viernes 29 de julio de 2022 - 8:18 PM

Las batallas dentro y fuera de la cancha en el fútbol femenino

Es posible que cuando se apaguen las luces de la Copa América, vuelvan las sombras y las diferencias nuevamente marquen un abismo entre el fútbol masculino y el femenino. Sin embargo, con trabajo, esfuerzo y mucha dedicación, las mujeres seguirán batallando en las canchas y fuera de ellas para buscar igualdad en los salarios, el patrocinio y la duración de los torneos. Esta es una radiografía del fútbol femenino en Colombia.

Al ponerse en los guayos de quienes han conseguido la hazaña de brillar en las canchas de Colombia siendo mujeres, se entiende mejor el valor de cada peldaño escalado. Tres mujeres, que hacen parte activa del fútbol femenino en Colombia, revelan la cruda realidad que deben enfrentar en su camino para ser jugadoras profesionales.Fuera de las canchas, muchas se dedican a vender celulares, zapatos, perfumes a crédito, ropa en almacenes, y demás ventas informales, para ‘rebuscarse’.

En medio de sus jornadas laborales externas, deben buscar el espacio para entrenar. El pensamiento de quienes hoy hacen parte del fútbol femenino es que si quieren prosperar y vivir de lo que aman, deben salir del país.

La cruda realidad indica que en Colombia los contratos laborales no son equitativos. Mientras un jugador tiene asegurado por lo menos seis meses de trabajo, a una mujer le ‘firman’ por solo 60 días, en la mayoría de casos.

Así lo cuenta Silvia Quintero, una habilidosa volante a quien en las canchas conocen como ‘Nina’ y quien ha tenido la oportunidad de jugar en más de un equipo profesional. Comenzó practicando microfútbol desde el colegio, en el camino fue descubriendo su verdadera pasión y después de formarse en el Club ‘Delfines’, vistió la camiseta del departamento en la Selección Santander de Fútbol Femenino.

“En los salarios, comparado con los hombres, ellos tendrían un 100% y nosotras solo un 20% o menos. No hay una estabilidad económica para una futbolista acá en Colombia”, menciona Silvia. Y es que las diferencias salariales son bien marcadas. Por ejemplo, mientras que el jugador que más gana en la Liga Profesional del país recibe un aproximado de $350 millones mensuales (Carlos Bacca de Junior), la jugadora con mejor sueldo del último torneo femenino habría ganado un máximo de $10 millones por cada mes jugado.

A excepción de algunos, los equipos en la Liga Profesional Femenina de Colombia no costean la pretemporada de las jugadoras, sino que sus contratos laborales rigen desde el inicio del torneo hasta el final del mismo. Esto con el agravante de que con el paso de los años, desde que se disputó la primera Liga Femenina en la historia del país, los tiempos del torneo se han venido reduciendo, llegando hasta una cruda realidad de tan solo dos meses de partidos, y como pasa en el segundo semestre de 2022, un torneo inexistente.

“Es muy difícil que de 12 meses del año, solo tengas asegurados cuatro de sueldo. Es imposible vivir del fútbol para una mujer aquí, algo que muy rara vez creo que experimentan los jugadores. En 2017 fueron seis meses de contrato, en 2018 bajó a cinco meses, en 2019 a dos meses y desde ahí ha venido en picada. Con el sueldo de un solo jugador en Colombia, podrías pagar toda la nómina de un equipo femenino”, menciona Silvia.

La mordaza de la exclusión

Alzar la voz ha salido ‘caro’ para más de una jugadora en el país. Quienes se han atrevido a pedir condiciones dignas y estabilidad han quedado atrapadas (aún más) en la falta de oportunidades. Es por esto que la mayoría prefiere callar y teme exteriorizar lo que tanto les molesta: la desigualdad. Es el caso de una de las fuentes consultadas para este reportaje, quien solicitó ocultar su nombre. Nuestra ‘fuente anónima’ ha tenido la oportunidad de ver el fútbol femenino en el país y en el exterior y a pesar de que este deporte sufre desnivel en todo el mundo, considera que lo que falta en Colombia es una estructura seria.

“Los hombres nos llevan casi que 72 años de ventaja”, es la primera premisa que nace desde su óptica. “Se necesita tener la garantía en el ritmo, la duración de una competencia idónea para que el fútbol femenino siga creciendo. Si esto no se da, va a seguir siendo considerado como lo es ahora: un gasto, un lastre que arrastran todos los equipos, una obligación que hay que cumplir para no quedar como ‘machistas’. Mientras en este momento ya sabemos qué va a pasar con la competencia masculina el próximo año, no sabemos ni siquiera si habrá competencia femenina para el segundo semestre”, menciona.

El ‘profe’ Expencer y sus sueños

Los procesos femeninos en el fútbol de Colombia no existen. Cada año, las jugadoras se desvinculan de los equipos después de finalizar los torneos, y son muy pocas quienes vuelven a jugar con la misma camiseta. Es tan improvisado el proceso, que los clubes que forman a las jugadoras en su ciclo juvenil y prejuvenil, no obtienen ningún beneficio de los derechos deportivos, cuando son contratadas por algún equipo de fútbol profesional. Es el caso de Botín de Oro, una de las canteras más grandes de futbolistas mujeres en Santander, que ha formado a grandes figuras como Daniela Arias, Belkis Niño y Manuela González. El timonel del barco, Expencer Uribe, un veterano en el fútbol femenino, ha visto las historias de superación de más de una santandereana en sus veinte años de experiencia como técnico.

Cuando se le pregunta al ‘profe’ Expencer, cuál cree que es la razón por la que los espectadores del fútbol no reconocen la importancia del femenino, la primera respuesta que viene a colación es el ‘machismo de la sociedad’. A excepción de Brasil, según él, es muy raro en la cultura suramericana ver a una niña pateando un balón por las calles.

Hay una realidad que le duele a las 23 niñas que juegan en la Selección Santander de Fútbol, y no solo es haber disputado un torneo en Bogotá sin uniformes de presentación por la falta de apoyo de los entes gubernamentales del departamento, sino también es el poco reconocimiento que se les da a sus logros, en comparación a los de sus iguales masculinos.

Hace unos meses, se habló de que habría terminado una sequía de 41 años sin títulos por parte de una selección de la disciplina en el departamento, sin embargo se dejaron de lado los subcampeonatos y campeonatos que logró la nómina femenina en 2017 y 2018.

“Hemos ido más veces nosotros, en el ámbito femenino, a Juegos Nacionales que los mismos hombres. Fuimos a Juegos Nacionales, a Suramericanos y Mundiales y en todos lados fuimos campeonas. Si van a Paraguay, donde queda la sede de la Conmebol, pueden ver un trofeo en el que reposa: Santander campeón. Creo que eso es más que cualquier evidencia”, menciona el profe Expencer.

Las canteras femeninas en el departamento viven con la realidad de no contar con las mismas ayudas que se les brindan a los niños. Según exjugadoras de la Selección Santander, en muchas ocasiones no se cuenta con nutricionistas, psicólogos, ni especialistas. Para ellas estos puntos son claves a la hora de diferenciarse de otras delegaciones como la de Antioquia, Bogotá y Valle, quienes desarrollan un proceso desde las categorías sub 13. Muchas niñas que viven en zonas rurales del departamento se acogen a las iniciativas de sus clubes para cultivar su talento.

Es el caso del ‘profe’ Expencer, quien creó ‘casas hogares’. El Club Botín de Oro actualmente cuenta con dos, en Barbosa y Sabana de Torres tiene alrededor de 150 jugadoras, en asociación con entrenadores de dichos municipios. Para subsistir, las jugadoras y los entrenadores hacen actividades, rifas, venta de comida y demás, para recolectar recursos.

“En un principio tuvimos el apoyo de la Liga de Fútbol, sin embargo, cuando esto acabó hicimos lo posible para que esta iniciativa no muriera. Hay mucho talento, sin embargo hay poco apoyo en los municipios de donde son las niñas, en ocasiones ni las canchas nos las prestan”, sostiene Expencer.

En su hogar, junto a sus padres y su hermano, Expencer Uribe acogió por más de siete años a una pequeña talentosa que buscaba oportunidades, carecía de materia prima, pero era rica en talento. Se trata de Belkis Niño, oriunda de Sabana de Torres, quien desarrolló su talento de la mano del ‘profe’ en Botín de Oro. Con disciplina, según su mentor, logró llegar a la Selección Colombia, disputar el Suramericano y aterrizar en Millonarios, luego de jugar en Bucaramanga y Real Santander. Ahora, ya tiene oportunidades en el fútbol internacional.

“En estos días ella me llamó, me dijo ‘papá me llegó un pre-contrato de un equipo en Australia’, y yo le dije ‘hágale, ese es un sueño y tiene que luchar por su sustento y el de su familia’.

Ella se va a presentar el 2 de agosto en Australia, y es un orgullo ver cómo lo que hacemos con las ‘uñas’ da resultados tan grandes”, afirma con sentimiento el entrenador santandereano. Aferrado a un sueño, el profe Expencer mira hacia el futuro y se afirma en su trabajo diario para cumplir su meta.

“Mi sueño personal es dejar más de 60 santandereanas a nivel suramericano, llevarlas a equipos grandes”, concluye el ‘profe’, mientras mira con sentimiento las caras de las pequeñas de 13 a 20 años que entrena entre tierra, sol y sueños.

Muchas veces esta profesional del fútbol pasó por la experiencia de jugar tres partidos en una misma semana, con un solo día de descanso, por cumplir con el calendario apretado que se dispuso en el pasado para la Liga Profesional, debido a la corta duración de la misma.

“Con el fútbol femenino uno piensa que se pone la camiseta de un equipo, pero realmente se pone una armadura. Día a día hay que luchar. Son muy pocas las jugadoras de renombre que pueden hoy por hoy hacer la exigencia de tener un contrato de un año entero en Colombia. Muchas mujeres ganan el mínimo o menos, con muchos años como profesionales, mientras que de los jugadores el que menos devenga supera los tres millones de pesos, siendo recién debutado”, sostiene nuestra fuente ‘anónima’.

Actualmente, en algunos equipos a muchas de las jugadoras que disputaron el primer semestre en la Liga Profesional, no se les han cancelado los salarios desde el mes de mayo. Sin embargo han venido preparándose de igual manera, entrenando para no perder el ritmo, manteniendo una dieta balanceada y acudiendo a fisioterapeutas y especialistas, todo esto de su propio bolsillo.

“Aunque es bueno que las jugadoras inviertan su dinero en otras cosas, uno supone que deberían poder vivir de lo que ganan profesionalmente, que es jugar fútbol. ¿Cuándo fue la última vez que se vio a un jugador vendiendo ropa en un almacén mientras disputaba un torneo profesional?, son escenarios extremadamente diferentes”, agrega nuestra fuente.

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Tatiana Carolina Niño

Periodista egresada de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Hace parte de Vanguardia desde 2019, para coordinar el proyecto de Vanguardia Kids. Ha apoyado el cubrimiento periodístico en Área Metropolitana, Economía, Nacional e Internacional. Actualmente hace parte del equipo digital. Ganadora del premio Luis Enrique Figueroa 2021 en la categoría ‘Mejor trabajo Promoción Turística de Santander’.

@tatiananinor

tninor@vanguardia.com

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