domingo 25 de abril de 2010 - 10:00 AM

‘Sé que mi papito volverá...‘

Johan Steven Martínez, de 12 años de edad, accedió a contar detalles de su vida y su infancia marcada por el secuestro de su padre: un hombre retenido desde que el pequeño estaba en el vientre de su mamá.

- ¿Sabes que volverá?
- 'Sí. Lo sé. Lo siento. Con la ayuda de Dios tengo la fe de que mi papá y todos los secuestrados de Colombia regresarán a sus hogares. Nunca pierdo la esperanza'.

La respuesta proviene de Johan Steven, un reflejo de la más blanca inocencia acompañada de sapiencia. Un niño que deslumbra con su inteligencia, persistencia y su capacidad para entender que en la vida no todo es como se quiere.

En medio de experiencias a medias, tareas inconclusas y vacíos por llenar, Johan, como todos los días y sin que nadie se lo recuerde, ruega porque su papá regrese a casa. 'Me levanto a las 8 de la mañana, hago mis tareas, voy al colegio, regreso a casa, veo ‘Los padrinos mágicos’. En cada minuto o espacio que tengo del día aprovecho para rezarle a ‘papito Dios’ y pedirle que mi papi regrese. Pido para que los señores de las Farc no lo tengan más secuestrado'.  

Johan no lo conoce, pero habla de Libio José Martínez con tanta propiedad como su más preciado tesoro, ese que cuida y contempla todos los días como algo invaluable e irremplazable.

'Él es una persona que, desafortunadamente, por causa del secuestro,  llevo más de 12 años sin conocerlo. Una persona más que, a causa del conflicto en este país, vive retenido. Es un militar que por defender a la patria hoy está en la selva. Es un hombre muy fuerte que ha resistido mucho y que me ha dado la fe y fortaleza para seguir luchando por su libertad', expresa Johan, quien se define como un niño ‘muy juicioso’, amante de la lectura, hincha acérrimo del Deportivo Pasto y un destacado alumno de séptimo grado en la Escuela Normal Superior de Pasto.

Claudia Tulcán, su mami –como él la llama- es también su guía, su compañera y mejor amiga; es quien le ha inculcado a Johan el respeto y la admiración hacia Libio. Ella le ha narrado innumerables anécdotas de su padre y en cada una de esas historias destaca una característica: un hombre valiente, fuerte, luchador, un hombre que quiso a Johan desde el momento que lo concibió; así lo manifiesta el niño.

Esta admirable mujer, que ha sido padre y madre para Johan, es quien ha tenido la tenacidad para responder una a una las preguntas de un niño con ansia de conocer a su padre. Con afán de saber por qué no está.

-¿Cuándo supiste la verdadera razón de la ausencia de Libio José?, le pregunté, y Johan respondió con absoluta claridad y vehemencia.

-'Yo tenía cuatro años y entré al colegio a cursar preescolar. Yo veía que mi madre siempre me llevaba sola al colegio, mientras mis compañeritos en ocasiones iban también con sus papás. Entonces yo le pregunté: ¿qué pasó con mi papá?, ¿por qué no está conmigo?, ¿por qué yo no tengo papá? En ese momento mi madre me explicó todo y supe que él estaba secuestrado.

Antes de escuchar la respuesta de Claudia, Johan nunca supo quién era Libio y por qué no estaba. Hoy Johan colecciona en su mente uno a uno los momentos que le hubiese gustado compartir con su padre y aquellos que tiene guardados para cuando él regrese.

'Mi papá se perdió de momentos especiales como mi niñez. No hemos podido jugar como padre e hijo, no hemos podido salir a pasear. Mi papá se ha perdido de mis cumpleaños, también de mi grado en primaria, el abrazo de todos los días, pero yo tengo la esperanza de que lo liberen pronto para recuperar todo lo perdido'.

El país debe oírlo

Sin recordar cuándo, dónde, ni cómo fue, Johan calcula que alrededor de los ochos años de edad sintió que el país debía oírlo y entonces decidió acercase a los medios de comunicación para invocar la liberación de Libio.

Desde entonces –replica el niño- tiene claro que no pasará un segundo de su vida sin recordar a su padre. Un padre que no conoce más allá de fotografías y videos.

'El país debe escucharnos, no sólo a mí. El país tiene que escuchar a cientos de hijos, madres, esposas de secuestrados que hoy se encuentran en las selvas de Colombia. No sólo a mí, sino a todas las personas que vivimos el conflicto del secuestro y la pérdida de nuestros seres queridos', exclama Johan de manera apasionada.

Para seguir luchando

Para cada familiar de un cautivo una prueba de supervivencia es como una sobredosis de energía. Un motivo para continuar. Una razón para no desfallecer, y para este pequeño no es diferente.

'No sé cuantas pruebas de supervivencia tengo, no sé porqué no las he contado, pero sí las tengo guardadas en una cajita de madera muy bonita', afirma Johan aludiendo a cada una de las pruebas de supervivencia que ha recibido de Libio José Martínez desde aquel 21 de diciembre de 1997 cuando fue retenido por las Farc.

'Las guardo en una parte especial de mi armario donde las puedo encontrar. Son mi tesoro más preciado', continúa Johan y, con ímpetu, como si el tiempo se acabara y esta fuera su única oportunidad de expresarlo, cuenta que todos los días busca esa cajita para recordar a su padre, pues allí también guarda algunos objetos personales y fotos de Libio que lo impulsan a seguir adelante.

¿Lloras mucho?, continué preguntando.

- A veces sí, responde.
'Cuando me acuerdo mucho de mi papá, cuando pienso qué pasaría si mi papi estuviera conmigo, cuando pienso en que las cosas serían mejores. Pero mi mami siempre está ahí, ella me consuela y me da ánimo para seguir adelante', continúa Johan con su voz quebrantada, aclarando que se deprime 'ni muy lejos, ni muy seguido', pero que sí se da la oportunidad de hacerlo para luego levantarse y continuar su vida con más valor.

Lo ‘impensable’

Johan recuerda que así como su ‘mami’ también sus abuelos maternos, Gerardo y Ana Julia, han sido un gran apoyo y orientación. 'Ellos me corrigen y me ayudan mucho. Incluso me ayudan a entender hechos tan terribles como lo que le pasó al coronel Guevara', expresa desconcertado.

Cabe recordar que el pasado primero de abril la señora Emperatriz Castro de Guevara recibió de las Farc los restos de su hijo, el coronel Julián Ernesto Guevara, secuestrado en 1998 y muerto en cautiverio en enero de 2006.

Hoy cientos de familiares de secuestrados temen porque sus seres queridos corran con la misma suerte.

'¡Claro que no!, ¡jamás!', exclamó Johan sobre la posibilidad de que a Libio le suceda lo mismo que a Guevara.

'Todo lo contrario'. Yo siempre pienso en que él está bien, en que él tiene mucha fuerza todavía para seguir luchando. Yo desde acá le envío mucha fuerza, mucha fe, mucho ánimo para que soporte todo y salga bien de esto', expresó y con gran lucidez, como si encarnara en un adulto, habla de su desacuerdo por un rescate militar.

'Un rescate militar es abrir fuego. Un rescate militar sería muy malo para todos los familiares de los secuestrados. Lo señores de las Farc lo han dicho. Está en riesgo, está en juego, está en peligro la vida de nuestros seres queridos'.

Johan, quien a sus 12 años de vida debería estar concentrado en compartir con sus amigos, sabe la 'crueldad' que encierra la palabra guerra y sus consecuencias letales, pero en su corazón no concibe el desprecio por aquellos hombres que, valiéndose de acciones infames, le negaron la oportunidad de crecer acompañado de un papá.

'Yo no le guardo rencor a las Farc. Yo no puedo juzgarlos. Nadie es perfecto. Para eso esta ‘papito Dios’, él será quien se encargue de juzgarlos a ellos, juzgarlos el día que les toque a ellos'.

‘Esperando a que el próximo sea mi papá’

El pasado 28 de marzo el país vivió la liberación del soldado Josué Daniel Calvo. Dos días después, el 30 de marzo, de nuevo los colombianos se conmovieron con el regreso del sargento Pablo Emilio Moncayo, quien cumplió 12 años en cautiverio. Estas fueron las primeras dos liberaciones en el año y, al parecer, las únicas porque las Farc anunciaron que no liberarían más rehenes de manera unilateral.

Entonces Johan se pregunta ¿cuándo será el turno de mi papá?, y de inmediato se responde 'me siento contento cada vez que una persona recupera su libertad porque es un ser humano que merece ser libre. Pero me siento triste porque desafortunadamente mi padre sigue en la selva, porque mi padre se vuelve a quedar y quién sabe hasta cuándo'.

- ¿Continúas en línea?

- Sí señora. Responde tres segundos más tarde. Respira intensamente como si recargara batería y continúa hablando.
- Una vez hablé con la senadora Piedad Córdoba. Ella me ha dicho que tengo que tener mucha fuerza, que ella va a seguir luchando por la liberación de mi padre y yo creo en ella, por eso quiero agradecerle a ella y al Gobierno por seguir luchando por los secuestrados', concluye Johan otra vez embriagado de optimismo.

LA VOZ DEL EXPERTO

Perfil de un niño a los doce años

Flor Ángela Ortiz
Psicóloga clínica

'Un niño a los doce años a nivel emocional se empieza a inquietar por socializarse con grupos de pares. Se enfoca a tener amigos. Sus estructuras mentales inician el proceso de abstracción y de análisis con niveles de complejidad.

Johan es un niño que, debido a su situación familiar marcada por el secuestro de su padre le han hecho tener experiencias que las asimila como adulto, pero sigue siendo un niño.

Su realidad y la forma como él ha asimilado el secuestro, la manera como su familia lo ha involucrado, hace que él se sienta protagonista de este hecho tan doloroso, y le hacen pensar que él es un adulto, o un niño ‘maduro’, por eso se explica que en ocasiones se exprese como una persona mayor'.

Mensajes

Al gobierno nacional: 'Que siga luchando por la liberación de mi padre, que siga luchando por los demás secuestrados que aún quedan en las selvas de Colombia, que siga luchando porque todos vuelvan a sus hogares'.

A las Farc: 'Que liberen pronto a mi padre y a todos los secuestrados'.

A Libio José: 'Que lo quiero y que sigo luchando por él, que no he perdido ni la fe ni la esperanza, que he seguido y voy a seguir hasta que este libre, hasta que esté conmigo'.

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