sábado 09 de abril de 2022 - 12:00 AM

Las víctimas son el reflejo de una guerra sin fin

Arauca, Catatumbo, Cauca y Chocó siguen registrando enfrentamientos y tensiones entre los grupos armados al margen de la ley y las fuerzas del Estado, que han dejado a miles de personas desplazadas y confinadas. La violencia no termina en Colombia.

Colombia ocupa el deshonroso segundo lugar entre los países afectados por la violencia y el crimen organizado, de acuerdo con el Índice Global de Crimen Organizado 2021.

Además, de acuerdo con este ranking, Colombia es uno de los países donde hay más centros de trata de personas y donde más cocaína se exporta al mundo, lo que está íntimamente ligado con las causas de la violencia en el país.

Pero esto no es todo: Colombia recibe una escalofriante calificación de 9,5 sobre 10 en el tráfico de cocaína. También resalta en crímenes sobre recursos no renovables, que incluyen minería ilegal, con un puntaje de 9. En cuanto a tráfico de armas y de cannabis, el país obtuvo una calificación de 8 puntos en cada uno.

A este panorama, que implica la ocurrencia de toda clase de conflictos, se suman otras formas de violencia que, como nos lo muestra nuestra historia, no se han detenido desde el momento mismo de la conquista o desde que se fundó la República, dejando tras de sí un rastro incontable de víctimas y dolor.

De acuerdo con Néstor Rosanía, investigador y corresponsal de conflictos armados y director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz, hay que decir que Colombia vivió la Guerra de los Mil Días, la Masacre de las Bananeras y el asesinato de Gaitán... y en los últimos 60 años, los enfrentamientos armados con las guerrillas, los carteles del narcotráfico y el paramilitarismo.

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Hay que recordar que el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica le entregó al Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición la base de datos más completa sobre el conflicto armado en Colombia, que documenta hechos de 1958 a julio del 2018, y establece que la guerra dejó 262.197 muertos. De este total de víctimas fatales, 215.005 eran civiles y 46.813 eran combatientes.

La visibilidad de las víctimas

Un aspecto importante, explica Rosanía, es que desde la época de los 80 y 90 después del narcoterrorismo se empezó a hablar de víctimas, pero durante muchos años fueron estigmatizadas y apartadas ya que el Estado no les daba ningún tipo de garantías.

Argumenta que primero con los paramilitares se intentó que les dieran unas versiones libres que iban dirigidas a las víctimas y ese primer intento fue con la ley 975 de 2005 en que la víctima tuviera una participación, pero esto se quedó muy corto y no tenía fuerza.

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Sin embargo, en los Acuerdos de La Habana, las víctimas se convierten en el eje central de la negociación, lo que produjo un avance decisivo en el papel de estas víctimas. Por otra parte, comienzan a utilizarse herramientas de otros lugares del mundo como de los procesos de negociación de Sudáfrica, de Irlanda del Norte (de diferentes conflictos), que se adaptaron y mejoraron en Colombia, lo que dio como resultado el sistema integral que se tiene hoy de víctimas que no solo se queda en una reparación económica, sino que incluye una recuperación simbólica y un contexto de verdad.

Tratamiento y pedagogía

Un reciente informe de la ONU muestra una visión optimista sobre lo que viene ocurriendo en el país, al punto de afirmar que 2022 “constituye un punto de inflexión para el sistema de justicia transicional al arrojar luz sobre los horrores del pasado”.

Sobre esto, Rosanía considera que desde lo teórico, en el tema de víctimas, Colombia va bien, porque se han creado organizaciones e instituciones y se ha hecho una pedagogía que ha logrado dar una perspectiva más justa sobre las víctimas que ya no les estigmatiza como auxiliadores de un bando u otro.

Pero, la aplicación y la materialización de los Acuerdos de paz, es lo que va mal, pero si se hace un comparativo frente a otros conflictos de países como Colombia, es decir, de renta media–baja, se está convirtiendo en uno de los primeros frente al tema de víctimas.

Si somos comparados con otros países, Colombia por lo menos ha tenido innovación y ha ido creando instituciones y leyes relacionadas con las víctimas, precisa Rosanía.

Además, recientemente la ONU destacó la creación de las 16 curules de paz en el Congreso, al afirmar que con esta decisión se “ofrece una oportunidad histórica para abordar desigualdades estructurales y reparar el daño causado por el conflicto”.

El conflicto colombiano y el peruano

Néstor Rosanía, investigador y corresponsal de conflictos armados y director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz, explica que Perú es una región parecida a Colombia y vivió un fenómeno similar de guerrillas como Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru.

Estas terminaron haciendo terrorismo urbano en el país vecino y tuvieron también presencia de paramilitares como el grupo La Colina, con un tema de violación de derechos humanos por parte de las fuerzas del Estado que generó muchas víctimas.

Se trató, como se puede ver, de un contexto muy similar al nuestro, con un telón de fondo como el narcotráfico y, de hecho, Perú sigue siendo el segundo país del mundo en producción de coca, después de Colombia, aunque, en cuanto a las dictaduras militares, sí hay una gran diferencia en que tanto allá, a diferencia de Colombia, sí hubo una por varios años.

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Nelly Vecino Pico

Periodista de Vanguardia desde el 2001. Egresada de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Miembro del equipo de la página Nacional. Nominada al premio Luis Enrique Figueroa.

@nellyvecino

nvecino@vanguardia.com

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