domingo 22 de febrero de 2015 - 10:39 AM

“La salud es para las personas, no es solo tener hospitales”

Mediante diferentes indicadores, se encarga de evaluar en qué estado se encuentra la prestación de servicios y de analizar qué se puede hacer para contribuir a las mejoras del sector.
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Su nuevo presidente, Augusto Galán Sarmiento, habló con Colprensa. Explicó los proyectos que plantean para mejorar la calidad de atención a los pacientes y la importancia que tiene para la entidad el poder ampliar su cobertura a diferentes regiones.

Por supuesto, Galán también habló de la Ley Estatutaria, especialmente de la importancia de poner en práctica todo lo que se ha puesto en el papel.

- ¿Cuáles son las regiones en donde ven más falencias en el sector de la salud?

Vemos un sector que ha ido avanzando de manera general, pero todavía con unas inequidades grandes en ciertas regiones: el Chocó, por ejemplo, ciertas regiones del Caribe (particularmente Sucre o La Guajira), en donde los avances no han sido suficientes. Igualmente vemos personas de Nariño y de la región Pacífica con inequidades muy significativas. Pero uno también ve, por ejemplo, el caso de Bogotá, una ciudad con unos avances muy importantes y que son comparables a ciudades medias de Europa, pero con localidades que tienen falencias en ciertos indicadores, que lo dejan a uno muy preocupado. Por ejemplo, la sífilis congénita, que debería estar erradicada del país, deja una gran inquietud, pues Bogotá tiene unos niveles por encima de cualquier otra ciudad del país, casos que sobrepasan los 20 por cada 100.000 habitantes, cuando el indicador debería estar en 0,7.

- ¿Cómo va a ser el proceso para contribuir con el Ministerio de Salud de manera que las acciones se den de mejor forma?

Lo primero que queremos hacer es conocer cada una de las regiones de una mejor forma. Las cifras que le estoy dando son generales, pero nos interesaría saber con mayor detalle qué está pasando en el Chocó, en Sucre, en Nariño, en La Guajira, en Antioquia, en Santander, en los llanos; esa es una de las tareas que estamos empezando. Ya se ha trabajado en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Pereira, de la mano del programa 'Ciudades Cómo Vamos' y esos programas que nos han ayudado muchísimo, pero queremos ir más allá.

- ¿Cree que la Ley Estatutaria que se acaba de sancionar contribuirá a la mejora de esos factores que ustedes van a evaluar?

Creo que el gran aporte de la Ley Estatutaria, además de hacer un reconocimiento al derecho claro y fundamental de la salud, es que nos da un marco hacia el cual nos queremos dirigir. Qué entendemos por el derecho fundamental a la salud y qué debemos entender de manera consensuada todos los colombianos. Nos trata de sacar de la discusión de uno solo de los componentes de la salud, que es la organización en los servicios.

- ¿Qué componentes le harían falta a esta Ley?

La Ley Estatutaria habla de la atención de los servicios de la salud, pero no habla de los otros determinantes sociales a los cuales hay que hacerles seguimientos. La salud es para las personas, no se trata solamente de tener un hospital, es tener claridad de en qué condiciones vivo, cuál es mi hábitat, cuál es el entorno ambiental, esos elementos son más importantes. Creo que esta Ley nos contextualiza mejor el significado de la salud, los deberes y derechos que tenemos, pero también la responsabilidad de nuestra propia salud.

- Esta Ley ha sido controvertida. Se dice que acabará con el paseo de la muerte, pero también que no hay garantía sobre distribución de medicamentos. ¿Qué opina usted?

El marco que nos da es un avance muy positivo, pero de ahí para adelante no nos está diciendo cómo es que vamos a hacer eso. Creo que la discusión nos tiene que llevar a un escenario de reconocer primero en lo que hemos avanzado. Durante 20 años hemos avanzado mucho, pero esta pregunta nos llevará eventualmente a la discusión de si tenemos que cambiar el modelo o no, porque cómo es que vamos a lograr el derecho fundamental de la Ley como un ideal social.

-¿Cuál cree que es el mayor reto que tiene la práctica de esta Ley?

En la práctica debemos analizar que el éxito que ha tenido la reforma de 1993, traducido en una ampliación de la cobertura, no ha sido completado por una oferta de servicios y una oferta en la organización que satisfaga la demanda que se generó, ahí está el gran reto, porque los problemas estructurales van a subsistir con el modelo que tengamos. Hoy la cobertura es al 96% de la población, pero tenemos problemas en el acceso y en la calidad. Esos problemas están generados fundamentalmente porque la oferta de recursos financieros, de recursos humanos y de recursos de infraestructura y tecnología se ha quedado corta ante la demanda.

- Pero no es la única falencia…

Lo estructural es otro tema: ¿con qué recursos vamos a contar para satisfacer esa demanda? Nos tendríamos que preguntar: ¿Necesitamos más recursos financieros, si nos estamos gastando el 7,5% del Producto Interno Bruto (PIB) en salud? Hay quienes dicen que la Ley Estatutaria está generando la necesidad de un punto adicional del PIB, que son más o menos 5 billones de pesos, hay otros que controvierten la aseveración, diciendo que con los recursos que tenemos es suficiente, pero que deberían ser mejor manejados. Por otro lado está el recurso humano que requerimos, ahí hay un discurso que suena muy bien, ese que dice que es mejor gastar en prevención, porque nos sale más económico, pero ¿cómo lo vamos a hacer? Si queremos fortalecer ese gasto y aumentar la capacidad resolutiva en el nivel de más baja complejidad y no gastarnos la plata en el alto costo sino en la prevención, necesitamos mejorar la capacidad resolutiva.

- Hay otro tema en la agenda: la eutanasia. La Corte Constitucional pidió al Ministerio que en 30 días sugiera un protocolo médico para "garantizar el derecho a morir dignamente”. ¿Qué opina al respecto?

Ese es muy delicado; es un tema ético de fondo, porque es sobre cómo nos relacionamos en occidente con la muerte; acá le tenemos miedo a la muerte, es un tabú del cuál no se quiere hablar y ese miedo genera unas presiones sobre los sistemas de salud muy grandes. Mi respuesta no sería claudicar ante la muerte, porque a los médicos nos han formado con una lógica de salvar vidas, pero me pregunto: ¿La meta de un sistema de salud es salvar vidas o generar bienestar?

- ¿Cuál cree que es el tema puntual a reglamentar sobre eutanasia?

Es una discusión bioética que de alguna forma ya tiene resuelta la Corte y lo que le está pidiendo al Gobierno s que reglamente. Hay experiencias y legislación internacional que permitiría determinar una regulación que les facilite a ciertas personas, en determinado momento, decir “no más sufrimiento”. De lo que se trata es de establecer un mecanismo regulatorio que permita que ante determinadas circunstancias las personas puedan tomar una decisión y eso se haga de una manera ética y técnica.

- ¿Qué acciones concretas pueden llevarse a cabo para hacer entender a la gente la necesidad de reglamentar la eutanasia?

Los servicios de salud deberían proyectarse a dar bienestar a sus pacientes, no a prolongar de vida por prolongarla, al costo que sea y sin consideración. Es un problema cultural que no es de fácil solución.

- ¿Está de acuerdo en regular la promoción de medicamentos, haciendo públicas las listas de especialistas y su relación con las farmacéuticas?

La sociedad entre más transparente sea es mejor y los médicos no tenemos nada que ocultar. Ese tipo de prácticas se ha dado en otras sociedades, en Europa y en Estados Unidos, ellos ya tienen esas declaraciones de conflictos de intereses expresas; es decir, si participo de una investigación se sabe, y se sabe si estoy recibiendo unos honorarios y eso no tiene nada de malo. Si soy cardiólogo y participo en la investigación de un dispositivo que busca mejorar alguna enfermedad, tengo la obligación de que el paciente sepa que estoy participando de esa investigación y que eso no es ningún delito.

- ¿Podremos tener un sistema de salud que brinde ese bienestar a la población del que tanto usted habla?

Es fundamental recuperar la confianza entre los agentes del sistema de salud. En diez años se ha ido desvertebrando esa confianza y entender que tenemos un sistema de salud que no es ni el peor ni el mejor del mundo. Cada vez hay una vocación más colectiva de trabajar y mejorar el acceso a los servicios y ese debe ser el norte.

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