martes 06 de abril de 2010 - 12:42 AM

Aseguran que una lluvia de peces cayó de un árbol

Una lluvia de peces cayó el domingo de un árbol de mangos en una calle del pueblo caribeño colombiano de Santo Tomás, vecino a la ciudad de Barranquilla, en momentos en que cruzaba la procesión de Jesucristo Resucitado, dijo hoy Ángel Caballero, auxiliar de una parroquia local.



"Empezó a estremecer un palo de mango. Del árbol comenzaron a caer pescados. Nos asomamos y eran peces pequeños, tipo bocachicos", señaló Caballero, auxiliar de la Unidad Pastoral de Santo Tomás de Villanueva.

El suceso, que es investigado por autoridades eclesiásticas, se registró el domingo "en la calle de la Independencia" de Santo Tomás y según el párroco local, Carlos Arturo Quevedo, es "una manifestación de que el Señor está presente".

Centenares de personas que acompañaban el desfile religioso fueron testigos del hecho y muchas de ellas aseguran que se trata de "un milagro" y que se reprodujo "la multiplicación de los peces".

Ángel, sin embargo, considera que esa inusual "lluvia de peces" es, "como hablan las Escrituras, un aviso de que se avecina un período de prosperidad para Santo Tomás".

El auxiliar de la parroquia señaló también que el padre Quevedo informará del suceso a monseñor Rubén Salazar Gómez, arzobispo de Barranquilla, a la que pertenece la Diócesis.

El padre Quevedo, por otra parte, señaló a periodistas que la lluvia de peces puede considerarse también como un mensaje a la feligresía para cambiar de actitud.

"Ante todo es un signo de la naturaleza. Esto debe servir para tomar una actitud de cambio, de solidaridad, en momentos en que estamos en un mundo de egoísmo", indicó Quevedo.

Algunos vecinos de la calle de la Independencia dijeron a periodistas que "desde el palo de mango cayeron más de 400 peces".

Santo Tomás, en el departamento norteño del Atlántico, es famoso en el país por las procesiones de flagelantes el Viernes Santo, lo que atrae a miles de turistas.

Este año desfilaron unos treinta de estos flagelantes que se golpean repetidamente con látigos especiales en cuyas puntas pegan bolas de cera que hacen sangrar su espalda.

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