domingo 05 de julio de 2009 - 10:00 AM

Cada día renace una dulce esperanza

Sin lugar a dudas en la carrera 20 con calle 17 del barrio San Francisco hay una dulcería. El olor a guayaba y arequipe se siente desde casi una cuadra antes, lo que hace inevitable, para quienes pasan por ahí, que entren para saber de qué se trata.

Detrás de la fachada de esta microempresa regional, se esconde casi la única dulcería de Bucaramanga que produce leche condensada. Además de éste, que se ha convertido en su producto bandera en tan sólo dos años de comercialización, el portafolio incluye potes de arequipe, tamaño personal e industrial, conservas de frutas, lonjas de bocadillos, solos o combinados y hasta obleas.

Aunque su marca comercial ‘renació’ a comienzos del año pasado, ya completan una trayectoria de más de diez años en el mercado y se destaca en el sector por su persistencia en abrir nuevos mercados como el venezolano y en estar a la vanguardia de los registros, tanto sanitarios como de marca, exigidos para su comercialización en diferentes puntos.

Esta es su historia 

Euclides Rueda Gómez y Luz Mireya Muñoz Rincón son los protagonistas de esta ‘condensada’ historia que se remonta a 1994 en Zapatoca, Santander, que tuvo como motor el hecho de que ninguno de los dos tenía empleo, pero sí el firme propósito de algún día ser independientes.

Para esta época, la empresa del pequeño municipio se conocía con el nombre de ‘Dulces la Batea’, que empezó a producir galletas recubiertas de bocadillo.

'Una vez mi esposo llevó a la casa una galleta que empezamos a reproducir y que estaba recubierta de bocadillo. Entonces comprábamos la galleta y el bocadillo de casas vecinas. Nos tocaba cortar todo manualmente y yo las repartía en las tiendas con una bicicleta que compramos. Pero teníamos que desperdiciar muchos bocadillos. Los niños siempre hacían fila en la casa para que les regaláramos dulces', recuerda Mireya, entre risas.

Sin embargo, cinco meses después la ‘micro’ ya tenía registros del Invima, código de barras y hasta producía su propio bocadillo. Eso sí después de muchas pruebas, con las que empezaron a incursionar en diferentes productos.

Para el 2003 ya estaban en Bucaramanga, en un proceso cuyas inversiones hicieron de la mano de un socio, quien finalmente les hizo una mala jugada, dejándoles la empresa por un año en arriendo.

Sin embargo, con un nuevo aliado y con deudas casi por $40 millones, la empresa ‘renació’ y la dura y amarga experiencia le dio el nombre a la marca con la que hoy se comercializan los productos.

Con este nuevo empresario apostándole al mercado de la producción de alimentos, la empresa tuvo una transformación total.

Las inversiones implicaron un capital de cerca de $100 millones con el que adquirieron máquinas de acero inoxidable, cortadoras y marmitas para la producción industrial.

'Este es un mercado fuerte, y como nos ahorramos los fletes, hay posibilidades de conseguir transporte económico y asegurar un nicho de mercado bastante bueno como la Costa. Además incursionamos en la fabricación de leche condensada, un producto cuyo mercado estaba prácticamente intacto, entonces se ha vendido casi que solo, con una excelente rotación', aseguró Euclides.

Finalmente la empresa volvió a quedar en manos de esta pareja, que a pesar de la crisis económica, ve con muchas expectativas y esperanza el proceso para llegar a ser una de las procesadoras más grandes de dulces.

Sin embargo todavía siguen pagando todas las inversiones, aspecto que dificulta por ahora conseguir más recursos para adquirir nuevas maquinarias y ampliar el rango de producción.

'Las esperanzas también las guardamos en nuestra hija que estudia negocios internacionales y que ha acompañado durante toda su carrera el crecimiento de la empresa. Con ella y un equipo de compañeros estamos preparando todos los pasos para poder exportar', afirman.

Abriendo camino para la exportación

De que un bocadillo se venda en las tiendas de un pequeño municipio a que se exporte, hay un largo camino que necesita de persistencia y decisiones que no pueden ser fallidas; camino que muchas ‘micro’ artesanales no se atreven a recorrer.

'Persistencia es tal vez lo que todo empresario debe tener por encima de cualquier cosa, a la primera quiebra no hay que dejar todo tirado, hay ejemplos en el mismo gremio de amigos que han tenido hasta siete y ahí siguen', afirmó Mireya.

A pesar de que las ferias empresariales a las que han asistido les han abierto las puertas para mantener contactos con los países vecinos, la pareja de empresarios afirma que 'hay que vencer el temor y las barreras para exportar. Muchas veces uno como pequeña empresa no sabe a quién puede contactar, de qué entidad puede recibir asesoría, qué se requiere, en ese proceso le quedan muchas dudas. Las oportunidades se dejan pasar, a pesar que en el país haya mucho potencial', afirmaron.

Aunque el mercado del nororiente está prácticamente cubierto por Renacer, el próximo rumbo de los productos será Venezuela, país en el que ya una distribuidora tiene registros para seis productos. Sin embargo, falta un sólo documento para empezar a mover ventas por casi $10 millones mensuales en el vecino país.

La crisis toca los insumos

A pesar que muy poco hablan de la crisis financiera mundial, pues no ha tocado directamente a la empresa y a sus ventas, lo que sí los ha tocado es que el azúcar haya subido casi el doble en el último año, al igual que los altibajos de la leche.

'Uno ve que el gobierno da muchos incentivos y controla algunos precios, eso mismo debería hacer con el azúcar porque es un totazo muy grande para todas las dulcerías', asegura Euclides Rueda.

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