domingo 21 de febrero de 2010 - 10:00 AM

El ocaso de los teatros en Bucaramanga

Cerca de 15 teatros que funcionaron como salas de cine desde los años 40 en Bucaramanga, se fueron acabando uno tras otro. Hoy no sobrevive ninguno. Los últimos en cerrarse fueron el Riviera y el Rosedal, en 2009. Así nacieron y así desaparecieron.

Cuando Omar Álvarez, el director del Teatro UIS empezó a ver cine en Bucaramanga en los años 60, siendo un muchachito, lo hacía en un teatro a pocas cuadras de su casa en el norte de la ciudad que se llamaba Colombia.

La boleta costada 2 pesos y tenía derecho a ver dos películas, una detrás de otra. Los jóvenes lo llamaban cine continuo y así lo promocionaban en los periódicos. 'Entraba a las 2 de la tarde y me podía estar sentado hasta las 11 de la noche si quería', recuerda.

El lugar quedaba justo sobre la carrera 15 con calle 20 y según Álvarez, ese teatro fue uno de los que nació siendo sala de cine, porque la gran mayoría fueron primero grandes teatros.

Mucho antes, entre los años 40 y 50, Augusto Schroeder, uno de los primeros realizadores de cine en Bucaramanga, dice que vio llegar al teatro Garnica el cine sonoro. Ese gran edificio ubicado en la carrera 17 entre calles 33 y 34, que se convirtió en uno de los teatros emblemáticos de la ciudad desde su fundación en 1923, fue plaza de toros, ring de boxeo, carpa de circo, tablado para ópera, zarzuela y teatro, y por supuesto, sala de cine. Su ocaso, como el de casi todos los teatros locales y a pesar de ser patrimonio de la ciudad, lo llevó a la demolición para darle paso a un centro comercial.

Ya en 1938, en la cartelera de cine que se publicaba en las páginas de Vanguardia Liberal, se anunciaban las películas en dos teatros, el Garnica y el Santander, que abrió sus puertas desde 1932. Diez años después había cuatro teatros más: el Sotomayor, el Rosedal, el teatro Colombia y el Libertador.

En los 50 y 60 siguieron apareciendo más teatros como el Unión, que tenía como novedad una pantalla gigante con sonido estereofónico y una capacidad para 1.400 personas. También estaba el teatro Real, que ofrecía el popular cine continuo a 1 peso y sala para fumadores, y el teatro Ana Lucía, que se convirtió en la sala ‘in’ de la ciudad porque traía las películas de estreno y tenía balcón.

En los 70, el auge de las salas de cine aumentó. Y aunque el legendario Garnica dejó de publicar sus carteleras, se abrieron otros como el cine Sofía, que era el teatro del colegio Salesiano y también el cine Los Virreyes, en el colegio Virrey Solis. Hasta funcionaron dos cine clubes. Uno que se llamaba 'Llegó el cine', que presentaba películas independientes en el teatro El Cid (una sala que se construyó en el mismo teatro Santander), y el emblemático cine club 'El Hormiguero', que logró sobrevivir 12 años. También nació el teatro Riviera, que  subsistió hasta el año pasado y se encuentra en reconstrucción.


A pique

Desde los 80, poco a poco se fueron viniendo a pique cada uno de estos teatros. ¿Por qué? Omar Álvarez dice que en los buenos tiempos, Bucaramanga, más que cinéfilos, pedía a gritos recreación. 'Después de las seis de la tarde usted no tenía nada más qué hacer que irse a ver una película. Hoy en día sigue siendo igual, pero existen los sitios nocturnos'.

Además, con la llegada de la televisión y luego con 'las modas', dice Luis Hurtado, uno de los fundadores del cine club 'El Hormiguero', las salas se fueron deteriorando. 'Las películas llegaron en Beta, en VHS y la gente prefería verlas en la casa que salir', dice.

A esto se sumó que el sector donde se concentraban la mayoría de teatros empezó a deteriorarse. Por ejemplo, el parque Centenario donde se ubicaban El Cid, Cinema 1 y 2 y muy cerca el teatro Libertadores y el Rosedal, se convirtió en vividero de habitantes de calle y ladrones. 'Usted llegaba y lo atracaban en la puerta. Los administradores terminaron haciendo promociones inimaginables hasta que cayeron en la proyección de películas porno y el siguiente paso fue el cierre', dice Álvarez.

En ese intento por resistirse, Wilson Lizcano, integrante del cine club Cuarto Oscuro de la Unab y cinéfilo, recuerda que fue un éxito la estrategia de los ‘dobletes’ en los cimenas 1 y 2. 'Pasaban una película de Bruce Lee y la acompañaban de una de Calimán. También estaba el cine continuo en El Cid, así vi Flash Gordon como tres veces'.

Pero mientras esto sucedía, Cine Colombia abrió cinemas en Cañaveral y Cabecera, y la gente ya no quiso bajar al Centro. Luis Hurtado, que hoy es el dueño de video-arte Chaplin y uno de los mayores cinéfilos de la ciudad, dice que cuando Bucaramanga fue atemorizada en los 80 por la Mano Negra con su mal llamada ‘limpieza social’, la gente no salía luego de las 8 de la noche.

Para Lizcano, otro de los motivos que aceleró el ocaso de estos teatros fue el tema de la publicidad. 'Los dueños no saben manejar los medios para promocionar las películas. Promocionan las comerciales, pero cuando traen películas buenas, independientes, no va nadie. Los cinéfilos se enteran a la semana y ya se las han llevado porque no han funcionado', dice.

Para Lizcano es claro que los teatros tradicionales que terminaron convertidos en salas de cine triple X como el Unión, el Rosedal, el Sotomayor, El Cid, etc., se dejaron influenciar por su entorno. 'El único que quizás no se dejó influenciar fue el Riviera y murió porque la gente prefiere los centros comerciales por seguridad, a pesar de que tenía el mejor sonido (Dolby, instalado por ingenieros de Dolby) antes de que llegara Cinemark'.

Y a pesar de la cantidad de salas (nueve a finales de los 80), los bumangueses se cansaron también de que no había rotación; una película podía durar hasta 15 días.

Hoy, luego de que en 2009 cerraron el Riviera y el Rosedal, no queda ni un solo de los tradicionales teatros. Reinan los multicines de los centros comerciales y en ninguno se programa cine arte.


EN LO QUE SE CONVIRTIERON

Garnica: Fue demolido para construir el Centro Comercial Páez.

Santander: Está en proceso de restauración.

Sotomayor: Está abandonado y hay la intención de tumbarlo.

Rosedal: Se traslada de su sitio original y funciona, hasta 2009, en el parqueadero de un hotel. Fue el último teatro de cine porno en la ciudad.

Colombia y Libertador: Son utilizados como depósitos.

Ana Lucía: Es un centro de ayuda espiritual.

Unión: En bomba de gasolina.


TEATRO SANTANDER

Se inauguró en 1932 en la calle 34 con carrera 19. Omar Álvarez cuenta que se construyó para resolver el problema de los llenos proberviales del teatro Garnica, pero con el tiempo empezó a caminar por la cuerda floja para sobrevivir. 'Quedó en manos de Cine Colombia, que decidió que era muy grande para Bucaramanga, porque ya los bumangueses no acudían en masa, y por eso hicieron una sala más pequeña que fue El Cid, y luego el Cinema 1 y Cinema 2'. En 2001 cerró sus puertas. La Universidad de Los Andes quedó como dueña del inmueble en el 2005 y estuvo a punto ser demolido. Hoy, en manos de la Alcaldía, está en proceso de restauración.


TEATRO ROSEDAL

Lo crearon en la década de los 40 en la carrera 21 con calle 34. Tenía cerca de 700 sillas. Este teatro tenía una afluencia de público a diferentes niveles porque programaban cine de matinée los domingos. Lo alquilaban también los políticos y los colegios, pero pronto cedió al porno y se convirtió en la última sala de cine triple X en la ciudad. 'Era peligroso. Usted se sentaba en una silla y de pronto se encontraba con una mano que le cogía la rodilla y subía. Muchos terminaban en el baño. Fue un teatro que no tuvo opción de salvación', dice Álvarez. Hoy en día, en el lugar construyeron un centro comercial y el cine funcionó hasta 2009 en el parqueadero de un hotel, en el mismo sector.


TEATRO UNIÓN

Nació en 1952 en la carrera 17 con calle 45 y fue demolido en febrero de 2007. Hoy hay una bomba de gasolina. Augusto Schroeder afirma que nació como un teatro muy 'hightloso'. Tenía palcos laterales pero los suspendieron 'por el ajetreo de los muchachos que acudían a hacer sus pachangas'. Allí se presentaron obras magistrales de zarzuela y tuvo una época en que presentó películas italianas y francesas. Pero el cine producía más que el teatro y los dueños cedieron. 'Vino lo popular, luego el cine mexicano y finalmente derivaron al porno', dice Álvarez. Carlos Ardila Lulle estuvo tras la compra del terreno, Lucía González Aranda intentó también salvar la construcción y lo mismo hizo Omar Álvarez, pero los dueños, herederos de los fundadores del Club Unión, lo vendieron para otros fines.


TEATRO ANA LUCÍA

Funcionó en la calle 34 # 26-46 desde los años 60. Hoy es un centro de ayuda espiritual. Omar Álvarez afirma que era el teatro ‘in’ de la ciudad, con aire acondicionado y acomodador encargado de controlar que la gente no fumara. 'Presentaban películas de taquilla de la distribución americana, era más aseado y también se hizo teatro porque era el mejor situado. Le cabían entre 700 y 800 espectadores. Por la administración que tuvo no terminó proyectando cine porno hasta que apareció un 'alma de Dios' que lo compró.


TEATRO LIBERTADOR

En 1948 ya aparecía su programación en los periódicos. Estaba ubicado en la carrera 15 entre 22 y 23. Fue creado como una sala de espectáculos y a su vez cinema. Tenía muy buena acústica y se caracterizó por ser un teatro donde pasaban cine de vaqueros y mexicano. Allí, Luis Hurtado recuerda que en su época ‘dorada’ venían cantantes y bailarinas de México y que pasaron la serie completa de 'Las aventuras de Tarzán en Asia'. 'Fue el único sitio o el primero donde presentaron strip-tease', recuerda Álvarez, quien dice que la distribuidora se llamaba Pelmex (Películas Mexicanas) y que en ese proceso proyectaron una que otra película porno. En 1985 seguía en pie pero terminó como depósito.

 

TEATRO GARNICA

Fundado en 1923 en la carrera 17 entre calles 34 y 33. Augusto Schroeder afirma que ahí vio las primeras películas de cine mudo y luego llegó el sonoro. 'Me gustaban las películas mexicanas de Jorge Negrete y el cine gringo. También pasaban películas de serie de vaqueros. Pero con el tiempo, los palcos del Garnica se volvieron cuartos de motel'. Terminó siendo una sala de cine porno. La gestora cultural Lucila González Aranda intentó que no lo demolieran pero finalmente construyeron un centro comercial. Luis Hurtado dice que al final sólo se podía ir a la parte de arriba del teatro, 'porque si uno iba a la platea, los de arriba lo escupían'.


TEATRO SOTOMAYOR

Nació en 1947 en la calle 37 con carrera 27 y cerró en los 90. El director del Teatro UIS, Omar Álvarez, afirma que 'por prejuicio le cambiaron el nombre a teatro Municipal, porque cuando fue teatro Sotomayor llegó al porno'. El lote le perteneció a la Sociedad de Mejoras Públicas que construyó el pequeño teatro que terminó rentando. 'Lo administraba un señor de apellido Pava que lo utilizó para proyectar cine mexicano hasta que como una coincidencia, cayó en el porno'. Ahí se presentaron obras de teatro y en una época hasta fue sede de los espiritistas. Cuando Pava devolvió el teatro se utilizó para presentar obras y ya nunca más se proyectó cine hasta que se cerró.


Cinemas Riviera

Hasta 2009 funcionó en la calle 33 con carrera 31. 'Fue muy importante cuando era capaz de no programar las mismas películas que tenían en otros cines de la ciudad, hasta que no pudo competir con los grandes pulpos de la industria', afirma Álvarez. Incluso hicieron dos salas pequeñas, pero tampoco funcionó. Hoy sus salas están cerradas temporalmente y está la propuesta de demolerlo para volver a construir un teatro para la ciudad.

 

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