miércoles 14 de enero de 2009 - 10:00 AM

Abundan las ‘rojas’ en el fútbol santandereano

Con tristeza y preocupación hay que hacer la advertencia: el rojo como amonestación y prueba de la violencia pulula en el fútbol aficionado de la ciudad.

Las tarjetas coloradas que acomodan los árbitros en sus bolsillos vuelan y vuelven a volar, así como las patadas, los insultos, las agresiones físicas, las amenazas, la sangre y los malos ejemplos para los deportistas que están en etapa de formación.

Y la verdad, sabemos que lo narrado a continuación hace parte más de una noticia judicial que deportiva, pero, con la venia de los hombres y mujeres que sí cumplen con el cometido de la actividad física, hay que llamar la atención sobre algunos eventos.

Más que hacer reincidentes a los protagonistas de tan bochornosos actos, la intención de este texto es sacarle tarjeta ‘amarilla’ a todos los que hacen parte del fútbol en Bucaramanga, alertando sobre situaciones que antes que repetirse, deben extinguirse.

Con el perdón de los buenos deportistas y de los árbitros (que recordamos, no son infalibles y luchan 90 minutos contra el engaño de algunos ‘cancheros’), aquí varios de los malos ejemplos que abochornan:

Escena uno:

Varios padres de familia que observaban un partido de niños no mayores de 10 años, en la cancha de la Juventud, no paraban de reprochar la actuación del juez del encuentro.

Gritos, insultos y agravios no paraban de escucharse en las graderías de un escenario que, como su nombre lo dice, rinde tributo a la infancia y a su deseo de hacer deporte.

La cordura había desparecido en un par de adultos y en medio del acalorado encuentro la violencia pasó de las palabras a los actos. Uno de los padres de familia se lanzó y atacó al referí en medio de la cancha, provocando una rápida carrera del hombre vestido de negro que procuraba proteger su integridad.

El juez, escondido en el camerino con un par de golpes en su humanidad, encontró su trinchera y la carta de salvación, porque el papá enfurecido consiguió un par de ‘cómplices’, quienes sin importar el llamado de atención de los niños, seguían afuera insultando e insistiendo en un desaforado acto de violencia.

Resultado: el equipo infantil fue expulsado del torneo de liga y los niños perdieron.

Escena dos

Un marcador de punta en la quinta fecha del Torneo de la Marte descarga su furia e impotencia contra un volante rival. Un puño directo a la cara fue pillado, para pesar del infractor, por el juez de línea del costado occidental y es reportado.

El árbitro central levanta la cartulina roja y la reacción del violento es proseguir con los insultos y desestimar la medida disciplinaria apelando a la frase de cajón de muchos jugadores con ínfulas de actores: 'Yo no lo toqué'.

Pero en el piso, el agredido, tocaba su rostro y escupía sangre, mientras trataba de reponerse del golpe en su rostro y dignidad.

Escena tres:

El pasado lunes, en uno de los partidos que definían los dos finalistas de la categoría sénior del Torneo de la Marte (mayores de 35 años), la violencia llegó de nuevo a extremos.

La intolerancia y la equivocada percepción de que la veteranía es sinónimo del hombre malo, del más fuerte, del más recorrido y ‘listo’ que golpea sin ser detectado por los jueces, provocaron una disputa que, según varios deportistas observadores de los hechos, por poco y termina en tragedia.

Un puñetazo de un volante de Piedecuesta que produjo un corte en la barbilla de un oponente, fue el estopín de una cadena de actos violentos, en donde la sangre corrió en un terreno de fútbol, así como las tarjetas rojas, y un extraño sentimiento de venganza, tras venganza.

Disputa que no paró con el pitazo final del encuentro, sino que se prolongó y fue necesario acudir a la cordura de varios deportistas que, entre otras, sí dan ejemplo de profesionalismo, entrega y gallardía, para que los golpes, los insultos, las amenazas de muerte y supuestos duelos citados con armas de fuego cesaran.

Tristeza y desolación dejó el final, pues muchos de los violentos son hombres que llevan encima años de experiencia en eventos deportivos y en algunos casos, pasaron por el fútbol profesional.

Reacciones de expertos


Eduardo Villamizar, presidente del Real Santander

'En cuanto a los adultos las normas son claras y las sanciones son explicitas. Las acciones correctivas para estos casos son difíciles, pero digamos que se podrían endurecer las sanciones, aunque lo que más me preocupa es que se incrementa la agresividad de los padres en las canchas y aquí se debe ser más drástico. Por eso invito a los padres para que hagan un análisis y se den cuenta de los malos ejemplos. Me pregunto, por qué algunos padres insisten en volver un drama la actividad deportiva de sus hijos'.

Henry Cervantes, instructor arbitral de Santander y ex árbitro FIFA.

'La verdad es difícil entender lo que sucede. Lo primero que me preocupa es la formación de los infantes, pues los padres quieren que sean un Ronaldo, o un Kaká, y no asimilan que están en pleno proceso de formación y descargan su rabia con los árbitros. En cuanto a los mayores es duro ver cómo un partido de la Marte se convierte en una batalla… y sería triste que se tenga que recurrir a la presencia de Fuerza Pública para estos torneos'.

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