domingo 09 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Una década sin hermano, amigo y genio impertinente

A tres voces, AMorales, Marisol Garzón y Germán Izquierdo, conmemoran 10 años del asesinato de Jaime Garzón.

El próximo 13 de agosto, a las 5:45a.m., se cumplen 10 años del asesinato de un genio que tomó forma de hombre. Junto con él murieron personajes que nos hicieron reír de nuestra propia desgracia. Esa mañana de aquel viernes, Antonio Morales, quien fuera el guionista y director periodístico de Quac, parodia semanal de un noticiero en el año 1999, dormía en su casa cuando lo llamaron y le dijeron: 'antes de que te lo pilles en la radio, mataron a Jaime'.

En otro punto de la ciudad, Marisol Garzón, hermana de Jaime, se alistaba para salir. Prendió la radio pero prefirió apagarlo después de que dijeran que viernes 13 era de mal agüero. Luego el teléfono timbró y el dolor la nubló.

En los pasillos de una universidad capitalina, un estudiante bogotano escuchó desde su walkman la noticia, se trataba de Germán Izquierdo.

Para recordarlo, Colprensa habló con estos tres personajes que recuerdan al amigo, hermano y genio impertinente.

Antonio Morales: 'A JAIME NO LO MATARON POR CHISTOSO, SINO POR SERIO'

Si Jaime Garzón estuviera vivo, ¿qué estaría haciendo ahora? Estaría muerto. Siempre fue inconveniente para dirigentes políticos de este país, además porque seguiría metiéndose en problemas de Acuerdo Humanitario. Estaba condenado por razones de su propia manera de ser, no tenía pelos en la lengua, era un ‘jetón’.

¿Qué perdió el país tras su asesinato? El humor político. El problema de estos diez años de ausencia de Jaime es que desde entonces no existe una disposición a hacer humor político y de opinión, por lo menos en televisión.

Según usted, ¿por qué lo mataron? A Jaime no lo mataron por humorista, sino por serio. No porque tuviera personajes que se burlaran de sectores del poder, sino porque perdió ese blindaje que le permitía sobrevivir. Jaime era un personaje de la ficción.

¿En qué momento pierde ese blindaje? Cuando empezó a hacer entrevistas reales, así fuera ‘Heriberto de La Calle’. Allí empezó a ser parte de la realidad, pero con el peso de ser él.

De cierta forma confiaba en que no lo matarían. ¿Por qué? Creía que por ser Jaime Garzón, el bufón de la corte colombiana, era intocable, pero este es un país tan tremendo que su corte se arroga el derecho de matar al bufón.

¿Le tenía miedo a la muerte? Jaime tenía una relación particular con la muerte, pues su padre murió cuando era niño, lo vio agonizar. Durante muchas veces insistía en que quería morirse antes de los 40, como su papá. Lo logró, él mismo se mandó matar de alguna manera. Fue una tragedia griega. Tenía un problema sicológico y patológico. No tenía papá, pero quería uno y lo encontró en el poder. Su papá era César Gaviria.

No era paradójico que buscara el poder cuando criticaba la concentración del mismo…Es una expresión de la parte oscura de Garzón. Jaime era un ejemplo de movilidad social, mientras quería estar en la cima y ambicionaba el poder, ejercía una crítica impresionante, fue casi una doble moral.

JAIME, SU HERMANO DEL ALMA

Pronta a lanzar su libro, ‘Jaime mi hermano del alma’, Marisol Garzón lo define como un ‘berriondo volado’.

¿Cómo han sido estos diez años sin su hermano? (Silencio) Muy duros. Era un gran hermano, precioso, sobreprotector, siempre me llevó de la mano. Fue muy conciliador, aunque nunca fue serio, hablar con él en serio era espantoso.

De su libro anuncia aspectos 'que nadie conoce de la vida de Jaime', ¿cuáles? Anécdotas que sólo pasan con sus verdaderos amigos: la familia. Un día, ya adolescentes, nos gustaba echar ‘séptimazos’ y de pronto él salía corriendo y se encaramaba en un bus y se iba. Me dejaba sola. ¿A este man qué le pasó?... Luego decía que se había acordado de algo, pero no se despedía ni nada.

¿Cuál escogió para contar de cuando era niño? Era muy inquieto. Terrible. Alguna vez tuvieron que amarrarlo con un lazo porque en todas partes estaba a punto de ahogarse, caerse o matarse. Llegaba a Honda, se sentaba en el puente Agudelo y empezaba a leer el periódico, leía hoja por hoja y así las iba botando al río. Cuando terminaba se quitaba el pantalón, las gafas y se botaba desde el puente, salía al otro lado y recogía sus cosas como si nada.

¿Quién era Jaime para su madre? Para mi mamá, Jaime era su gordito, porque de niño era gordo. Fue muy especial, también se le burló aunque ella le advertía: 'De mí no se venga a burlar, no sea atrevido', pero a veces se le reía. Se adoraban. Su pérdida la perjudicó muchísimo. Duró ocho años preguntándome todos los días, porqué me mataron a mi gordito.

¿Qué consejos recuerda de Jaime? Decía: ‘Lea pa’que hablemos’, a veces me sacaba la piedra. Con él uno no podía ponerse a hablar ‘carajadas’. Ah, y que no me tomara la vida tan en serio. La vida de Jaime era como chiste.

¿Qué le molestaba? Que la gente lo tomara como un show de humor. Era algo tímido. No era humorista ni periodista, se valía del humor para hacer crítica y decir lo que creía. Uno de sus dichos era: 'Joven periodista, hágase bachiller', por ofenderlos.  Era un pedagogo, eso era Jaime.

¿Cómo fue esa última semana de agosto de 1999? Los últimos meses me decía: me voy a hacer un mandado, como cuando mi mamá nos pedía que fuéramos por pan, se iba a negociar secuestros. No quería compartirme esa angustia, pero esa semana lo sentí preocupado y triste. Lo encontré uno de esos días borracho entre la camioneta muy mal, me dio mucha tristeza. Jaime era muy tranquilo, confiado y sobretodo, inocente. Sé que sentía miedo cuando le mandaban decir que andara solo para que la cosa no fuera tan traumática; tenía la esperanza de llegar vivo, pero la orden ya estaba montada.

En un principio usted se negó a llevar el cuerpo de Jaime al capitolio. ¿Por qué? No quería que fuera al capitolio, me sonaba a espectáculo, pero ese man se burló de todo el mundo, él se merecía esa despedida. Lo llevamos a la funeraria y me dijeron que el cajón debía quedar sellado, porque había quedado muy destrozado, (a Jaime le volaron el ojo izquierdo cuando se volteó a mirar por la ventana del carro). Me molesté mucho y le dije: remiéndelo. A mi hermano lo vemos todos. Recuerdo que quedó con una marca como de Frankenstein, hasta muerto se veía chistoso.

Germán Izquierdo: 'JAIME ERA UN POP STAR'

Aunque nunca vio a Jaime Garzón, este joven periodista y escritor lo conoce mejor que muchos, tras una ardua investigación que lo llevó a escribir su primer libro, titulado ‘Jaime Garzón: el genial impertinente’.

¿Quién es Garzón en su libro? Lo interesante de Garzón es que tenía desdibujada la línea que separa la frontera de la vida pública de la privada. Era la misma persona que se veía en la televisión, violaba las reglas, se disfrazaba de policía y paraba al trafico.

¿Qué descubrió luego de la investigación? Que Garzón tenía una tendencia a ser mártir, le gustaba el reconocimiento, soñaba con ser una especie de prócer del siglo XX.

Usted estudió la relación Jaime vs. autoridad ¿Por qué? Odiaba y se burlaba de todo tipo de autoridad, cambiaba cuando se sentía amarrado. Por eso no aceptaba escoltas, hizo lo que se le dio la gana y fue un hombre muy generoso. Era como una mariposa que iba y volvía.

¿Por eso era tan mujeriego? Él no podía estar atado a nada. El matrimonio era un compromiso que lo ataba, siempre salió con otras mujeres, decía que al igual que Bolívar, no era hombre de un solo corazón. Creo que era un estilo de Pop Star que vivió al extremo: mujeres, trago y droga, para finalmente morir joven.
 
En su libro cuenta historias curiosas de su vida, ¿cuál es su favorita? Jaime se burlaba de los formatos. Alguna vez mandó por hoja de vida la foto de su perro ‘Leopoldo’ y toda su información.

¿Qué de todo fue Jaime Garzón? Para mí fue un humorista y genio. Sobretodo con ‘Heriberto de la Calle, porque no había libreto. Llegó a ser tan importante que quien no se lustrara con él, estaba fuera de la arena política del país.

LIBROS DE UN HERMANO Y GENIO IMPERTINENTE

El periodista y escritor Germán Izquierdo se estrena con ‘Jaime Garzón, el genial impertinente’, una iniciativa del grupo Planeta, en el que cuenta los años de universidad de Jaime y cada uno de sus proyectos que tuvieron impacto, como ‘Zoociedad’ y Quac, en los años 90, así como ‘Heriberto de La Calle’.

'Es un perfil narrativo con una base histórica y política del país, en resumen el impacto de su humor. Creo que hice cerca de 42 entrevistas y una gran cantidad de documentos y prensa', comentó Izquierdo.

De otra parte, Marisol Garzón lanza su libro ‘Jaime Garzón: mi hermano del alma’, quien luego de grandes esfuerzos para conseguir la financiación de esta historia, logra detallar los secretos que sólo ella y su familia conocen.

Según la hermana Garzón, 'todo el mundo ha usufructuado de mi hermano y nosotros no hemos recibido un solo peso. No sabía por dónde empezar, lo único que sabía era que tenía que hacerlo'.

En trece capítulos narra los orígenes de su extensa familia y de su directa relación con la vida religiosa. 'Jaime estuvo en el seminario pero lo botaron. Dios le dio a Jaime una genialidad, él era un genio en forma humana, pero no se puede negar el contexto familiar social y religioso que lo fue formando'.

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