sábado 01 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

Siguen apareciendo ‘bajas del ejército’

El 30 de agosto de 2007 empezó el horror para las familias de Jairo Andrés Palacio Ramírez, de 19 años, los hermanos Juan Manuel, de 28 años y Luis Fabián Castaño Zuleta, de 24; y Leonardo Fabio Zapata, de 38 años, pues partieron de sus casas manifestando que viajarían a Medellín para adquirir una mercancía, pero sólo hasta el 1 de septiembre vinieron a saber que habían sido asesinados en Segovia, Antioquia.

Ahora, Alba Gladis Ramírez, madre de Jairo y Julio César, hermano de los Castaño Zuleta y amigo de Leonardo, decidieron romper el silencio y ante La Tarde, aseguraron que vienen siendo amenazados desde el momento en que murieron sus parientes, en extrañas circunstancias.

Alba viajó a Segovia el lunes 3 de septiembre, para buscar a su hijo, pues éste se comunicó con ella varias veces y le prometió que regresaría el 2, pero como ni siquiera respondía al teléfono, se preocupó.

Antes de eso, Julio logró contactarla y le dijo que sus hermanos habían salido con su hijo, y que tampoco aparecían y por ello empezaron su búsqueda.

"Llegamos y empezamos a buscar por todos los hoteles pero no aparecían. El miércoles (5 de septiembre) fuimos a la iglesia y después para la Policía, me le acerqué a un señor de la Sijín y le mostró la foto de mi hijo, entonces me replicaba que quién me había dicho que ahí estaba mi hijo y yo le dije, porque mi hijo me lo dijo.

Entonces golpeó duro el escritorio y dijo -¡hijueputa, estos chinos!- y me dijo -¿su hijo tiene brackets?-. Entonces le pregunté, ¿señor dígame qué pasa?, -¿su hijo tiene un tatuaje del rostro del Señor?-. Entonces me dijo, siga y me mostró las fotos de ellos muertos", recordó.

SINDICADOS DE EXTORSIONISTAS


Al cuestionar al uniformado sobre qué había ocurrido, le informaron que en la estación habían recibido una llamada anónima que alertaba sobre la presencia de cuatro extorsionistas a lo que ella respondió que era imposible porque él estudiaba, estaba validando el bachillerato.

'Yo le dije, ¿entonces a usted le dicen que yo soy extorsionista y usted ahí mismo me va a matar?, -ay señora, no pregunte, dé gracias a Dios que ya lo encontró-'.

Peor aún fue saber que no sólo a él sino a los otros cuatro risaraldenses ya los habían enterrado y se encontraban en una fosa común de la vereda Campo Alegre en Segovia, Antioquia.

La Fiscal del pueblo no supo explicar por qué razón los cadáveres fueron enterrados tan rápido, aunque reconoció que todo estaba muy extraño. El jueves 6 de septiembre le hicieron la exhumación a los cadáveres y el viernes por la mañana fueron trasladados a Pereira.

'Ellos (la Fiscalía y la gente de la funeraria) nos contrataron la avioneta y el taxi en el que nos movimos en el pueblo durante todo el tiempo. Yo también vi cuando el señor de la funeraria, un tal Jorge, falsificaba las firmas para sacar los cuerpos (los certificados de defunción y permisos para trasladar el cadáver). Entonces yo le dije que me daba miedo eso y me salió con -¿usted se lo quiere llevar o no?, ¿quien va a decir algo?, nadie', afirmó Alba Gladis.

De igual manera estas personas conocieron que ‘Jorge’ se había encargado de practicar el levantamiento en compañía de la Sijín y que por si fuera poco, había sepultado los cuerpos. '¿Usted por qué hizo eso y por qué los enterró?. -Me dieron la orden de enterrarlos y los tenía que enterrar-, yo le pregunté', dijo el hermano de los Castaño Zuleta.

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