domingo 01 de noviembre de 2009 - 9:00 AM

La villa del cine

En Villa Paz, un corregimiento de Jamundí, sus habitantes son actores y actrices de cine así ninguno haya pisado una universidad. De la mano de Víctor Alfonso González, ‘El director’, ya se han grabado cuatro películas.

Y de repente la calle se llenó de curiosos. Las puertas de las casas se abrieron y de ellas salieron apremiantes mujeres, niños, hombres, ancianos. Todos de raza negra, descendientes de africanos. Todos estirando los cuellos, como queriendo ver mejor. Era la tarde de un miércoles de agosto y en Villa Paz, un corregimiento que pertenece a Jamundí y que está ubicado a 40 minutos de Cali, se estaba filmando la escena de una película.

'Recuerden que desde que comienzo a grabar ya no somos nosotros, ya son las caras de los personajes actuando', se escuchó decir. Eran las palabras del director y guionista, Víctor Alfonso González.  

Inició la grabación. Víctor se movía en círculo, buscando el mejor plano. Era la escena de lo que quizá será el desenlace de un asesinato. Un hombre amenazaba con un revólver al marido de una mujer que apareció con cara de angustia e implorando por la vida de su amado. En el piso, una joven hermosísima de 16 años estaba de rodillas y con las manos juntas, como orando, para también clamar por la vida del sentenciado a muerte. No había caso. En la mirada del hombre del revólver no se notaba un ápice de misericordia. La suerte estaba echada.

En ese momento, un aguacero bíblico se desprendió del cielo y la grabación se suspendió. El desenlace de la escena quedó en suspenso.


II

Para llegar a Villa Paz se debe atravesar Jamundí y tomar la carretera que conduce al corregimiento de Potrerito.

Una hacienda cañera de paredes blancas es la primera edificación que anuncia la llegada a este pueblo que fue fundado en 1892 y que sólo ahora es noticia gracias al cine.

Después de unos metros de la hacienda cañera, aparecen a lado y lado de la carretera casas en bahareque y algunas de cemento y ladrillo. En la plaza central hay una cancha de microfútbol que al mismo tiempo funciona como cancha de baloncesto. También hay, en una esquina, un puesto de chance, la droguería San José y carteles de cartulina pegados sobre paredes que anuncian ventas de minutos a celular a $150 y paletas a $200.

A Villa Paz había llegado con la intención de comprobar si era cierta la historia que escuché como un rumor de la boca de un fotógrafo amigo: esa historia que afirmaba que en un corregimiento desconocido, de gente dedicada a la agricultura, a la docencia, a los servicios domésticos, en donde no hay forma de educarse profesionalmente, sus habitantes filmaban películas.

Que el gestor de todo era Víctor Alfonso González, un albañil de 24 años que jamás había ido a una universidad. Que el hombre filmaba películas con celular o cámaras digitales de fotos y que le quedaban bastante aceptables, así aparecieran actuaciones de hombres muriendo que se reían. 'No importa eso. Lo importante es que las películas están', dijo el fotógrafo.

Seguí caminando junto a Víctor para conocer el fondo de la historia que resultó ser cierta, una poesía viviente de la superación humana en medio de estos tiempos de crisis económica. Vamos en busca de su padre, Armando González, un hombre que en el pueblo tiene cinco nombres distintos por culpa del cine. Es que don Armando, un negro alto y delgado que ya anda por los 50 años, además de ser maestro de construcción y ganarse la vida levantando casas de guadua, es actor y por lo regular siempre encarna el papel protagónico de las películas. La paradoja de su vida es que ni siquiera tiene televisor.

Mientras llegamos a su casa, Víctor sigue hablando de Villa Paz. Cuenta que los ‘ricos’, que en el pueblo son los docentes, son los únicos que tienen antena parabólica. Entonces, Víctor se ríe pícaro y lanza esta perla, quizá pensando en las ironías de la vida: 'Yo, que soy el director, guionista, editor y hasta actor de las películas que acá hacemos, tampoco tengo parabólica'. Después lanza otra frase que desconcierta aún más: 'Tampoco sé qué es una sala de cine. Nunca he entrado a ver una película'.

Entonces su trabajo como cineasta empírico cobra una relevancia aún mayor. Ante Víctor y sus producciones hay que quitarse el sombrero.

‘El director’, como algunos lo llaman mientras camina por estas calles, cuenta que la gente en Villa Paz vive en su gran mayoría de la agricultura. Otros, los que pueden estudiar, que son pocos, trabajan como docentes en Cali y Jamundí. Hay también quienes se dedican a la construcción, obreros como él y su padre. Pero todos aquí, no importa el oficio o la profesión, dice Víctor, pueden ser actores o actrices de cine en cualquier momento. Varios ya han actuado en sus películas.

No interesa que ninguno jamás haya pasado por una universidad, un taller de expresión corporal o ni siquiera hayan visto una obra de teatro. Lo que importa es meterse en el personaje e interpretarlo lo mejor que se pueda. Y disfrutar. Lo interesante es verse en la pantalla y que al otro día el actor no se llame como lo bautizaron sino con el nombre del personaje que interpretó.

Así, don Armando, por ejemplo, en una calle puede responder al nombre de Secundino, y en la siguiente, al de Anastasio. Llegamos a su casa.

III

Dos días antes de ir al pueblo me encontré con Víctor en una banca del parque principal de Jamundí. Le había pedido que nos viéramos en ese lugar porque a Villa Paz no tenía idea de cómo llegar. Iba a su encuentro en busca de esclarecer su historia. ¿Quién es el gestor del milagro del cine en ese paraje?

Víctor, sentado en la banca, abrió a propósito de la pregunta un maletín y de él sacó cinco cajas de dvd. Las puso en mis manos, como para empezar a responder.

Enseguida empezó a hablar. 'Estas son las películas que se han hecho en Villa Paz con actores espontáneos. Todo empezó porque yo escribo desde niño. Escribo fábulas, cuentos. Y yo quería convertir esos escritos en vídeo, motivado por mi hermano Julio César. Y así quedó todo y él se fue, porque es policía. Cuando llegó, tiempo después, yo ya tenía lista la primera película, ‘Amor sin perdón’. La filmé en el 2008 con la cámara de un celular Nokia 6300. Mis familiares eran los actores. Después invitamos a otras personas de la comunidad y eso causó un gran impacto'.

Enseguida agregó: 'Lo mío es el cine. Me gano la vida como albañil, pero mi sueño es estudiar para dedicarme al cine, que es una bella forma de mostrar los pensamientos que a uno le surgen'.

‘Amor sin perdón’ es una historia trágica, una especie de Romeo y Julieta del siglo XXI. Cuenta la historia de Anastasio (don Armando), un maestro de obra que sufre una decepción amorosa. Lucía (Mariana González), su mujer, un día decide irse con el mejor amigo de Anastasio, un tipo llamado Cristancho (Daniel González). Con el tiempo Anastasio se recupera de la decepción, encuentra un nuevo amor, viaja a España donde consigue dinero y cuando la vida le sonríe y regresa a Colombia a disfrutar de las mieles del amor y la riqueza, aparece una Lucía celosa que le dispara con un revólver hasta matarlo. Después, la propia Lucía se dispara en la cabeza. Por su cuerpo, se ve en la pantalla, escurre algo que parece sangre. En realidad es jugo de remolacha.

Ese filme lo grabó dos veces. Primero con el celular. Después, con una cámara digital que le regalaron.

Volviendo a ‘Amor sin perdón’ se puede afirmar que el resultado final es muy aceptable. La película tiene incluso sueños de grandeza, tantos, que Víctor la tradujo al inglés gracias a Internet. Una traducción imprecisa, pero eso a la larga no interesa.

La segunda película que se filmó se llama ‘La última gallina en el solar’. Es la historia de un mito, una gallina que pone huevos negros. En resumen, la historia es esta: Sandra (Ingrid Juliet Rivas), una mujer de Alteron (fue el primer nombre que recibió Villa Paz), hereda una gallina que pone huevos negros. Secundino (Armando González), el capataz del pueblo, un hombre déspota, y El Mosca (Hubeimar Balanta), un delincuente por naturaleza, no descansan hasta tener en su poder la gallina milagrosa…

‘La senda equivocada’, el tercer filme que se ha grabado en el pueblo, narra la historia de una familia. Uno de los tres hijos se pierde en las drogas, la otra hija, menor de edad, queda embarazada, aborta y muere, provocándole también la muerte a su madre. El último de los hijos le apuesta al estudio y sale adelante.

‘Tiempo de angustia’ es la más reciente producción que se ha filmado y allí don Armando se faja tremenda actuación, interpretando tres papeles. La película narra historias de hombres que con poco dinero salen adelante, cumplen sus sueños.


IV

Más que un logro personal de ‘El director’, el asunto del cine en Villa Paz es un fenómeno social impresionante. Muchos de sus habitantes ya ven la posibilidad de actuar como un proyecto de vida, sobre todo los jóvenes, y eso es clave en una población en la que encontrar un empleo es casi una hazaña.

Vanessa Carabalí, por ejemplo, es una de esas jóvenes que sueñan con convertirse en una gran actriz. La muchacha, una de las mujeres más lindas de Villa Paz, afirma que después de haber actuado en ‘La senda equivocada’, donde interpretó a Leydy, la adolescente que queda embarazada y aborta, se le metió esa idea en la cabeza.

El sueño de Mariana González, por su parte, no es el de aparecer en televisión, aunque actúa bastante bien, sobre todo si se trata de escenas melodramáticas. Mariana es una madre comunitaria de Villa Paz. A ella también el cine le cambió el nombre. La gente le dice ‘La llorona’, por su papel en ‘La senda equivocada’. En ese filme siempre entra en acción gritando y con lágrimas en los ojos.

'Esto que está gestionado Víctor es un ejemplo para el pueblo, para los jóvenes, un mensaje para que sigan adelante. Y yo, más que ser actriz, lo que sueño es con que el cine de Villa Paz se conozca en otras partes'.

Los actores que aparecen en las películas de Víctor han tomaron otro estatus, se volvieron celebridades que no saben de egos, de orgullos. Y hablando de celebridades, ahora estrecho, por fin, la mano del protagonista de las películas, don Armando González.

Le pregunto que si se imaginaba ser actor, verse en la pantalla. Me dice que no, que él de muchacho veía películas mexicanas, esas de Antonio Aguilar, de Jorge Negrete, y se decía a sí mismo que podría actuar. ¿Y le creyó a su hijo cuando le salió con el asunto de hacer una película?

'Sí. Una vez me vio cantar la canción ‘Ella’, de José Alfredo Jiménez, y me dijo que la repitiera para grabarme y hacer un video. Yo le hice caso. Al otro día me dijo que lo que íbamos a hacer era una película. Me dijo, porque yo le conté una historia de una decepción amorosa mía, que me parecía mucho a Anastasio, un personaje de un cuento de él. Y me comentó que yo iba a ser de Anastasio. Sin darnos cuenta, hicimos la película'.


V

Mientras amainaba el aguacero que cayó sobre Jamundí y que dejó la escena en suspenso, todos, actores y director, retomaron sus labores. Las amas de casa retornaron a sus hogares, los obreros, a sus construcciones; los agricultores, a limpiar cultivos de arroz. Víctor, por su parte, me contaba que las películas las edita en un programa que trae cualquier computador familiar: Windows movie maker.

La música la consigue en Internet y si necesita que un hombre joven aparezca como un anciano, recurre a un maquillaje artesanal: maizena en la cabeza. Nadie de este curioso elenco, sospecho, se ha dado cuenta que están cambiando la historia de este paraje olvidado en dos. Nadie sabe de su propia grandeza.

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad