La Selección Colombia conocerá el martes 7 de julio, en el BC Place de Vancouver, a un rival que hace de la disciplina y el control su bandera. Suiza avanzó a los octavos de final del Mundial 2026 tras vencer 2-0 a Argelia y espera a la Tricolor con la etiqueta de equipo incómodo: ordenado atrás, jerárquico en el mediocampo y, al mismo tiempo, con un problema que arrastra hace tiempo en el último tercio del campo. Los números respaldan el buen momento helvético. Suiza terminó primera en el Grupo B con siete puntos: empate 1-1 ante Catar en el debut, goleada 4-1 a Bosnia y Herzegovina y triunfo 2-1 sobre el anfitrión Canadá, para una diferencia de gol de +4. En dieciseisavos, la victoria 2-0 sobre Argelia —con tantos de Breel Embolo (10′) y Dan Ndoye (46′)— dejó dos cifras que Colombia deberá tener presentes: en cuatro partidos del torneo, la Nati apenas ha recibido tres goles, y ese cruce marcó la primera vez en su historia que Suiza supera una ronda de eliminación directa en un Mundial. El dato histórico es doble filo. Suiza no llega a cuartos de final desde 1954, cuando fue anfitriona, y quedó eliminada en octavos en cuatro de sus últimas cinco participaciones. Es decir: enfrenta a Colombia con la presión de romper un techo de más de siete décadas. Lea: Gustavo Puerta revela el secreto de la clasificación de Colombia a octavos del Mundial 2026 Murat Yakin, en el cargo desde agosto de 2021 y con antecedentes de octavos en Catar 2022 y cuartos en la Eurocopa 2024, no se casa con un solo dibujo. Su base es un 4-3-3, pero el técnico ha demostrado capacidad para reconfigurar el equipo según el rival: usó línea de tres (3-4-3) en la Euro y en el partido pasado ante Argelia planteó un 4-2-3-1. Ese dibujo lo dispuso con Gregor Kobel en el arco; Denis Zakaria, Nico Elvedi, Manuel Akanji y Ricardo Rodríguez en la línea de cuatro; el doble pivote de Remo Freuler y Granit Xhaka; una línea de tres por detrás del delantero con Dan Ndoye, Johan Manzambi como enganche y Rubén Vargas; y Breel Embolo como única referencia de área. La columna vertebral es la clave de lectura. Suiza construye desde ese doble pivote, Xhaka y Freuler, que garantiza salida limpia y equilibrio en el retroceso, algo pensado justamente para neutralizar transiciones rápidas como las que puede proponer Colombia. Por fuera, la velocidad de Vargas y la polifuncionalidad de Ndoye aportan el ancho para desequilibrar. La propuesta de Yakin puede resumirse en: orden y flexibilidad. El equipo se siente cómodo dominando el balón ante rivales inferiores, pero sabe replegarse y golpear de contra frente a adversarios de mayor entidad. Ante Colombia, todo indica que optará por lo segundo: ceder posesión, cerrar el centro y apostar a la contra y al balón parado. Hay, además, un matiz que conviene subrayar: como le ocurre a buena parte de las selecciones que llegaron a esta instancia, Suiza todavía no se ha medido con un rival de verdadero peso. Catar, Bosnia, Canadá y Argelia son adversarios de entidad menor o media, y ninguno la sometió a una presión ofensiva sostenida. La Tricolor sería, por jerarquía y potencial ofensivo, el examen más exigente que enfrentaría la Nati en el torneo, y ahí está la gran incógnita: cómo responderá ese bloque tan ordenado cuando lo obliguen a defender durante largos tramos. El punto más explotable de Suiza es la ausencia de un goleador nato. Los helvéticos generan, controlan y fijan, pero les falta un delantero que resuelva con frialdad: ante Argelia, Fabian Rieder se perdió el gol más increíble del Mundial con el arco a placer. A eso se suma cierta “Xhaka-dependencia”: si el capitán no está preciso, el equipo pierde su capacidad de sorpresa. Ndoye, con toda su potencia, también arrastra una deuda con la definición. La llave de octavos, el martes 7 de julio en Vancouver, se jugará en dos territorios: el pulso por el control del mediocampo y la capacidad de la Tricolor de castigar a una Suiza que aún no ha enfrentado presión ofensiva sostenida en este torneo.