A Mateo* la suerte le jugó una mala pasada, duró dos años de su vida apostando al azar de la ruleta su dinero y su futuro. Ahora tiene 24 años y, según sus cuentas, alcanzó a perder 90 millones de pesos en las casas de apuestas. Era adicto al juego o ludópata y quedó en la quiebra cuando lo fue.
Publicado por: Jineth Prieto
Como de costumbre, esa noche abrió las puertas del lugar que se había convertido en su segundo hogar durante más de dos años, el casino, y caminó de frente hacia el único juego capaz de quitarle el sueño.Esta vez pasó por alto las luces de colores que brillaban incansables sobre las frías máquinas tragamonedas, ignoró los gritos de júbilo de aquellos que se proclamaban ganadores y se olvidó de observar las lindas piernas de las mujeres que lo habían embelezado mientras jugaba su dinero.Cada paso que daba acrecentaba el sentimiento de desasosiego que lo inundaba desde hace tiempo, quería detenerse pero no era capaz, sabía que quería cobrar venganza y salir victorioso. Quería recuperar su vida, pero antes quería demostrarle al azar que él no era un perdedor y que esa noche iba a recobrar los más de $90 millones que había dejado allí en esos más de dos años.Su respiración empezaba a agitarse -tengo que ganar- se repetía una y otra vez, mientras escogía el asiento que le iba a dar una salida victoriosa del hoyo en que se había metido.- Cárgueme $200 mil en créditos, le dijo a la croupier (jefe de mesa) mientras descompletaba los 6 millones de pesos que traía consigo. - Voy con el 8 concluyó.La esfera de color marfil de dos centímetros de diámetro, que durante los últimos años había decidido su futuro, volvió a tener el control de su vida.Habían iniciado los 40 segundos que la esfera demoraba en caer sobre algún número y en los que el destino, Dios o el azar iban a augurar una noche de glorias o de desdichas. Prendió un cigarrillo y posó su mirada sobre los números que giraban. Tenía miedo y sin embargo no fue capaz de alzar al cielo ninguna plegaria, quería salir solo de esto.38 37 36 los segundos eran lentos, el tiempo no avanzaba, estaba detenido, inmóvil.35 su mente recordó.Sumas y restasMateo* conoció los juegos de apuestas cuando tenía 17 años, en ese entonces estudiaba Ingeniería de Telecomunicaciones en las Unidades Tecnológicas de Santander, UTS, y fue a jugar a San Andresito con un amigo que lo invitó.Jugó póker y le pareció entretenido, sólo apostaba $2.000 y si se iba largo $5.000, era una forma entretenida de pasar el tiempo, siempre iba acompañado.- ¿Qué me puede pasar?- pensó cada vez que iba Es puro millo el que apuesto.Cuando cumplió los 18 años, decidió ir a un casino, le llamaba la atención saber cómo eran las grandes ligas.Le habían recomendado uno en específico, en el que le daban comida cuando quería, trago sin reservas y cigarrillos ilimitados. Era tentadora la idea, no lo podía negar.-Como, bebo, fumo, gano dinero y me divierto. 'El paraíso materializado en la tierra y con forma de casino', siempre lo divirtió esa idea.Con el tiempo fueron $20.000 y $50.000 los que jugaba en la máquina, ya no era lo mismo apostar sumas pequeñas. -Si quería ganar más, tenía que apostar más.Su vida personal seguía igual, pero ahora tenía más ganancias. Su novia no sabía que se la pasaba tanto tiempo en el casino y sus papás ignoraban lo que hacía con su dinero.Desde los 14 años había trabajado y desde los 18 tenía un negocio de computadores en sociedad con un amigo. Problemas económicos no tenía y el negocio era definitivamente próspero a mediados de 2004.Después de ganar algunas veces y perder otras tantas haciendo dobletes de pares, tríos, escaleras, colores y royals, decidió que eso ya no era para él, que tenía que remplazarlo. Debía haber algo mucho mejor.- ¡Y claro que lo hay! Pensó en varias ocasiones para si mismo: La ruleta.Pero había algo que no lo dejaba apostar en ella. En ese entonces pensó que era miedo, ahora dice que fue la conciencia. Pero la idea de multiplicar su dinero 36 veces si la esfera caía en el número al que se apostaba lo convenció de dar el paso.Así empezó el camino que lo llevó hasta la encrucijada en la que se encontraba mientras la ruleta giraba aquella noche262524 en verdad el tiempo pasaba lento. Una parte de su mente estaba concentrada en la esfera que giraba en sentido contrario a la ruleta, la otra simplemente traía a su memoria recuerdos.Al igual que en el póker, el monto de las apuestas aumentó, primero fueron tiros de $5 mil, luego de $10, $20 y $50 mil, a los pocos meses fueron de $100 mil y $200 mil.Sus favoritos eran el 8 y el 14, no sabía por qué, simplemente le gustaban.Su rutina cambió, ya no era del negocio a la casa y de la casa a visitar a su novia, ahora era del negocio al casino y del casino al negocio.Ganar dinero era ahora su prioridad número uno, y sin embargo, una noche llegó a perder $9 millones.De ahí en adelante todo se convirtió en un ir y venir de sumas y restas.- Después de perder los nueve millones, gané tres sólo me faltaban seis. No volví a ir al casino para ganar dinero, lo hice para recuperar el perdido.'El que juega por necesidad, pierde por obligación'Y eso mismo se repetía esa noche mientras el tiempo continuaba su inexorable marcha.13 12 11 la ruleta no paraba de girar y su mirada seguía fija en ella.Tenía fe de no seguir repitiendo la historia, de que esta vez sí iba a ganar y que recuperaría de un solo jalón de la suerte todo lo que hasta el momento había perdido.Recordaba que un año antes, cuando tenía 19, había sacado un crédito de 3 millones que perdió en dos días, sus tarjetas de crédito ya no tenían cupo, y para el nivel de apuestas que tenía, el dinero que le daba diariamente su negocio no alcanzaba para nada.- Mi familia empezó a notar que ya no era el mismo, y mi novia, que ya se había dado cuenta que estaba obsesionado por el juego, dijo que eligiera entre ella o el casino. Obviamente le dije que ella, pero sólo para que no me molestara.Con sus amigos jamás se volvió a encontrar, estaba empeñado en recuperar los $30 millones que en ese momento sumaban sus constantes rachas de mala suerte. -¿Pero con qué dinero? Fue la duda que lo empezó a carcomer. Sabía que si no apostaba alto, jamás iba a recuperar la suma que había perdido.Una idea cruzó por su cabeza ¡La plata que mi papá tiene guardada en su mesa de noche! Lo dudó por un instante, pero el deseo de apostar le ganó a su conciencia.En total le sacó $7 millones que perdió en una semana, y se juró que apenas los recuperara los iba a devolver.Semanas después su novia, que por esos días tenía 15 años, le dijo que estaba embarazada.- Ni siquiera esa noticia me conmovió, estaba cegado, no me podía resistir a la tentación de jugar. Mi meta era recuperarme.El desespero lo hizo su presa, las ganas de apostar lo superaron y la impotencia que sentía cada mañana cuando se daba cuenta de lo que se había convertido su vida, lo llevó a nuevos extremos.En esos momentos no paraba de recordar la frase que alguna vez uno de los apostadores le dijo: 'El que juega por necesidad, pierde por obligación'.Mateo sacó $3 millones de la caja fuerte del negocio y como los perdió, le dijo a su socio que el local había sido robado.Sintió que ya no tenía opciones, se sentía mal consigo mismo, con su papá y con su amigo; su novia estaba a punto de dar a luz y él no sabía ni quién era, o peor aún, en qué se había convertido.Al poco tiempo decidió venderle su porcentaje de la sociedad a su amigo. Sabía que con ese dinero podía apostar en grande y ganar en grande.Una parte del dinero de la venta la recibió por cuotas, lo que le sirvió para sobrevivir unos meses con su pareja y comprarle las cosas básicas a su hija, que nació cuando tenía 20 años. La otra parte del dinero la recibió en efectivo. Eran los $6 millones que estaba apostando en ese momento.La última apuesta3 2 1 la ruleta terminó de girar, sus ojos siguieron la ruta de la esfera que cayó con firmeza en el 12. Había perdido una vez más.- Pero sólo son $200 mil pensó - tengo $5 millones 800 mil más para apostar.Perdió nuevamente el control y se olvidó de la venganza que había venido a cobrar. Esos $6 millones pasaron a la historia y se sumaron a lo que, según sus cuentas eran ya $90 millones perdidos en el casino.Esa fue la última noche de grandes apuestas que tuvo. No se retiró porque estuviera convencido de que hacía lo correcto sino porque ese dinero era lo último que tenía. Oficialmente estaba en la quiebra.Su papá se enteró de los siete millones de pesos porque los necesitó para viajar, y fue hasta ese momento que su familia se enteró de que tenía un problema. Trataron de ayudarlo y le prestaron dinero para pagar sus deudas.Como no tenía trabajo, para sobrevivir vendía pases de parqueadero para los apostadores del mismo casino en que había quedado arruinado y vivía con su novia con $3.200 diarios.Una tarde se encontró con una mujer que lo conoció cuando tenía el negocio y le contó su historia, como el esposo de la señora también había sufrido de ludopatía, le dio una mano y le ofreció trabajo.Actualmente, tiene 24 años, lleva 3 años y medio trabajando en el local de la mujer que lo ayudó; ya no vive con la mamá de su hija y todavía debe $12 millones y medio. Ahora que mira en retrospectiva, piensa que su vida hubiera sido radicalmente diferente.- Tendría una casa, un carro, habría terminado de estudiar. Sería otra persona. Esos dos años cambiaron mi vida. Lo que sé con certeza es que uno en el casino siempre pierde y que la casa siempre gana.*Nombre cambiado por petición de la fuente.La ludopatía se puede combatir con ayuda profesionalEl tratamiento adecuado para superar la Ludopatía debe incluir medidas psicoterapéuticas, farmacológicas, terapia de pareja, terapia de familia, terapias individuales, grupos de autoayuda y asesoría financiera y judicial.La Directora de la Fundación Colombiana de Juego Patológico (Fcjp), Pilar Jaimes, explica que 'el programa dura de dos meses y medio a tres meses, y que la familia debe acompañar al ludópata durante todo su proceso de recuperación'.Según la Fcjp, Las etapas que atraviesan los jugadores son: Jugador ocasional, Jugador frecuente, Jugador problema y Jugador patológico.'Una no necesariamente lleva a la otra, pero se debe estar alerta cuando los juegos y los casinos se vuelven prioridad', explica Jaimes.












