sábado 22 de julio de 2023 - 9:17 AM

“Lo esperaré afuera de la mina hasta el final, lo amaré por siempre”: Esta es la angustiosa búsqueda de mineros atrapados en Amagá (Antioquia)

Una enorme bolsa de agua cayó desde el jueves sobre la parte más profunda de la mina Nueva Nechí en Amagá, Antioquia, y atrapó seis mineros. El angustioso rescate continúa.
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Esta es la nueva tragedia minera que vive Antioquia.

El accidente ocurrió a las 1:00 de la tarde, cuando los mineros cargaban el último malacate con carbón. Desde las 6:00 de la mañana, como todos los días, estaban en las entrañas de la tierra, donde la humedad cachetea.

Cuentan que cavaban con martillos eléctricos cuando la pared de la mina Nueva Nechí, en Amagá, comenzó a “lagrimear”. Era una señal inequívoca del desastre.

Del otro lado de la pared había una enorme bolsa de agua, nadie sabe qué tan grande. Sí es una certeza que la pared cedió y el agua inundó la mina en segundos.

Los que estaban más cerca de la superficie alcanzaron a correr hasta la boca. Pero seis mineros, los que estaban en la parte más baja, no alcanzaron a salir.

Fue una avalancha bajo tierra. Los que conocen la mina dicen que los seis hombres estaban a casi 300 metros bajo tierra. Salir de esa profundidad demora unos 15 minutos, explica uno de los trabajadores de la mina. Por fortuna, cuenta, había salido sobre las 11:00 de la mañana, dos horas antes de que la bolsa de agua lo inundara todo.

El minero dice que ese es un trabajo “para hombres”, muy duro. Dentro de la mina, la montaña suda y la humedad golpea la cara como una ofensa. Hay lugares tan estrechos que toca gatear o arrastrarse. Por eso es tan complicado salir si algo ocurre. La premura y la angustia no son suficientes para abandonar las entrañas de la tierra.

Los seis mineros atrapados son Héctor Fabio Osorio, José Ramón Giraldo, Luis Eduardo Serna, Róbinson Albey Guitiérrez, Jhon Muriel Serna y Hernán Darío Guisao.

“Lo esperaré afuera de la mina hasta el final, lo amaré por siempre”: Esta es la angustiosa búsqueda de mineros atrapados en Amagá (Antioquia)

El drama familiar

Zurly Londoño, la esposa de Héctor Jairo, se enteró de la noticia a las 2:00 de la tarde. Su papá la llamó y, sin dar mayores detalles, le contó que en la mina Nueva Nechí había ocurrido un accidente. A las 4:00 de la tarde llegó a la mina y, desde entonces, aferrada a las esperanzas, espera que le den noticias de su esposo, con quien se casó hace un año.

Zurly pasó la noche a la intemperie, sin dormir un minuto. La acompañaron varios familiares de su esposo, algunos de ellos llegados desde Pereira, de donde salieron cuando se enteraron de la noticia.

Zurly cuenta que Héctor Fabio llevaba diez años trabajando en minería de carbón en Amagá. Hacía un año, cree, había llegado a Nueva Nechí. “Él nunca había tenido un accidente. Solo se había aporreado o algo, pero nada grave. Dios quiera que haya encontrado un lugar para refugiarse”, dijo la mujer.

Así como Zurly, los familiares de los demás mineros comenzaron a llegar al lugar. En una casona de dos pisos junto a la mina, donde funciona la parte administrativa, acogieron a las familias.

La mayoría de las personas no quieren hablar de lo sucedido. Hasta la tarde estaban a la espera de noticia de sus familiares.

A medida que las horas pasaban, la incertidumbre arreciaba. Los familiares recibieron ayuda psicológica con charlas sobre el manejo emocional de crisis.

Durante la mañana y la tarde, ensimismados, la pasaron recibiendo noticias a cuentagotas: que llegó una nueva motobomba para sacar el agua, que salvamento minero está al frente de la operación. Pero ninguna certeza, ni un hecho del que pudieran aferrarse.

Zurly, pese a que no durmió un minuto durante la noche, comentó que se iba a ir hasta el final. “Acá voy a estar y a él lo voy a amar siempre”, dijo, en medio del silencio casi inquebrantable de los demás familiares.

La dificultad en las labores de rescate radica en que la parte baja de la mina quedó bajo el agua. No se sabe, ni se puede calcular, cuánta agua inundó lo más profundo. Los bomberos, liderados por la Agencia Nacional Minera y Salvamento Minero, instalaron dos mangueras que comenzaron a evacuar el líquido.

Desde la mañana, a los familiares les dijeron que traerían una nueva motobomba. Con impaciencia esperaron hasta pasado el mediodía, cuando un camión llegó con una enorme manguera. El siguiente reto fue desenrollarla y bajarla hasta lo profundo, bajo el calor asfixiante y la humedad que aplasta. Las dos primeras sacaban unas seis pulgadas de agua, es decir, unos 30 litros por segundo, según cuentas a vuelo de pájaro.

“Lo esperaré afuera de la mina hasta el final, lo amaré por siempre”: Esta es la angustiosa búsqueda de mineros atrapados en Amagá (Antioquia)

Rubén Darío Gómez es uno de los socios de la mina Nueva Nechí. Adquirió el predio en 2020, pero la mina tiene, según sus cuentas, 50 años de explotación. Gómez dice que es una mina seca, en la que ni siquiera vale la pena tener una motobomba grande. Por eso la inundación los sorprendió.

La hipótesis, que más parece una certeza, es que cerca de Nueva Nechí había una mina abandonada que no fue reportada. Es decir, alguien penetró en la tierra, la explotó, la dejó inundar y no dijo nada. “Creemos que esto es culpa de unos trabajos abandonados y no registrados.

Al parecer, ellos traspasaron los linderos de la mina Nechí. En la topografía nuestra no había registro de esa mina. Entonces, cuando nuestros muchachos avanzaban, se encontraron con esa bolsa de agua de frente”, comentó Gómez.

Junto a Nueva Nechí hay un antecedente similar. Una mina vecina está sellada desde hace varios años, cuando hubo un accidente por una explosión que dejó 12 mineros muertos. Gómez comentó que en Amagá hay decenas de estas minas abandonadas, que guardan peligros como la emanación de gases o la acumulación de agua. El problema es que no hay información ni cartografías de las minas usadas que puedan generar riesgos. Así, los mineros están a la deriva, cavando a tientas, sin saber qué van a encontrar al otro lado de la roca.

Fernando Rodríguez, ingeniero de la Agencia Nacional Minera, fue el encargado de liderar la búsqueda. Comentó que, al ser minas desconocidas, no fue posible calcular el nivel del agua.

“Vamos ingresando a medida que el agua salga. Estamos haciendo unos planos para calcular cuánto tiempo podemos demorarnos, pero no hay nada claro”, dijo Rodríguez. Mientras declaraba eso, las familias seguían esperando en la casona.

Una mina de carbón, dicen los que en ellos trabajan, se asemeja a una cuadrícula de un pueblo. Hay una vía principal por donde bajan los malacates y los obreros. Cada 15 o 20 metros atraviesan otras vías, como si fueran calles.

Eso convierte a las minas en intrincados laberintos. Por eso, la esperanza de Zurly es que su esposo y los compañeros se hayan refugiado en una de esas “calles” alternas.

“La esperanza es lo último que debemos perder”, dijo uno de los familiares en la tarde de ayer, más de 24 horas después del accidente.

Hasta anoche, las mangueras seguían sacando el agua de las profundidades de la tierra. Los familiares, en colchonetas y sentados en sillas de plástico, esperaban la noticia final, conservando la esperanza.

“Lo esperaré afuera de la mina hasta el final, lo amaré por siempre”: Esta es la angustiosa búsqueda de mineros atrapados en Amagá (Antioquia)

Desde 1977 hay accidentes en las minas

La historia de la minería de carbón en Amagá está empedrada en tragedias repetidas, como la de julio de 1977, cuando murieron 86 personas en la mina San Fernando. Otro de los grandes accidentes ocurrió el 16 de junio de 2010 en la mina San Joaquín, cuando una explosión apagó la vida de otros 73 mineros.

La acumulación de gases y las elevadas temperaturas alarmaban a los mineros en esa mina. Entre ellos comentaban que los socavones eran un polvorín. Unos, atemorizados, renunciaban.

La mayoría se quedaba y se acostumbraba al riesgo, porque los acosaba la necesidad de entrar el mercado a sus casas. Es el precio de la miseria y de la falta de oportunidades, comentaron en ese momento. “La explosión se causó por la combustión de metano, combinada con polvo de carbón”, sentenció meses después el informe técnico del Ministerio de Minas y Energía.

Otro accidente se registró en octubre de 2014 en la mina de Carbones La Cancha, donde murieron 12 mineros. El operativo de rescate duró 17 días.

Y es que Amagá es el municipio carbonero del suroeste de Antioquia por excelencia. En este territorio del Suroeste antioqueño se dice –de manera informal– que hasta el 60% de la economía depende de la extracción del mineral oscuro.

Gracias a su ubicación a 36 kilómetros de Medellín, Amagá fue uno de los municipios que más le aportó al desarrollo de nuestro departamento en el siglo XX con sus minas.

El mineral extraído de las entrañas del área rural de esta tierra fue la energía del ferrocarril de Antioquia, de la industria textil y de las cementeras. Este mineral generó una “fiebre de oro negro” que dio pie a la explotación descontrolada y terminó por matar al paciente: sus mineros.

La cuenca carbonífera del Suroeste antioqueño, mejor conocida como la Cuenca de la Sinifaná, es la principal zona productora de carbón del departamento. Está ubicada en jurisdicción de los municipios de Amagá, Angelópolis, Fredonia, Titiribí y Venecia. De las cinco poblaciones, Amagá siempre se ha destacado por ser el mayor productor, por lo que también es uno de los principales explotadores –sino el mayor– de carbón en toda Antioquia.

En Amagá se explota carbón desde hace décadas. Una de las empresas más importantes es la minera San Fernando la cual ha destinado sus esfuerzos en tecnificar el trabajo y ha alcanzado buenos niveles de seguridad en sus instalaciones y socavones.

Sin embargo, en el municipio todavía se presentan altos índices de explotación carbonífera informal, lo que pone en riesgo la vida de aquellas personas que se aventuran a ingresar hasta el fondo de la tierra en busca del mineral, muchas veces sin tener los mínimos elementos de seguridad o los más precarios conocimientos para evitar o anteponerse a una emergencia como la que hoy tiene en vilo al municipio por cuenta de los mineros atrapados.

La gente en Amagá es consciente de los peligros a los que están sometidos, pero siembre tienen la fe del carbonero.

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