Muralla defensiva, un cerebro de 33 años en el medio y una grieta que la Tricolor puede aprovechar en Vancouver. Todo sobre el equipo de Yakin.

Publicado por: Danilo Cárdenas
La Selección Colombia conocerá el martes 7 de julio, en el BC Place de Vancouver, a un rival que hace de la disciplina y el control su bandera. Suiza avanzó a los octavos de final del Mundial 2026 tras vencer 2-0 a Argelia y espera a la Tricolor con la etiqueta de equipo incómodo: ordenado atrás, jerárquico en el mediocampo y, al mismo tiempo, con un problema que arrastra hace tiempo en el último tercio del campo.
Un andar sólido y sin derrotas en la fase directa
Los números respaldan el buen momento helvético. Suiza terminó primera en el Grupo B con siete puntos: empate 1-1 ante Catar en el debut, goleada 4-1 a Bosnia y Herzegovina y triunfo 2-1 sobre el anfitrión Canadá, para una diferencia de gol de +4.
En dieciseisavos, la victoria 2-0 sobre Argelia —con tantos de Breel Embolo (10′) y Dan Ndoye (46′)— dejó dos cifras que Colombia deberá tener presentes: en cuatro partidos del torneo, la Nati apenas ha recibido tres goles, y ese cruce marcó la primera vez en su historia que Suiza supera una ronda de eliminación directa en un Mundial.
El dato histórico es doble filo. Suiza no llega a cuartos de final desde 1954, cuando fue anfitriona, y quedó eliminada en octavos en cuatro de sus últimas cinco participaciones. Es decir: enfrenta a Colombia con la presión de romper un techo de más de siete décadas. Lea: Gustavo Puerta revela el secreto de la clasificación de Colombia a octavos del Mundial 2026

El esquema: 4-3-3 de base, pragmatismo como identidad
Murat Yakin, en el cargo desde agosto de 2021 y con antecedentes de octavos en Catar 2022 y cuartos en la Eurocopa 2024, no se casa con un solo dibujo. Su base es un 4-3-3, pero el técnico ha demostrado capacidad para reconfigurar el equipo según el rival: usó línea de tres (3-4-3) en la Euro y en el partido pasado ante Argelia planteó un 4-2-3-1. Ese dibujo lo dispuso con Gregor Kobel en el arco; Denis Zakaria, Nico Elvedi, Manuel Akanji y Ricardo Rodríguez en la línea de cuatro; el doble pivote de Remo Freuler y Granit Xhaka; una línea de tres por detrás del delantero con Dan Ndoye, Johan Manzambi como enganche y Rubén Vargas; y Breel Embolo como única referencia de área.
La columna vertebral es la clave de lectura. Suiza construye desde ese doble pivote, Xhaka y Freuler, que garantiza salida limpia y equilibrio en el retroceso, algo pensado justamente para neutralizar transiciones rápidas como las que puede proponer Colombia. Por fuera, la velocidad de Vargas y la polifuncionalidad de Ndoye aportan el ancho para desequilibrar.
La propuesta de Yakin puede resumirse en: orden y flexibilidad. El equipo se siente cómodo dominando el balón ante rivales inferiores, pero sabe replegarse y golpear de contra frente a adversarios de mayor entidad. Ante Colombia, todo indica que optará por lo segundo: ceder posesión, cerrar el centro y apostar a la contra y al balón parado.
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Toque filtrado de Vargas, jugadón de Manzambi sacándose rivales de encima, tirando el centro y GOL de Embolo, para poner el 1-0 de Suiza ante Argelia a los 10' PT.
— SportsCenter (@SC_ESPN) July 3, 2026
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Hay, además, un matiz que conviene subrayar: como le ocurre a buena parte de las selecciones que llegaron a esta instancia, Suiza todavía no se ha medido con un rival de verdadero peso. Catar, Bosnia, Canadá y Argelia son adversarios de entidad menor o media, y ninguno la sometió a una presión ofensiva sostenida.
La Tricolor sería, por jerarquía y potencial ofensivo, el examen más exigente que enfrentaría la Nati en el torneo, y ahí está la gran incógnita: cómo responderá ese bloque tan ordenado cuando lo obliguen a defender durante largos tramos.
Fortalezas: una espina dorsal de jerarquía
- La portería. Gregor Kobel, del Borussia Dortmund, es el jugador más cotizado del plantel (unos 40 millones de euros) y una de las claves de esa defensa poco vulnerada. Heredó el arco tras el retiro de Yann Sommer y da confianza a toda la línea.
- La zaga. Comandada por Manuel Akanji, uno de los centrales de mayor nivel del plantel, la última línea suiza destaca por su buena salida y su solidez en los duelos. Atacar a Suiza por el centro es, según los analistas, una tarea muy difícil.
- El mediocampo. Xhaka, capitán y “cerebro”, dicta los tiempos con una lectura posicional que algunos comparan con la de un armador clásico: no corre de más, pero siempre aparece donde el juego lo necesita.
Las figuras que Colombia deberá vigilar
- Granit Xhaka (33 años, Sunderland). El corazón del equipo y su factor X. Disputa su cuarto Mundial. Cuando está fino, Suiza es otra cosa.
- Johan Manzambi (20 años, Friburgo). La revelación. Debuta en un Mundial y ya dejó huella: doblete ante Bosnia, gol y asistencia frente a Canadá y otra asistencia contra Argelia. Zurdo y diestro, conducción directa y precisión en el pase. Es el nombre de moda del plantel.
- Breel Embolo (Stade Rennais). La referencia de ataque. Potencia física, movilidad y capacidad para fijar centrales y participar en jugadas decisivas.
- Dan Ndoye (Nottingham Forest). Verdadera “navaja suiza”: puede jugar de extremo, carrilero o segundo delantero. Aporta velocidad y desequilibrio.
- Rubén Vargas (Sevilla) y Ricardo Rodríguez. Vargas ya marcó ante Bosnia y Canadá. Rodríguez, lateral izquierdo veterano, de madre chilena, aporta experiencia, centros y confiabilidad desde el punto de penal.
Las grietas: un ataque sin “killer”
El punto más explotable de Suiza es la ausencia de un goleador nato. Los helvéticos generan, controlan y fijan, pero les falta un delantero que resuelva con frialdad: ante Argelia, Fabian Rieder se perdió el gol más increíble del Mundial con el arco a placer. A eso se suma cierta “Xhaka-dependencia”: si el capitán no está preciso, el equipo pierde su capacidad de sorpresa. Ndoye, con toda su potencia, también arrastra una deuda con la definición.
La llave de octavos, el martes 7 de julio en Vancouver, se jugará en dos territorios: el pulso por el control del mediocampo y la capacidad de la Tricolor de castigar a una Suiza que aún no ha enfrentado presión ofensiva sostenida en este torneo.














