jueves 08 de agosto de 2019 - 10:45 AM

Video: Una vida consumiendo bazuco en las calles de Bogotá

En lo corrido de este año, 7.169 mendigos fueron atendidos en la calle y en los centros de atención de la Secretaria de Integración Social de Bogotá.
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Son las diez de la mañana de un viernes cualquiera; medio centenar de personas deambulan por el centro de Bogotá: brazos y piernas en movimiento como si fueran marionetas. A un lado, en la acera como invisible, está José, un español que llegó a la capital colombiana hace cinco años y malvive entre la droga.

Dice que era músico, hijo único y que dejó Valencia, en la costa mediterránea española, cuando sus padres murieron.

Lleva ya cuatro años en las calles de Bogotá fumando bazuco, una droga de bajo coste parecida al crack, hecha con los residuos de la cocaína: “¿Para qué voy a volver a España? Allí ya no tengo a nada ni a nadie”, se pregunta y responde.

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Este valenciano es uno de los 10.000 mendigos, como les llaman en Colombia a los habitantes de calle, que llenan algunas vías de Bogotá.

Luis Alexander Alvarado se ve reflejado en la historia de José. Es colombiano, tiene 46 años y llevaba 23 años fumando la droga: siete de ellos como habitante de calle.

A los 18 dejó la vida en el campo, donde vivía con sus abuelos para ir a la ciudad a estudiar bachillerato, una noche de fiesta probó el bazuco y la vida le cambió para siempre.

“Meses más tarde ya no había rumba, lo empecé a hacer como algo personal, para refugiarme. Llegó y me atrapó, me puso a dormir en un andén (acera), debajo de un puente, a pasar la vida al valor de nada, rebuscando en la basura”, asegura Luis Alexander a Efe.

La vida le dio una segunda oportunidad cuando Los Ángeles Azules lo encontraron en el arroyo que atraviesa la céntrica calle sexta a la altura de la carrera treinta, un sector rodeado de comercios, almacenes y residencias.

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Allí, los ángeles, trabajadores de la Alcaldía distribuidos por toda la ciudad, atienden a los habitantes de calle.

Los Ángeles Azules están formados por diferentes equipos e intentan con su labor hacer la vida de estas personas un poco más fácil.

“Hay un equipo de búsqueda activa que va a puentes, andenes, ollas; otro equipo de hogares de paso; uno de atención psicosocial; (otro en) los centros de acogida donde se hace el proceso interno y un último equipo que hace un enlace de seguimiento una vez salen del programa”, dijo a Efe Raúl Ortiz, coordinador de la comunidad de vida “El Camino”, uno de los centros de atención.

“Me encuentro acá porque la calle me dio muy duro. Vine para recuperar lo que perdí, volver a resociabilizarme, a recuperar mi autoestima, mi persona y a mi familia que perdí después de tantos años en la calle”, afirma Luis Alexander, que hoy reside en “El Camino”.

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