domingo 08 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Alan Jara no padece del ‘Síndrome de Estocolmo’

Luego de la controversia desatada por las fuertes críticas al Gobierno que hizo el ex gobernador del Meta, Alan Jara, en sus primeras declaraciones a los medios el día de su liberación, el grupo de investigación Lazos Sociales y Culturas de Paz de la Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana, desvirtuó el análisis de algunos expertos, que consideraron que el recién liberado podía padecer del ‘Síndrome de Estocolmo’.

Según el grupo de psicólogos, dado que los pronunciamientos de Alan Jara 'incluyeron opiniones contrarias a los intereses de algunos sectores de la sociedad', pretender invalidarlas 'supone un sesgo perjudicial a los procesos de búsqueda de la verdad y la construcción de una sociedad incluyente'.
Agregó que estereotipar a una persona por su discurso e incluso hablar de patologías, invalida su opinión y coarta su autonomía.

Tras analizar detenidamente las palabras del ex gobernador del Meta Alan Jara, el grupo de investigación de la Universidad Javeriana consideró: 'muestra coherencia en el discurso, reflexión y prospección respecto de la realidad nacional, y sentido del humor, uno de los indicadores importantes de salud mental'.

Por esta razón, no sería válido atribuir dicho pronunciamiento a una cierta 'complacencia con sus victimarios', tal como lo manifestaron algunos expertos consultados por los medios de comunicación.

'En una sociedad como la nuestra que ha vivido un conflicto prolongado, los profesionales de las ciencias sociales y de la salud debemos tener la precaución de no emitir opiniones que pongan en riesgo la integridad y la dignidad de los liberados y que además incrementen el ambiente de polarización que nos aleja cada vez más de la paz y la reconciliación', señaló el pronunciamiento del grupo de investigación Lazos Sociales y Culturas de Paz.

‘SÍNDROME DE ESTOCOLMO’


Se trata de una respuesta psicológica en la que la víctima de secuestro o persona detenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador.

En ocasiones, los prisioneros pueden acabar ayudando a los captores a alcanzar sus fines o evadir a la Policía.

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