domingo 17 de enero de 2010 - 10:00 AM

El último gran descubrimiento Guane

En una tumba de más de 25 metros de recorrido, oculta entre los peñascos del Cañón del Chicamocha al sur occidente de la Mesa de los Santos, habría descansado por casi 500 años, el cacique Guanentá, gran jefe de los Guane. Esa es la hipótesis de Alejandro Navas Corona, quien llegó hasta el lugar guiado por un viejo cabrero.

Hay que tener agallas para meterse por entre los bordes de los peñascos del Cañón del Chicamocha que rodean a la Mesa de Los Santos. Y también mucha suerte para que un cabrero viejo y resabiado revele con detalles el que sería el mayor descubrimiento de una tumba Guane.

Alejandro Navas Corona, un abogado bumangués especialista en derecho penal, tiene las agallas y la suerte. Y además, persistencia.

Este hombre, que también es alpinista profesional, subió y bajó durante cinco años por entre los farallones que bordean la Mesa de Los Santos. Y lo que vio lo han visto muy pocos. Tal vez algunos campesinos curiosos y guaqueros con suerte. También su esposa, Erika Marcela Angulo.

Primero fueron las pictografías, miles, que registró con una cámara digital, un GPS y una filmadora. Luego disparó su flash sobre ollas, morteros de piedra para moler, tusas de maíz y hasta collares. No tocó nada pero documentó todo.

Navas dice que lo hizo junto a su esposa, para proteger el patrimonio rupestre de la región. También porque sabe que allí tiembla a diario y que ese legado poco a poco irá desapareciendo. Pero hay otra razón. 'Lo que uno no toca después terminan robándoselo', dice.

No hizo cartografía porque llegar a los lugares es extremamente difícil. Pero lo que sí utilizó, después, fue un software que permite reconstruir los colores del momento en que se tomó la fotografía.

El viejo cabrero

En una de las oficinas del segundo piso de la Casa del Libro Total, en el centro de Bucaramanga, está el boceto de la carátula de un libro que contiene no sólo una selección de las más de 5.000 fotografías de arte rupestre Guane que tomó Alejandro Navas, sino un documento de la investigación sobre el significado de las figuras.

Pero hay algo más que piensa revelar y que ya ha venido haciendo público a retazos.

Navas pudo llegar en dos ocasiones a una tumba Guane que por sus características sería la de un cacique de gran importancia en la etnia.

Su hipótesis es que es la del cacique Guanentá, el mismo que el cronista Juan de Castellanos describió como el señor que mandaba en las comarcas del Cañón del Chicamocha y que según un poema de Ismael Enrique Arciniegas, murió heroicamente al lanzarse a un abismo durante la invasión española.

Fue en medio de las interminables caminatas, que Navas conoció a un viejo cabrero nacido en la Mesa de Los Santos, quien poco a poco le contó sobre sus hallazgos.

Acostumbrado a andar por los riscos del Cañón detrás de las cabras, este hombre recio contaba, por ejemplo, cómo era la famosa cueva de Los Indios en Los Santos, antes que la estudiara en 1939 el antropólogo J.W. Schottelius.

'Recordaba con exactitud que en las fisuras de la cueva, que es muy alta, había zarzos donde se podía caminar y que las momias estaban acomodadas en hileras'.

Esa fue una de las revelaciones. Pero un día, el abuelo, que rebasaba los 70 años, le confesó que había encontrado una tumba realmente importante y que a él lo habían llevado, en 2005, otros campesinos que duraron dos años cavando para poder entrar.

Navas escribió a mano el relato del cabrero y tuvo que esperar cerca de tres meses, para que el viejo se decidiera a llevarlo.

'Una persona que vaya y busque la tumba es difícil que la encuentre porque está en medio del precipicio. Hay un camino angosto de 40 metros y una fisura', dice Navas.

Los mismos campesinos abrieron un boquete por el que el alpiista bajó cerca de cinco metros con la ayuda de una cuerda. Ya en el fondo, lo que vio fue una fisura que se fue volviendo cada vez más angosta y que muy pocos pensarían que es la entrada a un lugar abarrotado de huellas Guane.

En la tumba

Después de muchos fines de semana de alpinismo y caminatas, y de oír tantas leyendas por boca de los campesinos, Navas confiesa que no imaginaba que lo que el cabrero le había narrado coincidiría con exactitud a lo que vio en un paraje ubicado al sur occidente de la Mesa de Los Santos.

Habían pasado dos años desde el hallazgo y la tumba estaba saqueada pero con los suficientes vestigios de lo allí permaneció cerca de 500 años.

'Primero hallaron dos momias envueltas en mantas atadas en los bordes como si se tratara de un caramelo. Estaban dañadas por el agua'. De allí, los campesinos afirman que los guaqueros sacaron más de 50 mantas.

Al final de este primer espacio o cámara, había inicialmente una laja que taponaba el camino y que los campesinos quitaron. 'Encuentras un corredor en forma de L por el que tienes que caminar de lado cerca de cinco metros y luego viene otra L que comunica a un sector donde tienes que entrar arrastrado', recuerda Navas.

Justo en ese punto hay un hueco perfectamente cuadrado que da a la altura de la cintura.  'Cuando el cabrero logró entrar se encontró de frente con los restos de un indio sentado en una piedra en posición de ataque, con un garrote y flechas'.

En esa segunda cámara, en un espacio pequeño, el viejo encontró los restos de cinco mujeres y un niño al lado de lo que pudo ser una hoguera. Navas tomó fotografías a los cráneos –que aún están–  y afirma que son de mujeres.

Entonces los campesinos siguieron cavando como si supieran que esos cuerpos envueltos eran tan sólo un abrebocas de lo que realmente custodiaban. Y encontraron un hueco minúsculo donde, al final, 'había una piedra como suspendida donde cuatro guerreros estaban sentados. Debajo había una fisura y flechas clavadas en la tierra como defendiendo; detrás de la piedra había lanzas de más de cuatro metros'.

El día que los campesinos descubrieron la cueva, el cabrero llevaba una cámara con la que fotografió los restos de estos guerreros y las lanzas, que Navas pudo reproducir.

Con todos estos hallazgos, era evidente que detrás de las lanzas estaba lo realmente importante de la cueva. No se equivoracon.
En la cuarta cámara había ocho personas envueltas en telas, con maracas, pitos y trompetas de hueso y luego otro grupo de ocho donde había dos niños. Navas dice que el primer grupo eran los músicos que acompañaron el gran rito funerario del cacique Guanentá.

¿Será Guanentá?

El cabrero contó que siguieron escarbando hasta que se toparon con una tela dura, como encerada, y que cuando quisieron levantarla se les desfondó. Cubría los restos del dueño de la tumba.
Del cuerpo del muerto principal no hay evidencias porque hasta el cráneo se lo llevaron.

'Me dijo que estaba arropado, que tenía terciada una mochila negra hecha en hilo de algodón encerado que contenía un poporo con cal y otras dos totumas con coca y veneno, respectivamente. También un chupador y dos caritas talladas como si fueran talismanes'.

Supieron que era veneno porque se lo dieron a probar a un perro en Los Santos.

El abuelo, el cabrero recio, murió hace tres años y se llevó a la tumba muchos más descubrimientos. Desde entonces, Navas se ha dedicado a armar el rompecabezas de la tumba del cacique de Guanentá, basándose en mitos, leyendas y otras evidencias que los campesinos se han transmitido durante años.

El sociólogo Emilio Arenas, autor del libro Los Guane: el pueblo de la cingla, publicado en 2006, dice que saber que fue Guanentá es muy difícil. 'Podría ser uno de los caciques anteriores, pero puede ser él, porque los guaqueros no han hablado de restos que evidenciaran guerreros que se suicidaron, que tomaron pócimas para quedarse en una tumba', dice.

Y eso es lo que cuenta el mito del cacique Guanentá.

Algunos Indicios


Estos son algunos de los indicios en los que Alejandro Navas sustenta su hipótesis de que la tumba de El Guerrero sería la del cacique Guanentá.

1 Existe una pictografía cerca a la tumba, que ilustra la caída o lanzamiento de un ser humano al precipicio ante la presencia de los españoles (imagen de arriba).

2 Según el cronista Juan de Castellanos, estando el conquistador español Martín Galeano en Macaregua, se escucharon gritos de guerra desde el otro lado del Cañón que lo impulsaron a cruzar el río y subir a la Mesa de Los Santos. En el otro lado de Macaregua está la vereda donde se encuentra la tumba.

3 Otro mito campesino dice que la comitiva fúnebre acompañó al cacique hasta la vereda donde descubrieron la tumba. Según las leyendas, ninguno regresó y se inmolaron en el entierro para evitar revelar el lugar.

4 Una de las pistas para encontrar la cueva de Guanentá sería la existencia de una pila de moler con siete manos hechas en piedra de río, que también fue encontrada cerca de la tumba.

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