jueves 14 de abril de 2022 - 2:32 PM

¡En la pobreza no se mima! Así recuerda Felipe Zarruk a Freddy Rincón

Hace 8 años el periodista samario Fernando Cotes Acosta invitó al futbolista Freddy Eusebio Rincón Valencia a Bucaramanga para realizar un conversatorio en la Cámara de Comercio, en el cual también participaron Esteban Jaramillo, Paché Andrade y Luis Augusto ‘Chiqui’ García.

Esa tarde, Fernando me dijo que en la noche estarían en el Canal TVC en donde iba a entrevistar al volante de Buenaventura y que allí le podía hacer una entrevista con calma y sin afanes.

Cuando nos vimos, no faltó el abrazo y el apretón de manos con un amigo de esos que la vida le regala a uno, en el ejercicio de la reportería y el periodismo deportivo. Tan pronto encendí la grabadora, Freddy se despachó y arrancamos a hablar de su familia, de su origen humilde en el puerto sobre el Océano Pacífico. Recordó que tuvo una infancia muy bonita, bajo la atenta mirada de doña Rufina, su mamá y de sus hermanos mayores, entre esos Manuel con quien años después jugaría en Santa Fe.

Empezó a correr las cortinas de su casa y me contó que sus padres se separaron cuando él tenía 5 años de edad pero que nunca le faltó nada. Su padre José Rafael trabajaba en el puerto y siempre pasaba la mesada para un humilde hogar en el cual no había abundancia, pero en el que tampoco se aguantó hambre.

Video: falleció Freddy Rincón, exfutbolista y figura de la Selección Colombia

A medida que Freddy hablaba, iba izando las velas de su embarcación y en el momento en el cual le pregunté por sus inicios en el fútbol, narró cómo se la pasaba jugando todo el día con sus amigos y dándole con el alma a un balón de cuero que se deshacía en la arena después de cada puntapié. Eso le causó problemas con doña Rufina quien le pegaba sus buenos correazos, que era como estallar una botella de champaña en un barco que va a zarpar por primera vez. Freddy era de acero, parecía un acorazado inglés de la Segunda Guerra Mundial abriéndose paso entre las olas agitadas de su querida Buenaventura.

Le pregunté si por ser el menor del hogar Rincón Valencia, él era el consentido. Freddy abrió sus ojos como si yo fuera Simeone y me soltó el latigazo que me quedó grabado para siempre: ¡PIpe, en la pobreza no se mima, no se mima a nadie!

Cuando Freddy Rincón llegó a Bogotá no tenía zapatos, mucho menos guayos. Esto me lo confesó el preparador físico Diego Barragán quien inclusive recordó que ‘la espiga’ Rincón –apodo que le puso Óscar Restrepo Pérez más conocido como ‘Trapito’- a pesar que ya estaba jugando en Santa Fe (equipo dirigido por su padre futbolístico Jorge Luis Pinto), no fue convocado ni al Preolímpico en Bolivia y tampoco a la Copa América de Argentina en 1987, mucho menos a la gira por Europa en 1988.

Cuenta Barragán que a Freddy no le alcanzaba para estar en la Selección Colombia y cada vez que le ponían la camiseta “no le daba y eso era motivo de discusión entre Pacho, ‘Bolillo y yo, ya que tenía condiciones, pero en la Selección no rendía y por ello ni siquiera estuvo en la eliminatoria del 89 para clasificar al Mundial de Italia 90” concluye el preparador físico vallecaucano, quien al final de la charla recuerda cómo todo el mundo se extrañó cuando el doctor Francisco Maturana lo incluye en la nómina de los 22 para la justa orbital. Es más, Freddy no apareció ni contra Emiratos Árabes ni contra Yugoslavia. Él fue incluido en los 11 que jugarían ante Alemania, un equipo que venía goleando y era candidato al título, con el cual se terminó quedando.

En la entrevista, ‘el Coloso de Buenaventura’ apodo que le puso el comentarista vallecaucano Mario Alfonso Escobar, o más conocido como el doctor Mao, cuenta que cuando el ‘Pibe’ Valderrama suelta la pelota de su botín izquierdo, él ya había picado porque sabía que el capitán del barco colombiano se la tiraba siempre ahí, al vació.

Encendió el motor fuera de borda de su lancha y rompiendo las olas alemanas se encontró de frente con el guardián de la Puerta de Brandeburgo y vio que Bodo Illgner se le venía de frente como un panzer listo para resistir la embestida del volante criollo quien solo tenía una bayoneta en su pierna derecha para enfrentarlo.

Freddy se quitó la gorra, se secó el sudor y tomando agua me dijo: “La suma no me daba, pensé en tirarla al palo izquierdo pero me tenía tapado ese ángulo, pensé en darle duro hacia la derecha de él, pero era un tipo muy grande, el único hueco que vi fue el de las piernas, ahí apunté y gracias a Dios se dio”.

Ese gol que inmortalizaron las voces de Jairo Aristizábal Ossa, Paché Andrade, William Vinasco y el mejor de todos, Edgar Perea, se convirtió en el gol más celebrado de nuestra historia. Freddy salió para un costado a celebrar una obra de arte que Colombia dibujó sobre el césped del Giuseppe Meazza aquella tarde.

Rincón casi se come el lente del maestro José Clopatofsky quien captó en ese momento de euforia colectiva, uno de los momentos más sublimes del deporte colombiano. La portada del diario El Tiempo el 20 de junio de 1990 todavía se conserva como una reliquia y un tesoro nacional. Freddy me dijo aquella noche que ellos no celebraron ni al uno por ciento de lo que celebramos nosotros aquel empate ante los dirigidos por Franz Beckenbauer.

La nota se completó con anécdotas como cuando jugaba con el América, siendo hincha declarado del Deportivo Cali como me lo confesó aquel día. Habló del Real Madrid sin rencor ni resentimiento, de su paso exitoso por el Corinthians en donde fue capitán del ‘Timao’ y sus goles ante Argentina la tarde del 5-0.

Ayer se marchó para siempre, encendió su viejo barco de vapor y levó anclas para siempre. Fondeará su barco en el océano celestial, dejando una estela de lindos recuerdos, como la pirámide humana que provocó cuando recibe el pase del ‘Pibe’ Valderrama y elude a Goycochea para abrir el rosario de goles esa tarde Monumental. Freddy corrió a celebrarlo y detrás de él, Asprilla quien se encaramó en su espalda, la espalda del ‘Tino’ soportó a Valderrama y a Valderrama se le encaramó ‘Chonto’ Herrera.

Me quedaré con ese recuerdo y con la foto que nos tomamos esa noche. Gracias por todo, por tu amistad, por tu cariño, tu humildad, tu sencillez y por lo que hiciste por la patria. También me quedaré con tu frase, ¡en la pobreza no se mima!. Nostálgico abrazo y hasta la próxima.

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