domingo 30 de agosto de 2009 - 10:00 AM

La coca sigue creciendo en Santander

En el corazón de la Provincia de Vélez, al sur de Santander, los cultivos de coca siguen creciendo a pesar de la erradicación manual y las fumigaciones, según cifras de Naciones Unidas. Mientras el Ejército y la Policía prestan seguridad a los erradicadores y se suman a la tarea, los cocaleros ya tienen semilleros listos en lugares cercanos o resiembran cuando las autoridades se marchan.

Desde el aire, las manchas que forman los cultivos de coca en el sur de Santander, resaltan por su color verde claro, casi amarillo.

Este miércoles, en un sobrevuelo realizado por la Policía Antinarcóticos sobre los municipios que tienen la mayor concentración de cultivos de coca en Santander, se veía a un grupo de 160 erradicadores que cumplía con su labor bajo un sol inclemente, en una de las 35 veredas de Cimitarra.

Según cifras de Naciones Unidas, este municipio es el tercero con más hectáreas de coca sembradas en el Departamento, después de los municipios de Bolívar y Sucre.

El más reciente informe del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI), de la Oficina Contra las Drogas y el Delito de la ONU, conocido a comienzos de agosto por el Secretario de Gobierno departamental, Luis Fernando Cote Peña, arrojó dos cifras claves: a junio de 2008 la cifra total de hectáreas con cultivos ilícitos en Santander aumentó en 35% con respecto al 2007, pero disminuyó la curva de crecimiento acelerado con que venía (ver tabla).

Esto quiere decir, que de las 1.325 hectáreas que reportó el SIMCI en 2007 en el Departamento, se pasó a 1.791, pero que esas 466 hectáreas más, son mucho menos de las que aumentaron el año anterior, cuando los cultivos crecieron un 53%.

El informé también confirmó que los cultivos se siguen concentrando casi en su totalidad en la Provincia de Vélez (ver gráfico), en un área que el gobierno local ha denominado como de influencia del corregimiento de La India y que corresponde a 36 veredas en seis municipios del sur occidente de Santander.

Según Cote Peña, el crecimiento continúa porque las fumigaciones aéreas que se hicieron en el pasado y las que se hacen, no destruyen la planta, 'la duermen y al cabo de cinco años, vuelve y sale', a lo que se suma que la oferta de incremento de cupos de familias guardabosques en Santander a finales de 2007, nunca se hizo efectiva.

'Gente que por convicción propia hizo erradicación con la expectativa de ingresar al Programa, pero nunca llegó. Este tema se le ha expuesto todo el tiempo al Presidente Uribe y al ministro de la Defensa en su momento', afirmó el Secretario de Gobierno.

Por el preocupante aumento de los cultivos ilícitos en Santander, el gobierno nacional ordenó desplazar al departamento 18 unidades de erradicadores manuales. A la fecha ya trabajan trece, apoyados por la Policía y el Ejército, que erradican  40 hectáreas por día en promedio.

Erradican pero resiembran

Sin embargo, la erradicación manual no ha dado los resultados esperados porque los cocaleros se las ingenian para sembrar lo que les tumban.

En Santander se fumigó hasta comienzos del 2009, pero luego se optó por la erradicación manual debido al daño ecológico y a los cultivos de pancoger que causó la aspersión.

Aun se recuerda los daños que ocasionó en los jardines de proyectos de apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Usaid, y el Departamento, que se estaban desarrollando para sustituir los cultivos ilícitos por cacao.

Pero con lo que no contaban era con que la planta de coca no se muere, como lo aseguran pobladores de la zona.

Una recién desmovilizada del frente 23 de las Farc, que duró cinco años en las filas que comanda Carlos Iván Peña Orjuela alias ‘Chaparro’, en los municipios de Landázuri, Bolívar, Cimitarra y El Peñón, cuenta que los cocaleros se las ingenian para sembrar lo que las autoridades erradican, y que incluso ya tienen semilleros listos.

'Muchas veces, cuando no tumban montaña, tumban es rastrojo, pero ya tienen sitios listos para sembrar y le pagan, en algunos casos, a los mismos erradicadores para que no les arranquen las matas sino se las socolen', dice.

La desmovilizada se refiere a que los erradicadores no arrancan la mata de la raíz sino que la tumban por el tronco, con lo que al tiempo vuelve y nace. 'Ese proceso demora unos seis meses, pero se sabe que mientras erradican en una parte, el cocalero, en otra, ya tiene sembradas una o dos hectáreas', agrega.

Miedo y corrupción

Otros factores que ponen en riesgo la erradicación son los posibles hostigamientos de la guerrilla a las autoridades y los campos minados.

En la zona aún se recuerda con horror el asesinato de 9 policías en mayo de 2007, cuando prestaban seguridad a erradicadores en Landázuri. Cuando se desplazaban a los cultivos, el frente 23 de las Farc activó una carga explosiva.

Aunque en agosto no se han presentado ataques por parte de la guerrilla en Cimitarra ni tampoco se han encontrado campos minados, el mayor de la Policía Walter González, comandante de seguridad de los erradicadores, afirma que en La India si se han dado hostigamientos.

En el municipio de Bolívar, hace un mes, dos policías fueron heridos por la detonación de una bomba de mediano poder, cuando escoltaban una caravana con erradicadores.

'Es una tarea peligrosa, extenuante porque hay mucha loma y desagradecida (la población) porque a los campesinos involucrados en el ilícito no les gusta vernos, nos insultan', dice Víctor Hugo López, un joven de 25 años que ha recorrido el país arrancando matas de coca.

Según sus cálculos, el grupo de Cimitarra logra erradicar en promedio 11 hectáreas diarias, en grupos de 30 hombres, que a su vez trabajan en parejas: uno ablanda la mata y el otro la arranca y la sacude.

Pero la erradicación no parece estar solucionando el problema de los cultivos ilícitos en la Provincia de Vélez.

Uno de los integrantes de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare Opón, ATCC, que pidió la reserva de su nombre por seguridad, dedicada a trabajar en la promoción del desarrollo desde la paz y la no violencia, afirma que, con el narcotráfico ha aumentado la corrupción y por eso es tan difícil erradicar de raíz.

Según el líder campesino, las autoridades no han podido controlar el tráfico de químicos.

La desmovilizada de las Farc aclara este punto. Dice que la gasolina es ingresada a la zona en la noche y que los ácidos los camuflan en las mulas en las que llevan la comida.

'El cemento lo dejan pasar pero hay muchos que utilizan cal, que camuflan entre la melaza para las mulas. La melaza también la usan para echarle a la tierra cuando fumigan, pero últimamente le echan sal', dice. Así recuperan los campos rápidamente.

A esto se suma, agrega el líder campesino, que no se hacen erradicaciones controladas, con seguimientos periódicos buscando que no prolifere sino que realmente la coca se acabe.

'Las erradicaciones se hacen para buscar indicativos, pero nunca para acabar con los cultivos. Se erradica cada ocho meses o cada año y no se hace un registro permanente para mirar si los cultivos están creciendo'.

Una cultura impuesta

Santander no ha tenido una tradición cocalera. Los cultivos comenzaron en la Provincia de Vélez cuando las Farc llevaron la coca a finales de los años noventa y muy pronto el control del negocio pasó a manos de las Autodefensas, según lo explican habitantes de la región.

'En esta zona la gente ha cultivado plátano, maíz y ha vivido de la madera. Muchos de los campesinos raizales que terminaron vinculándose, hoy se han salido porque la comunidad les ha dado un castigo social que es el rechazo', dice el líder. Los otros cocaleros, afirma, llegaron del sur de Bolívar o los Llanos Orientales desde 1999.

Sin embargo, salirse no ha sido fácil. El frente 23 de las Farc cobra al campesino un impuesto de $200 mil por kilo de base de coca. 'El campesino sabe que tiene que guardar la plata, si no le paran los cultivos o se los minan. Ellos pagan porque pagan, además no tienen a quién quejarse porque están cometiendo un ilícito', dice la ex guerrillera. Y cuando no tienen para pagar el impuesto, lo hacen por gramaje. Por ejemplo, por kilo de coca que sacan le dejan a la guerrilla 80 o 100 gramos, que luego vende.

A esto se suma que algunos de los campesinos que cultivan coca permanecen en la zona obligados y atemorizados por la misma guerrilla. 'Se les ordena que no salgan, que permanezcan ahí mientras el Ejército erradica. Pero en zonas donde se han realizado capturas, eso prácticamente quedó solo', dice la ex guerrillera.

Esa presión no es nueva. El frente 23 de las Farc asesinó a varios habitantes de la zona del corregimiento de La India cuando comenzaron a sembrar coca, según el líder campesino.

En 2001, como consecuencia del minado, se produjo un desplazamiento masivo de 420 familias de las que sólo han regresado 20. Luego, se han realizado tres resistencias civiles que han congregado en total a más de 1500 campesinos.

'Cuando nosotros nos paramos en la raya, pararon, pero luego llegaron las Autodefensas', dice un habitante de la zona.

El líder de la ATCC explica que el desplazamiento se ha dado más que todo por la confrontación de las Farc y las Autodefensas y por la incursión de la coca.

Los que se negaron a entrar al negocio fueron amenazados a vender sus tierras o a desplazarse. 'Con las fumigaciones empezaron los choques entres las familias, se decían unos a otros ‘sapos’, y cuando empezó la erradicación manual, el Ejército cometió el error de quedarse en casas de campesinos a los que terminaban juzgando los cocaleros, obligándolos ha desplazarse', explica.

Un cambio

Ante este panorama, el gobierno departamental, a través de su Secretario de Gobierno departamental, Luis Fernando Cote Peña, ha dicho que para atenuar el impacto de los cultivos ilícitos es necesario desarrollar programas de sustitución y darles opciones productivas a los campesinos.

'El programa de familias guardabosques ha tenido una muy buena intención en el componente de apoyo financiero, pero no con buenos resultados en el componente de productividad', dice Cote Peña.

Por eso, la Gobernación está estructurando el Programa Piloto de Acción Integral para la zona de Influencia de La India, PPAII, con recursos de diversos niveles para hacer una acción integral en la zona, a la cual, aseguran, se unirá la Vicepresidencia de la República.

Por ahora, según cifras de la Policía, en el corazón donde está sembrada la coca en Santander han sido destruidas 1.068 hectáreas de cultivos ilícitos en lo que va corrido del año, han desmantelado 15 laboratorios, de los cuáles siete estaban en la Provincia de Vélez, y han capturado seis raspachines. Entre tanto, el Ejército ha erradicado 708 hectáreas por su parte.

El coronel Omar González Aguilar, comandante de la Policía de Santander, confirmó que quien maneja la comercialización de los cultivos ilícitos en la zona es el frente 23 de las Farc. Agregó que también se observa que el negocio lo manejan estructuras delincuenciales al servicio del narcotráfico que buscan apropiarse de espacios dejados por las Autodefensas, pero no de manera tan articulada como Los Rastrojos o Las Águilas Negras.

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad