martes 17 de octubre de 2023 - 2:09 PM

Sueño americano para unos, para otros pesadilla

Miles de colombianos llegan anualmente a Estados Unidos buscando una vida mejor. Unos lo hacen a través de un visado, pero otros se exponen a los peligros que implica el cruce ilegal por la frontera con México.
Compartir

Santiago* recuerda hoy, tres meses después, desde la casa de algunos familiares, en Dallas- Texas, la odisea que vivió durante su ingreso a Estados Unidos por la frontera con México. Sabía que no sería fácil, pero asegura que nunca imaginó que el sueño americano sería más bien una pesadilla.

En el Tarra, Norte de Santander, de donde es oriundo, comenzó a gestarse la idea de emigrar: muchos, especialmente venezolanos, lo habían hecho y ahora, según sabía por buena fuente, estaban mandando dinero a sus familias en Colombia y el vecino país. Sus averiguaciones lo llevaron a una agencia de viajes que le prometía su ingreso a México y ayudarlo en el paso por la frontera, pero sin garantías de éxito. “Su participación llegaba hasta el momento en que me entregara en la frontera, de allí en adelante era por mi cuenta y riesgo”, dice.

La “agencia” se encargó de los tiquetes, el tour por Ciudad de México, el vuelo a Ciudad Juárez y las instrucciones para entregarse en la frontera. “Pagué más o menos 15 millones de pesos. Todo estuvo bien hasta allí, luego de entregarme comenzó la pesadilla. Uno camina por el muro del lado gringo y lo aborda la patrulla fronteriza, a mí me llevaron a un refugio en El Paso – Texas, en ese lugar estuve dos días, la verdad allí me trataron bien, daban comida y agua, nos hicieron entrevistas, conocieron nuestros casos y nos tomaron huellas. La verdadera pesadilla comenzó cuando a los hombres que ingresamos solos comenzaron a juntarnos para trasladarnos a otro lado, no sabíamos mucho de qué pasaría, hasta que nos pusieron un uniforme naranja tal cual vemos en la televisión, y nos esposaron de cintura, pies y manos, yo solo oraba y esperaba”, narra el colombiano.

La odisea siguió en Denver, Colorado, a donde llegaron a una prisión, a la que según cuenta Santiago, insistían en llamar centro de transición, con celdas compartidas, un par de horas de televisión al día, derecho a llamadas por cobrar, y caminata por el patio para tomar el sol. “Era una cárcel, todos uniformados, sin acceso a zapatos con cordones y toda la cotidianidad de una prisión; yo en Colombia nunca tuve problemas legales, y no sabía que era ni un CAI, y llego acá y preso, en un espacio que solo había visto por televisión, fue muy duro”, dice.

Allí transcurrieron tres meses, en los que en las noches escuchaba gritos de gente que pedía que los deportaran, que los regresaran a su país. “Un ecuatoriano que estaba conmigo lloraba todo el tiempo, decía que él era profesional en su país, que no soportaba más el encierro, que no era un delincuente. Enfermó y por su salud mental lo dejaron en enfermería un tiempo. Muchas personas pasaban por lo mismo, yo me aferraba al recuerdo de mi familia en Colombia, pero nunca los llamé a decirles qué estaba pasando, solo hablaba con una medio hermana que está acá en Estados Unidos, era la única que conocía la verdad”.

Un día, a los 93 días de haber sido trasladado a Colorado, le dijeron tome sus cosas y dígale a su familia que le compre un tiquete a la ciudad en la que va a estar mientras tiene audiencia para su estatus de asilado. “Fue la mejor noticia de mi vida. Al día siguiente ya estaba en Dallas”. Ahora mientras sobrevive como miles de migrantes, con un trabajo en la construcción, espera que lo llamen para su audiencia: “Yo en Colombia tuve un problema con unos policías y sufrí amenazas y persecución por eso, ese es mi caso, esperar qué pasa, pero la verdad, acá es muy duro y pienso en que preferiría estar con mis hijos y mi esposa allá; me motiva que si uno es organizado puede mandar plata y tener algo de recursos cuando vuelva”.

$!/ VANGUARDIA
/ VANGUARDIA

Crece la migración

Su historia puede ser la de miles de inmigrantes, de acuerdo con datos del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac) muchos colombianos han intentado entrar a los Estados Unidos de forma irregular a través de la frontera entre los Estados Unidos y México. Mientras que el número de encuentros fronterizos de ciudadanos colombianos en el año fiscal (AF) 2021 fue de unos 6,200, creció rápidamente a 125,200 en el AF 2022 y 126,200 en los primeros ocho meses del AF 2023.

Para Estados Unidos la llegada de migrantes a través de la frontera se ha convertido en un verdadero problema. En mayo pasado se suspendió en ese país la aplicación del Título 42, por el que se permitía expulsar a personas indocumentadas en el marco de la pandemia de Covid. En su lugar, entró en vigor el Título 8, que supone consecuencias más graves para los migrantes que crucen la frontera sin permiso ya que da los lineamientos para procesar de manera expeditiva y expulsar a personas que lleguen a la frontera estadounidense de forma ilegal.

Sin embargo, la migración lejos de disminuir ha aumentado, y miles de personas llegan a los pasos fronterizos en busca de tener una nueva vida y mejores oportunidades en el país del norte. “La situación en la frontera es caótica, especialmente en la denominada frontera sur, en lugares como El Paso, hay miles de migrantes en una situación terrible”, dice Alexander, un camionero mexicano que semanalmente transita la zona.

Y es que datos oficiales hablan de que la Patrulla Fronteriza detuvo a más de 200.000 inmigrantes que cruzaban ilegalmente la frontera entre Estados Unidos y México en septiembre, la segunda cifra más alta desde diciembre de 2022, cuando se detuvieron detuvo a más de 222.000 migrantes. De colombianos, en agosto de este año se registraron 9.811 detenciones en la frontera sur, lo que significa que hubo un incremento del 50% con respecto al mes de julio que fue de 6.625. A esto se le suma que, durante los 11 meses que van del año fiscal 2023, se han registrado 152.974 detenciones de migrantes colombianos.

Según Migración Colombia, entre el 1 de enero y el 13 de abril del 2023, unos 2.202 ciudadanos colombianos regresaron al país luego de ser deportados de Estados Unidos luego de ser capturados tratando de cruzar la frontera de manera ilegal. Y muchos de ellos han denunciado maltratos, abusos de autoridad, que según las autoridades norteamericanas están siendo investigadas.

$!/ VANGUARDIA
/ VANGUARDIA

“No nos arrepentimos”

Pese a las dificultades cada día son más las personas que deciden arriesgarse y llegar a Estados Unidos. “Lo volvería a hacer, mil veces si, aquí, aunque trabajo duro, más de 12 horas todos los días, tengo dos trabajos, he podido pagar mis deudas en Colombia con lo que gano, cosa que allá en Soledad Atlántico, de donde soy no lo haría nunca. Si soy juicioso, puedo ganarme a la semana unos 800 o 900 dólares, y en Colombia, pese a mis estudios universitarios me los ganaba en un mes. Por eso me arriesgué, y ahora no quiero irme”, dice Jairo Pineda*.

Margarita* y Alejandra*, ambas de San Gil, también dicen que, aunque fue un paso difícil, no se arrepienten de haber llegado hace tan solo 15 días a Austin, en Texas, en donde viven hace tres años su hermano y cuñada.

“Nosotras viajamos a Cancún desde Colombia; fuimos en bus hasta Tijuana, en donde la policía de México nos quitó dinero porque sabían a qué veníamos, allí se quedaron con entre 100 y 200 dólares por persona – éramos 90-Nos bajamos en un hotel la primera noche, y a la siguiente nos sacaron en una camioneta, atravesamos parte del desierto y llegamos a una casa abandonada; allí nuevamente nos metieron a un carro sin sillas, acomodados uno encima de otro, y luego de un trayecto de unos 15 minutos, nos dijeron que corriéramos, buscáramos el muro y cuando llegaran las patrullas nos entregáramos. Los centros de alojamiento estaban muy llenos, por lo que comenzamos a armar carpas improvisadas en medio del desierto de California mientras se atendía nuestra situación, las ONG nos proveían de comida y agua”, narran las hermanas colombianas.

Luego de tres días soportando temperaturas de 40 grados de día y 3 en las noches, a la intemperie, las trasladaron a “La Hielera”, un centro de paso, un lugar a donde llegan los migrantes esposados, con baños comunes y sin puertas, con familias hacinadas, sin asesoría legal, y a la merced de la gentileza del guardia de turno. Luego las llevaron a otro centro, y un día después oficializaron su expediente y les dijeron que se contactaran con una persona quien pudiera “apadrinarlas” mientras se resuelve su caso. “Por nosotras firmó el esposo de una tía. Llegamos acá, pronto comenzaremos a trabajar en una fábrica de muebles – de manera informal mientras tanto porque aún no tenemos permisos – y luego veremos. Pero nuestro plan de vida era este, venir y quedarnos”, dicen.

Gerardo*, un tumaqueño, pasó por el denominado hueco; atravesó el Río Bravo antes que pusieran las controvertidas boyas con alambre de púas que ordenó el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott. “Fue muy duro, había gente que no aguantaba el desierto y se quedaba tirado en la mitad, los coyotes no tienen corazón y el que representa una carga lo van dejando atrás. Venían conmigo mujeres y hombres mayores, y niños; a uno se le arruga el corazón, pero eso es la ley del más fuerte. Ahora vivo en Houston, estoy legalizando mi estadía pues conocí a una dominicana naturalizada y pronto nos casaremos”, señala.

Otros como Bella*, profesional costeña, optaron por usar la visa de turista, y quedarse definitivamente en Estados Unidos: “he estado en varios estados, ahora vivo en New Jersey, trabajo realizando entregas de comidas o mercancías, no quiero regresar a Colombia; las cosas allá se han vuelto muy difíciles y creo que se pondrán peores. Me ha pasado de todo: trabajos esclavizantes, un novio maltratador y abusivo, la lejanía de mis seres queridos, pero sigo adelante; mis hijos llegaron hace como un año, también con visa de turismo, y ahora con ellos, mi vida es mucho mejor.”, asegura.

Lo cierto es que la migración, sea cual sea la ruta, no para. Un informe de la Procuraduría sobre el tema revela que la pobreza y la violencia son las principales causas del éxodo y dado la pobreza, y la inflación en el país, la tendencia, seguirá al alza.

*Nombres cambiados por petición de los entrevistados.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whastapp acá.
Publicado por
Lea también
Publicidad
Publicidad
Noticias del día
Publicidad
Tendencias
Publicidad
Publicidad