miércoles 15 de abril de 2009 - 10:09 PM

Oficina de Envigado, centro de operaciones de alias 'Don Mario'

La 'oficina de Envigado', que según un reporte policial cuenta con 3.648 miembros divididos en 143 'combos' o grupos de base, se mantuvo activa tras la muerte de Pablo Escobar, bajo la dirección de Diego Fernando Murillok, alias Don Berna.


'Don Berna' puso a sus hombres al servicio de los paramilitares de ultraderecha en la última década. Pero tanto Murillo como su sucesor, Carlos Mario Aguilar ('Rogelio'), están detenidos en cárceles de Estados Unidos, donde intentan negociar una rebaja de penas a cambio de entregar parte de sus fortunas y delatar a subalternos.

'Rogelio' se entregó el año pasado, tras una serie de asesinatos contra colombianos supuestamente vinculados al narcotráfico en Buenos Aires, a donde había huido. Otros crímenes atribuidos a la 'oficina' tuvieron lugar en Paraguay, Brasil y Ecuador, según la policía.

El mando de la Oficina de Envigado quedó en manos de alias Don Mario, quien ha sido el mayor beneficiado durante la consolidación de posiciones en los barrios deprimidos de Medellín a través del reclutamiento de jefes de bandas que en el pasado trabajaron para la Oficina, y quienes se niegan son amenazados o asesinados.

Enfrentamiento entre bandas y división de miembros

Desde hace varias semanas las autoridades realizan seguimiento a los miembros de la Oficina de Enviado por sus continúos enfrentamientos en la ciudad de Medellín.

"Las explicaciones que recibimos de la policía coinciden en señalar que dos de los miembros de la 'oficina' se están enfrentando y eso ha llevado a la racha de asesinatos", señaló a la agencia de noticias AFP Jesús María Calle, secretario de gobierno de Medellín.

Con los patrullajes de estos militares y de unos 6.800 policías -desplegados especialmente en las comunas levantadas sobre las empinadas montañas que la rodean- una calma relativa volvió a la ciudad.

En los operativos se detuvieron a 100 personas con antecendentes judiciales, se incautaron decenas de armas y se inmovilizaron diez motos y un auto, según un balance del comandante de la policía de Medellín, Dagoberto García.

Pero en las calles de las comunas, como son llamados los conglomerados de barrios de casuchas de ladrillo y tejas de metal, los ritos de la Semana Santa estuvieron rodeadas del temor a las acciones de los "muchachos", también conocidos como sicarios.

Y es que tan sólo la mención de la 'oficina de Envigado', como su paralela 'oficina de Itagüí' -las dos más importantes bandas sicariales surgidas al amparo del narcotráfico- siguen provocando un respeto reverencial.

En el barrio 'El Popular', la policía realiza ahora los patrullajes que hasta hace una semana realizaban grupos de jóvenes armados de la 'oficina'.

Estas agrupaciones tomaron el nombre de 'oficinas', pues en un comienzo funcionaron precisamente a través de empresas de alquiler y venta de bienes raíces o de cobros judiciales de deudas morosas.

Narcotraficantes como Escobar contactaban a los responsables de las oficinas para encargarles 'trabajos', generalmente asesinatos o atentados, y estos a su turno contactaban a los sicarios, muchachos pobres dispuestos a todo. Así se borraba cualquier rastro entre autores intelectuales y materiales.

Según un diario bogotano citado por AFP el sábado, as delaciones en Estados Unidos desataron el actual ajuste de cuentas. "No tenemos informes sobre esa hipótesis", dijo el secretario de gobierno local. "Pero sí hemos constatado un rebrote de violencia generado por actividades relacionadas con el narcotráfico", agregó.

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