitó la zona, justamente para entregar seis pozos de agua dotados con sistema de bombeo, en torno a los cuales se construyó igual número de proyectos productivos, en marco de usos y costumbres del pueblo Wayúu.

“Los molinos pueden ser la salida a la situación de sequía; en el Consejo de Ministros propuse que se repararán 500 que se encuentran fuera de servicio”, comentó Iragorri durante su visita a la comunidad de Juriakath, ubicada a 20 minutos de Riohacha. “Este es un plan piloto que nos permitirá darle a La Guajira prosperidad, al generar un oasis en medio de una zona que sufre mucho por la falta de agua y, sobre todo, es una solución definitiva al problema de la sequía”.

Pero habitantes aseguraron que el agua proveniente de esos molinos no es la mejor. Como Yaqueline Meza Fajardo, líder de la comunidad de Zapatamana, beneficiada con el proyecto del Ministerio del Interior: “En Zapatamana teníamos una crisis enorme por la sequía, los animales se nos estaban muriendo, la gente no estaba consumiendo agua apta, contábamos con un molino, pero el agua que salía de allí, era salobre y dañina”.

Manaure, Maicao, Albania, Uribia y Dibulla recibieron los pozos con el sistema de bombeo. La elección de las comunidades se dio por el convenio entre el Ministerio de Interior, la compañía Korderos, la Fundación Panamericana para el Desarrollo (Fupad) y el Sena.

¡SÍ HAY AGUA!

“Empezamos a determinar los sitios donde podía haber agua en comunidades que tenían que caminar muchos kilómetros para buscarla; trajimos una compañía rusa que hizo un estudio geoeléctrico y, para no perder la plata, porque aquí en La Guajira estudian cien metros y dicen: ‘¡Ay. No hay agua!’, estudiamos varios puntos e hicimos más de 10 mediciones, hasta que dijimos: ‘¡Aquí hay agua!’; bajamos a 100 metros, en otras a 120 y en otras a 150. El promedio fue de 125 metros por pozo, con la buena fortuna que en todas las comunidades conseguimos agua de buena calidad y por encima de siete litros por segundo, o sea que ¡en La Guajira sí hay agua! Lo que hay que hacer es buscarla bien y sacarla”, explicó Luis Fernando Echeverry, gerente de la compañía Korderos.

El panorama es sombrío y, más allá de los deseos porque este proyecto del Mininterior sea exitoso, la realidad para los habitantes de La Guajira es que con seis pozos no se puede aliviar toda una región y reparar el daño que sienten les han hecho algunos gobernadores y alcaldes.

“El atraco del que han sido víctimas los indígenas es en realidad el peor de los males, es el generador de todas las penurias; por años ha sido el causante del hambre al que son sometidos. La alta Guajira toda la vida ha convivido con la sequía, eso no es motivo para esconder la realidad existente, que no es diferente a las demás poblaciones generadoras de regalías y es la galopante corrupción”, comentó un habitante de Riohacha que prefirió no revelar su identidad, atemorizado por la violencia que también campea en la región.

De allí que los habitantes de otras rancherías, que no fueron beneficiadas con el proyecto del Ministerio del Interior, estén ansiosos porque este proyecto piloto no se quede en eso, en una prueba, sino que se convierta en solución a la crisis por la sequía.

Porque en últimas los guajiros buscan que el Estado les brinde una atención oportuna a sus necesidades con los recursos que son de ellos, pero que han sido mal manejados por repetidas administraciones. Son habitantes que sueñan con milagros: el primero, el cumplimiento de la justicia y el segundo, que llueva por sus áridas y desérticas tierras que hoy se asfixian por la corrupción, el hambre, la sed y el calor asfixiante.

* Por invitación del Ministerio del Interior.

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