domingo 09 de agosto de 2009 - 10:00 AM

¿Cómo ser inmigrante en…?

Cuatro colombianos residentes en Sudáfrica, Hong Kong, Argentina y Estados Unidos, cuentan con sus propias palabras cómo ha sido su experiencia de vida y su aporte en tierras foráneas.

SUDÁFRICA Víctor Jiménez se labró un gran futuro en el exterior a punta de la pujanza colombiana.
A mis 21 años quería devorarme el mundo y comencé una travesía que sabía dónde empezaba, en Israel, pero no dónde terminaba y el destino me arrojó a Sudáfrica.

Hoy, 20 años después, veo que los países que recorrí y los duros trabajos a los que me le medí me prepararon para montar mis tres empresas y para echar raíces lejos de Tibaná, Boyacá, mi tierra natal, pero cerca a la sudafricana de la que me enamoré.

Siempre supe que tenía espíritu aventurero y en 1989 me gané una beca para estudiar mecánica espacial en Moscú, Rusia, pero me dejé llevar por los argumentos de un gran amigo que me habló de obstáculos como el clima, el idioma y el tiempo (debía estudiar seis años) y renuncié a la beca, vendí todo lo que tenía y despegué rumbo a Tel Aviv.

Israel es un país pequeño y como hay tantas guerras las oportunidades de trabajo para extranjeros son ilimitadas. Allá trabajé dos meses en el desierto, cerca al Mar Muerto, como programador de computadores en un proyecto experimental de cultivos hidropónicos y después volví a emprender camino.

Ese primer año el mundo me sorprendió. Después de Israel recorrí Egipto, Grecia, Italia, Francia, España e Inglaterra aplicando la fórmula más económica para viajar: trabajando en cada parada de lo que fuera, siempre que alcanzará para pasear por varias ciudades y después cambiar de rumbo sin angustias.

Una vez me radiqué en Pretoria, Sudáfrica, en 1990, la familia de la que sería mi futura esposa me ayudó a conseguir empleo en lo mío, como programador de computadores. Con los años fui ascendiendo y llegué a ser gerente de una sucursal de esa empresa, pero yo sabía que podía más.

Después de cinco años me independicé, ya conocía el negocio y el mercado. Me la jugué con mi empresa Latin Trading y salí bien librado gracias al trabajo duro y la honradez.

Hoy en día soy feliz. Tengo tres empresas dedicadas a importar y exportar productos eléctricos y de consumo, entre ellos el café colombiano.

Viajo mucho por mi trabajo y estoy en contacto con mi tierra. Me gusta promover los productos colombianos y tengo contrato con Proexport.

Lastimosamente es difícil cambiar la imagen que tienen los colombianos en el exterior, pero no imposible. En cada aeropuerto fue un suplicio enseñar mi pasaporte y pasar por una odisea de requisas, interrogatorios y miradas sospechosas, pero al final pude levantar la frente porque no debía nada.

Con mucho esfuerzo y sencillez me he ganado mi lugar en este país, tengo una esposa que conocí en mi época aventurera y dos niños.

Extraño mucho la comida colombiana pero, por encima de eso, el concepto de unión familiar que nos caracteriza y que no se ve en tierras lejanas; eso le inculco a mis hijos de la cultura latina.

También nuestro empuje. Por ejemplo, ahora que se está sintiendo el coletazo de la crisis económica y está bajando el alto estándar de vida que han tenido los sudafricanos por las riquezas naturales, como el oro y los diamantes, los latinos no bajamos la guardia.

ESTADOS UNIDOS

Edwin Alberto Escorcia fue elegido el Mejor Educador Internacional en Virginia. Con su método, basado en la danza, enseña español a sus alumnos.

La verdad, nunca pensé en llegar a Estados Unidos. Nací en Santa Marta y vivía muy bien en Bogotá, donde pasé la mayoría de mis 34 años. Me gradué como licenciado en español y lenguas extranjeras. Enseñaba francés pero sabía que me faltaba Aalgo: salir y conocer otra cultura. A mí que no me muestren fotos de la Estatua de la Libertad, hay que ir a tocarla.

Llegué aquí gracias al VIF (Visiting International Faculty Program) que ayuda a maestros a tener experiencias internacionales. Apliqué y me hicieron dos propuestas. La primera fue ir a Carolina del Sur, pero ese día el teléfono sonó en pleno funeral de mi abuela. No quise dejar a mi madre sola. ¡Pero me guardaron el cupo!

La segunda llamada la contesté al año siguiente en Santa Marta. Vestía una pantaloneta y pensaba en las delicias de Taganga, cuando una voz desconocida al otro lado me dijo: 'tiene entrevista en 15 minutos con la supervisora de lenguas extranjeras del condado de Loudon'. No me amedrenté y pasé la prueba después de una charla de 50 minutos. Fue en inglés.

Desde entonces han pasado tres años. No fue fácil adaptarme. La gente acá es muy independiente y yo estaba acostumbrado al jolgorio colombiano.

Enseño español en la escuela Sterling Middle School, en Loudon (paradójicamente, mucho mejor que Carolina del Sur). Es un lindo lugar cerca de Washington donde confluyen estudiantes de varios estratos sociales y una pasión común: la tecnología.

Bailo, brinco y canto en clase porque no me da pena y me gusta tanto como a ellos. Aclaro que yo no inventé el método porque en muchas partes se ha practicado y yo lo había visto de maestras españolas. Pero le puse mi sello, mi toque secreto, mi entusiasmo.

Comenzamos con Macarena, el Baile del Perrito y hasta hemos usado ritmos flamencos. Con ellos, mis alumnos no sólo han aprendido sobre números, gerundios y pronombres personales. Gané un importante premio. ¿Y cómo? Fui a la Conferencia Anual de Profesores de Lenguas Extranjeras en Richtmon, Virginia. Expuse mi estilo en una conferencia programada para 20 asistentes que terminó con 80 porque les bailé reggaetton. No sentí temor, ni pena, ni complejos y fue un éxito.

Una periodista se enteró del caso y me aconsejó postularme a una distinción que se entrega anualmente.

Y bueno, ya se imaginarán qué hice para recibir el premio a Mejor Educador Internacional de Virginia entre 70 postulados y 16 finalistas. Fue increíble, en la escuela lo festejaron mucho y me sacaron en el Washington Post.
No puedo quejarme. Me ha ido bien en los Estados Unidos aunque estamos padeciendo esta crisis económica.

HONG KONG

El impulso que llevó a David Castañeda a salir del país fueron sus padres.

Me gradué con honores en International Management de la universidad Anglia Ruskin en Cambridge. Allí me uní a la sociedad de negocios más grande de Anglia, Enac (European Business Association).

Mi novia de ese momento, Ana, sabía que yo estaba buscando trabajo en algún lado. Ella encontró un papel por pura casualidad, en la universidad, que hablaba de una pasantía de seis meses en Hong Kong, trabajando en el departamento de Marketing de una multinacional de nombre Traxon.

Apliqué con mi hoja de vida y una carta que escribí a la compañía. No tenía ni idea quién iba a leer mi aplicación, pero escribí una carta más personal que de trabajo.

Apenas mandé la aplicación, a los tres días recibí un correo diciendo que había pasado a la segunda ronda, que tenía que presentarme a una entrevista en la oficina de Birmingham, Inglaterra.

La entrevista fue un viernes, tenía un examen en la universidad y después me tocó salir corriendo a coger un bus que me llevara a Birmingham. Recuerdo que la persona que me entrevistó me dijo que con pasaporte colombiano todo iba a ser más difícil, pero al día siguiente recibí un correo titulado ¡Felicitaciones! Había sido elegido para la pasantía. Decía que por favor llenara la aplicación y firmara el contrato.

A pesar de que los jefes me veían como otro practicante, me mentalicé a ser un empleado dedicado a la compañía para ganarme un lugar. El idioma era una barrera, más con la gente de la ciudad que en la compañía. En la empresa se hablaba inglés, pero me tocó poco a poco aprender cantonés.

Y así fue que de seis meses pasé a hacer una pasantía de nueve meses. Lo cual alargamos a un contrato fijo. Comencé como asistente de mercadeo a impulsador de mercados y después pasé a ser jefe de desarrollo de mercados.

La crisis económica mundial no ha afectado a Hong Kong. China siempre buscó mercados alternativos para su expansión económica y Hong Kong no ha sido ajeno a este progreso. Por el contrario, la crisis ha sido una oportunidad de crecimiento.

Tengo 25 años, creo que he alcanzado mis metas. Sin embargo, para el éxito me queda bastante camino.

ARGENTINA

Ir detrás de los sueños profesionales impulsó a Milena Arango a radicarse en Argentina.

Decido salir de Colombia en 2007. Acababa de grabar dos novelas y como vivía con mi mamá pude ahorrar una plata. Tenía ganas de irme a estudiar y sabía que tenía que ser en ese momento. Decidí venir a Buenos Aires porque había estado de niña en Argentina.

Desde el momento en el que pisé Buenos Aires sabía, en el fondo, que me iba a quedar. Yo debería estar en Bogotá en menos de dos meses, pero empecé a buscar un trabajo más fuerte en Argentina que en nuestro país.

Sabía que había buenas clases de actuación y vine para tomar un curso de mes y medio. Pero las cosas cambiaron. Mi profesora era manager de actores y en una clase me dijo que me preparara para un casting.

Resultó que la prueba era en inglés. Hice el casting y quedé elegida para un papel en la película The Informers. Paralelo, me metí a estudiar pintura (figura humana) en el Museo Nacional de Buenos Aires. Yo me gradué en la Universidad Javeriana de Artes Visuales, en 2001, y desde ahí me dediqué a pintar.

Lo más difícil, al principio, fue encontrar un espacio para vivir. Al comienzo una prima me dio una mano en su apartamento, pero era difícil. Vivíamos cuatro colombianas y yo tenía que dormir en la sala. Siempre había gente en esa casa y no me podía acostar a la hora que quería.

Ese mes y medio se me convirtió en dos años. Y esos primeros meses me sirvieron para ayudar a construirme más. Desarrollé la paciencia, porque en medio de tanto desorden te toca volverte más organizada para aclarar tus ideas.

Grabé la película en Montevideo y Punta del Este y decidí seguir con los castings y la pintura. Ahora tengo cuadros en varias galerías, gané un premio (Mención de Honor) del Salón de Otoño y expuse en diferentes galerías, entre ellas con la Asociación de Mujeres Colombianas en Argentina (Amca), el Museo Nacional y varios lugares más. Mi obra es muy urbana y Buenos Aires me ayudó mucho en eso.

He participado en varios comerciales y programas. En este país ser colombiano es bueno porque nos quieren bastante. Vas a un sitio y saben de dónde eres.
Aunque en la actuación tiene sus contras ser extranjera por el acento. No me llaman para todos los castings porque ellos dicen que hablamos muy neutro. De todos modos siento que estoy encontrando mi lugar acá y sé que no soy la misma que llegó hace dos años.

Hace un mes se estrenó The Informers en Los Ángeles (la película la protagonizan Winona Ryder, Mickey Rourke, Bily Bob Thornton y Kim Basinger). Desde el momento que grabé me puse como meta ir a la premier. Le escribí al director y resulté yendo a la alfombra roja.

Había una exageración de paparazzis, eran como cien. Estaba nerviosa, pero estaba feliz. Los fotógrafos se sabían mi nombre y me decían 'Milena give me that great smile'. Se sabían la escena en la que había actuado. Me tomaban fotos, me entrevistaban. Fue un día de completa felicidad.

Después, verme en esa pantalla de cine, hablando en inglés, en Los Ángeles, era algo surreal.

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