martes 23 de junio de 2020 - 12:00 AM

Lucero Ariza, una ciclista muy ‘mecánica’

A sus 23 años la santandereana Lucero Ariza es una apasionada del ciclismo, pasión que adquirió por parte de su papá y que la llevó no solo a ser ciclista élite, sino a aprender mecánica de bicicletas en el barrio La Cumbre, oficio al que se dedica, sin perder un ápice de su vanidad como mujer, desde hace varios años y que le ha abierto nuevas oportunidades de vida.
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Su pasión por el ciclismo inició por culpa de su papá, Pablo Ariza, quien la llevó a una de sus competencias en el Anillo Vial. De eso, ya hace más de 11 años, y desde entonces Durley Lucero Ariza Moreno se enamoró del deporte de las bielas y los pedales.

Amor que la llevó a darse ‘leño’ en las categorías menores de la Liga con los niños de su época. “Yo tenía una bicicleta de cross, y con esa empecé a competir y con esa les ganaba a los niños con los que competía”, anotó Lucero, quien hoy a los 23 años, sigue metida de lleno en el deporte de las bielas y los pedales, aunque de momento, no desde su ‘caballito de acero’, sino como mecánica.

Sí, así como lo lee, como mecánica, función a la que llegó en diciembre de 2019 y que ahora ejerce en esta época de cuarentena.

“En la Vuelta a Colombia femenina tuve un accidente en la primera etapa y me tuve que retirar y les dije a los del equipo que si podía quedarme pero como mecánica y me dijeron que sí, y ahí empecé”, señaló Lucero.

Eso fue el 3 de diciembre, en el tramo que comprendía 126 kilómetros entre Manizales y Zarzal. Y en el equipo le dieron la oportunidad de asumir el nuevo rol.

Cabe señalar que Lucero también aprendió de su papá el tema de la mecánica de bicicletas, el cual fue perfeccionando con el tiempo, primero con su propia bicicleta y después en talleres y almacenes de bicicletas.

Camino a la mecánica

“Tenía como 14 años cuando me puse a ver cómo mi papá le hacía el mantenimiento de su bicicleta y me llamó la atención, entonces me puse a investigar y a aprender del tema, y resulté en un taller de La Cumbre, al comienzo no me dejaban tocar las herramientas o los repuestos, pero después fui involucrándome más y ya me dejaban hacer varias cosas y así fui aprendido”, recordó la joven mecánica.

Y así fue combinando su pasión ciclística, compitiendo y aprendiendo más de la mecánica de bicicletas. Corrió con el equipo de la Fundación San Mateo de Bogotá, hasta el momento ha participado en dos Vueltas a Colombia de rama femenina, pero la segunda la inició como ciclista y la terminó como mecánica del equipo.

“Como ya sabía de mantenimiento de bicicletas, ya había trabajo en Bucaramanga en el almacén de bicicletas Scott, no fue difícil hacer el mantenimiento de las ciclas de mis compañeras. Al llegar a donde estaban los demás mecánicos de los otros equipos, me abrieron espacio y me acogieron como una más del grupo”, comentó.

Y le fue también en su nueva función en el Giro Nacional, que es categoría UCI, que fue convocada a hacer el mismo trabajo en la Vuelta del Porvenir.

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“Afortunadamente me ha gustado mi trabajo y ha llamado la atención de varios equipos, que ya tengo varias propuestas, entre ellas la de Dinamitek, que es un equipo juvenil y de otro para la Vuelta a Colombia Femenina que se correrá en noviembre próximo (aunque también tiene la opción de ir como ciclista). Y eso me halaga mucho, el que se valore mi trabajo y me vean como una real opción a la hora de buscar un mecánico para un equipo”, recalcó Lucero Ariza.

Trabajo en la pandemia

Pero mientras esas opciones se cristalizan, esta digna representante de la pujanza santandereana, se las está arreglando en esta época de pandemia ofreciendo sus servicios como mecánica en Bogotá, en donde está haciendo mínimo dos servicios al día.

“Trabaje en varios talleres acá en Bogotá, pero por la situación de la pandemia, estoy haciéndolo ahora por mi cuenta, y me está yendo bien. La gente ya me conoce, me recomiendan y estoy prestando ese servicio a domicilio”, explicó.

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Lucero va hasta la casa del dueño de la bicicleta, la recoge y la lleva hasta donde ella vive y procede a hacer el mantenimiento respectivo, el cual puede tardar desde dos hasta cinco horas, dependiendo del estado en el que se encuentre el velocípedo.

“No es complicado porque ya conozco el oficio, sé qué debo hacer y cómo hacerlo. El asunto es hacer las cosas bien. La gente nota el cambio al recibir su bicicleta y eso me agrada, porque se nota que lo hago bien”, anotó.

Y aunque el glamour no ‘combina’ con la mecánica, Lucero, como toda mujer, es vanidosa, le gusta estar bien arreglada, con las uñas pintadas y todo aquello que las mujeres hacen para verse lindas.

“No tengo problema en untarme de grasa y gasolina, o como sucede a veces que uno se corta con las guayas, pero para eso tengo ropa especial y uso guantes para hacer mi trabajo, ya después no es sino quitarme el overol, darte unos retoques y ya. Por eso no hay problema”, dijo.

Y así, como buena santandereana, Lucero Ariza se las ingenia para rebuscarse la vida y echar para adelante, mientras en Bucaramanga su familia la respalda en este oficio que está realizando en Bogotá, o haciendo fuerza e hinchando por ella cuando está en su otro rol, el de ciclista, que fue con el que se dio a conocer en el ámbito nacional.

Simplemente, un ejemplo de superación.

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