domingo 21 de febrero de 2010 - 10:00 AM

La cara oculta del ‘made in China’

Ya no es un secreto. Los productos chinos son los más baratos entre otras cosas porque gran parte de los trabajadores que los producen están forzados a trabajar largas horas con salarios miserables, no reciben atención médica ni educación y viven en lugares diminutos. Historias de trabajadores explotados.

'La alarma suena a las 7 en punto. Todavía estoy muy dormido y quiero dormir un poco más. Cinco minutos más. Tengo que levantarme. Voy de prisa al baño. Está ocupado. Dieciséis personas vivimos en un cuarto pequeño, luchando por el turno, uno tras otro intentando entrar. Acabo de peinarme con esmero y voy a la planta de producción. Los trabajadores se saltan el desayuno casi siempre para ahorrar tiempo y dormir un poco más. No me importa mucho el dinero, pero quiero descansar un poco más, ya que los turnos de noche se prolongan hasta muy tarde. Los 10 minutos del desayuno significan mucho para mí'.

El que escribe es Li Qian, un ex trabajador de la fábrica Xin Qiao Electronics que hace abrelatas para la compañía Faberware, con sede en Estados Unidos, y que aguantó durante dos años (2004-2005), todo tipo de maltrato laboral.

'Tardamos ocho minutos en cubrir la distancia entre los dormitorios y la planta de producción. Los trabajadores recorren el camino a paso muy ligero. Tenemos que estar en la planta a las 7:30am. Un minuto de retraso nos costaría 2 euros ($5.220), casi el pago de un día de trabajo. Mi sección está en la cuarta planta del edificio y en ella hay 400 trabajadores. Cuando entro, casi todos los compañeros de trabajo ya están preparados. Todavía quedan dos o tres minutos. Encuentro un lugar para sentarme un momento, ya que una vez que empieza la producción no tenemos tiempo para sentarnos'.

Y este es sólo el comienzo. Qian cuenta que tiene un pequeño pedazo de madera en el que apoya los pies para ayudarlos a descansar. 'La muchacha al lado mío lo cogió porque llegué tarde. Después de un rato me empiezo a sentir fatal y le suplico que me devuelva el trozo de madera. Le ruego pero se niega rotundamente. El capataz se da cuenta de la situación y nos regaña: '¡¿Qué están hablando? Cierren la boca!'. Una regla de la fábrica es que no se puede hablar durante la producción o se nos impone una multa'.

En la noche, cuando termina su turno a las 10:30 p.m., Qian ha contado más de 900 abrelatas. Dice que mira el reloj constantemente. Logra tomar una ducha y ocupar una de las literas dispuestas para 16 personas.


A los ojos del mundo

Hace tres años, Zhang, una inmigrante rural de 21 años que trabajaba los siete días de la semana en una fábrica de ropa en Shenzhen, al sur de China, denunció que trabajaba horas extras todos los días 'y lo más temprano que salíamos del trabajo era alrededor de las 11 p.m. A veces trabajábamos hasta las dos o tres de la mañana y teníamos que entrar a trabajar al día siguiente como siempre, comenzando a las 7:30 de la mañana'.

La joven contó que sus empleadores le prometían media hora para el almuerzo y un descanso, 'pero, de hecho, en cuanto terminábamos de comer, debíamos volver a trabajar y no había ningún momento de descanso. El mejor día era el domingo, que sólo teníamos que trabajar horas extras hasta las 9:30 p.m.'.

Pero si el abuso en la jornada laboral es desmesurado, la atención médica asusta aún más. Un trabajador de 26 años denunció a Amnistía Internacional que no hay tiempo para ir a hospitales. 'Una vez yo estaba realmente enfermo, pero el horario de trabajo era muy apretado. Estaba muy enfermo, casi en coma, pero estuve en el hospital sólo por medio día, recibí una inyección y luego tuve que volver al trabajo'.

Y la lista de abusos continúa. Los trabajadores, además, son forzados a vivir en habitaciones donde más de 30 personas duermen en catres, sin luz natural, ventilación, ni duchas.

Basados en estas denuncias, Amnistía afirmó en 2007 que la explotación de entre 150 y 200 millones de trabajadores rurales que se trasladan de a miles a las ciudades chinas, 'es la vergonzosa fuerza impulsora que está detrás del rápido desarrollo económico'.

Pero esta situación no es nueva. Ya en 1995, Pun Ngai, hoy profesora del Centro de Investigación Social de la Universidad de Pekín y de la Universidad Politécnica de Hong Kong, se hizo pasar por una campesina y pasó seis meses viviendo y trabajando en una fábrica de productos electrónicos de Shenzhen.

Ngai quería comprobar cómo viven las mujeres que son explotadas laboralmente en su país y encontró que el dormitorio donde fue alojada, situado en el último piso de la fábrica, tenía compartimentos donde debían dormir hacinadas hasta 15 jóvenes. 'La mayoría de ellas sufría de anemia, dolores menstruales o problemas en la vista, en el caso de las que tenían que montar diminutos productos a ojo sin apenas descanso. Otras enfermaban envenenadas por el contacto con productos químicos utilizados en el trabajo o simplemente desfallecían de cansancio tras interminables jornadas en las que se les daba de comer un simple plato de arroz al día', escribió en su libro ‘Made in China’.

Y muy a pesar de las denuncias que como ésta, poco a poco han visto la luz desde hace más de 10 años, en febrero de 2009, la ONG estadounidense The National Labor Comité, publicó un informe sobre las infames condiciones de trabajo que mantenía una fábrica en la ciudad de Dongguan, que se dedica a elaborar teclados e impresoras para marcas de computadores muy conocidas.

'Los trabajadores se sientan en taburetes de madera siete días a la semana en turnos de doce horas, con horas extraordinarias obligatorias. Si tienen dos días al mes libres se pueden dar por contentos', dice el informe. Y agrega que mientras trabajan no pueden levantar la mano ni la cabeza, ni hablar u oír música, siendo vigilados por guardias. El salario es de 64 centavos de dólar por hora, unos 8 dólares diarios y están obligados a repetir la misma acción hasta 3 mil veces en una hora.

Haciendo cálculos, los empleados de esta fábrica trabajaban 80.5 horas por semana, incluidas 40.5 horas de trabajo forzoso, un 388% más de lo permitido por la ley china.


Se prenden las alarmas

En abril de 2007, las cadenas estadounidenses de comida rápida McDonald’s, Kentucky Fried Chicken (KFC) y Pizza Hut en China fueron demandadas por explotación laboral. La denuncia fue presentada tras una investigación del diario New Express de Guangdong, que afirmó que las cadenas pagaban a sus empleados hasta 40 por ciento menos del salario mínimo. La investigación reveló que McDonald’s pagaba la hora a 52 centavos de dólar (aproximadamente mil pesos), KFC a 61 centavos y Pizza Hut a 65 centavos, además de obligarlos a trabajar una jornada completa, cuando han sido contratados por media jornada o unas horas.

 

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad