domingo 09 de mayo de 2010 - 10:00 AM

La motera viajera

En el último año, Andrea Rico Pinzón, una bumanguesa de 24 años, ha recorrido el mundo conduciendo una moto de alto cilindraje. Lleva cinco grandes ‘rodadas’, tres nacionales y dos internacionales. Fue la única mujer al volante que participó en la caravana motorizada por Europa llevando el mensaje de ‘No al secuestro’.

Miércoles, 3 de marzo de 2010. Nueve y doce minutos de la noche. En un mensaje electrónico se lee: 'te cuento que ayer estuvimos en el pueblito más austral de Chile llamado Punta Arenas… hermoso pueblito pero también ya afectado no física sino económicamente por lo sucedido... y hoy estamos de nuevo en Argentina, en Río Grande, Tierra de Fuego… en el ultimo pedacito de tierra de nuestro grandioso continente... mañana bajamos a Ushuaia donde pensamos quedarnos 2 días y nuevamente subiremos a río Gallego para tomar la ruta hacia el Calafate, el (glacial) Perito Moreno y subir por la ruta 40...'.

Habían pasado cuatro días desde que un terremoto de 8,8 grados sacudió a Chile dejando más de 700 muertos, cuando la mamá de Andrea Rico Pinzón leyó este mensaje en Bucaramanga. Andrea, que estaba en el sur de Argentina conduciendo una moto de alto cilindraje cuando ocurrió la tragedia, sólo mencionó el terremoto con la escueta expresión de 'lo sucedido…'.

Es más, el 28 de febrero, sólo unas horas después de la tragedia que de inmediato empezó a ser trasmitida por todos los medios de comunicación, Andrea, de 24 años, jugadora profesional de baloncesto y una de las pocas mujeres en Colombia que conduce una moto de alto cilindraje, le envió otro mensaje a su mamá que hablaba, paradójicamente, de las maravillas de la naturaleza: 'Ahora me encuentro en la encantadora Península de Valdés. No te imaginas la belleza que tiene este pedacito de tierra, otro de los sitios que están anotados en la lista de los lugares que vamos a visitar... hay una cantidad de lobos y elefantes marinos, orcas, pingüinos, ñandúes, zorros, venados y todos los tienes ahí, los puedes ver super cerquitica... mañana continuaremos nuestro camino a la indomable Tierra de Fuego, antes tendremos que hacer dos paradas pues los vientos ya comienzan a ser muy fuertes...'.

Hace tres años que Andrea se subió por primera vez en una de esas enormes motos que obligan a desviar la mirada cuando su motor ruge. Fue por culpa de un amigo motero. Andrea estaba viviendo en Bogotá gracias a una beca deportiva que se ganó cuando estudiaba ingeniería química en la Universidad Industrial de Santander, UIS, y ese amigo, que jugaba baloncesto, la invitó a una reunión de alto cilindraje. Hasta ese momento, su relación con las motos se reducía a recordar la que tuvo su mamá, una pequeña, que por cierto, Andrea nunca se interesó por manejar.

Luego otro amigo compró una moto ideal para viajes largos y a los 15 días, tentada, Andrea le pidió que se la enseñara a manejar. Era una Susuki, una V-Strom 650, negra, una hermosa moto deportiva. 'Aprendí en una noche y al siguiente día nos fuimos hacia Chocontá, un municipio de Cundinamarca'. Desde entonces, Andrea no ha dejado de manejar por las carreteras colombianas, europeas y suramericanas.

Poco equipaje

Martes, 19 de enero de 2010. Doce y 59 de la noche. Andrea envió otro correo electrónico. 'Machu Picchu es hermosisisisismo e increíblemente sorprendente toda la tecnología que alcanzaron a desarrollar (los Incas), su organización y la naturaleza que la rodea… se encuentra en la ceja de la selva. Te mando unas foticos para que tengas un adelantico de lo que vamos a conocer juntas...'.

Cinco días después los canales de televisión mostraban a un Machu Picchu azotado por las fuertes lluvias en Perú. Cerca de mil 400 turistas quedaron atrapados por derrumbamientos de tierra. 'Dos días antes estábamos allí y los ríos se veían crecidos; uno nos arrastró junto con la moto y tuvieron que sacarnos con cuerdas. Estuvimos seis días en el lugar tratando de arreglarla', cuenta hoy, sentada en la sala de la casa de su mamá en Floridablanca, luego de un viaje de cuatro meses por toda Suramérica.

Andrea es una mujer delgada, a-tlética, alta, no utiliza ni una gota de maquillaje y su ropa tampoco demuestra ningún apego por la vanidad. Lleva una camiseta de tiras, unos jeans y unas sandalias. Eso es todo. Se ve liviana y realmente, su vida, su nueva vida, tiene mucho que ver con el poco equipaje. 'Aprender a manejar moto fue una adrenalina y una libertad, una conexión total con el ambiente. En la moto sientes los cambios de clima, te emparamas, si hay barro la marcha se dificulta, es estar en conexión con la naturaleza', dice.

Colombia, sólo el principio

Hay varias clases de moteros. Los ‘harlistas’ son los más vistosos por su forma de vestir. Pero Andrea es una motera viajera. Poco le importa el cuero y otros accesorios. Viaja siempre en grupo, compartiendo la moto con otro piloto para rotarse cuando se cansa por recorrer largas distancias.

El primer gran recorrido lo hizo por Colombia cuando se enroló con la ‘Caravana por la liberación de los secuestrados’ que lidera el periodista Herbin Hoyos. Unas 300 motos de alto cilindraje arrancaron desde Bogotá en marzo de 2009 para recorrer el país en 12 días. Fue su gran prueba como conductora. Pero este recorrido tuvo una recompensa adicional: en el Putumayo liberaron a tres mujeres secuestradas, dos sobrinas y una tía.

Luego vino su segundo gran viaje. En noviembre voló a Madrid para su primera ‘rodada’ internacional. Dejó entonces la Susuki negra, que logró comprar por cuotas a su amigo, y en España alquiló una BMW mucho más alta y rápida.

Andrea era la única mujer al volante junto a 60 moteros más, todos colombianos, y también la más joven. En el grupo iban otras mujeres, pero eran mujeres ‘patos’, que acompañan a los conductores. La aventura duró 20 días y cada día pagó 99 euros por el alquiler de la moto.

Desde Madrid, el grupo condujo hasta Valencia, luego a Barcelona, a París, bajaron por Lyon en Francia, a Marsella, a Genova en Italia, a Florencia y finalmente llegaron a Roma, donde escoltados por la policía entregaron al Papa Benedicto XVI un casco blanco como símbolo de libertad.

Viajar, una conexión

La primera vez que Andrea vio el mar Mediterráneo se emocionó de una manera particular. 'Me acordé que siempre lo veía en el mapa, además era un tema recurrente de mi mamá, que tampoco lo conocía pero en sus lecturas se lo encontraba y fue una conexión con ella, sentía que estábamos juntas en España'.

Luz Marina, la ma-má, no se sorprende de la afición que siente su hija por las motos y los viajes. 'Sabía que ella no iba a elegir una vida en una oficina. Como a mí, le asombra mucho la naturaleza y me gusta que viva la vida de una forma tan agradecida ante el mundo', dice.

Precisamente, los correos electrónicos y las fotos digitales son una manera de compartir cada nuevo punto en el camino. 'Cuando me manda fotos averiguo más sobre el sitio'. Y así se comunican.

El 14 de diciembre de 2009, recién llegada de Europa, Andrea salió a recorrer Suramérica, esta vez en su Susuki negra. Con otros moteros empezaron a bajar por Ecuador, Perú, Bolivia, el norte de Argentina, llegaron a las cataratas del Iguazú, pasaron a Brasil, a Paraguay, a Punta del Este y Asunción en Uruguay, se devolvieron por el sur de Brasil, entraron de nuevo a Uruguay, y luego llegaron a Tierra del Fuego en Argentina.

La ruta fue larga. De regreso subieron por el centro de Argentina pasando por Chile, luego fueron al norte por el desierto de Antofagasta y de nuevo a travesaron Perú, Ecuador y Colombia. La travesía duró 280 días. Cuatro meses.

No tenían afanes. Nadie los esperaba. El viaje se fue dando gracias a recomendaciones de otros moteros y de los mismos habitantes de cada país. Andrea fue escribiendo sus impresiones en un diario. Fue un consejo de su mamá. La memoria siempre termina por traicionarnos, dice el escritor Héctor Abad Faciolince.

Más planes

La moto de Andrea pesa 200 kilos y si a eso se le suma la carga, puede llegar a pesar 400. Dice que sus brazos son los que más se resienten por los largos recorridos, porque para contrarrestar los fuertes vientos 'tienes que hacer mucha fuerza'. Pero el desgaste físico no le preocupa, tampoco el dinero. Calcula lo que gastará en peajes y gasolina. Nunca paga una habitación en un hotel, acampa y come dos veces al día. 'Comodidad no encuentras'. Y con los documentos no ha tenido problema: pasaporte, pasado judicial y los papeles de la moto están al día.

Escarbando en su memoria, Andrea dice que en Bolivia los indígenas no miran a los extranjeros a los ojos, que Brasil tiene una selva para no olvidar y que Argentina es tan grande que tiene todos los paisajes imaginables.

'Ir en moto es como un imán para la gente', dice, por eso no se desvela pensando en el futuro. Viajar en moto es lo único seguro. No sabe cómo ni cuándo, pero en sus planes está ir a África en 2010. En 2011, la meta será Alaska.



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