domingo 24 de mayo de 2020 - 7:00 AM

Diana Rocío Rey y su ‘combate’ contra el COVID-19

En su condición de enfermera, Diana Rocío Rey Suárez, una de las pioneras del boxeo femenino santandereano, empuña su manos en la primera línea de batalla contra la pandemia en la UCI de la FOSCAL en Floridablanca.
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Diana Rocío Rey Suárez, la primera y hasta ahora única boxeadora que le ha dado un título nacional a Santander en el deporte de las ‘narices chatas’, no deja de ponerse los guantes en esta época de pandemia, claro que ahora utiliza más y en grandes cantidades los quirúrgicos, pues en su oficio como enfermera está en la primera línea de batalla contra el COVID-19 en la Clínica Foscal de Floridablanca.

Al igual que cuando va a subir al ring, Diana Rocío cada día se pone los guantes y demás elementos de protección necesarios para afrontar esta batalla contra este minúsculo y casi invisible rival, en el octavo piso de la Foscal, en donde está ubicada la Unidad de Cuidados Intensivos, lugar en el que día a día cumple con su labor de enfermera.

Gracias a su entrenamiento como enfermera y a los años de práctica, al igual que en el boxeo, sabe que para medirse a un oponente debe estar bien preparada, no sólo física y mentalmente, sino también en la indumentaria para no dar ventaja alguna.

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‘El combate’

Y para medirse de tú a tú con este imperceptible pero peligrosísimo oponente, ahí usa guantes quirúrgicos en lugar de los guantes de espuma de amortiguación; no usa casco de protección para amainar los golpes del rival de turno, sino gorros quirúrgicos, gafas de seguridad y mascarilla; tampoco usa protector bucal, pero si debe ponerse tapabocas.

La ropa de competencia es reemplazada por ropa quirúrgica que va sobre su uniforme antifluidos, y las botas o zapatillas de boxeo son reemplazadas por zapatos blancos de enfermería que son cubiertos por zapatones o polainas de enfermería.

“Estamos afrontando una situación grave, muy delicada, y hay personas que no son responsables, no se cuidan y nos ponen a todos en peligro. Esto del COVID-19 es muy delicado, es un enemigo muy peligroso y todas las medidas y cuidados que se tomen son pocas. Dependemos de la responsabilidad que tengamos”, señaló Diana Rey sobre la pandemia que actualmente aqueja al mundo.

Consciente de la grave y delicada situación, esta campeona nacional de boxeo en la categoría de los 66 kilos en 2016, reconoce que tiene miedo, “por mi salud, claro está, pero mucho más por la de mis hijos y la de mi esposo y demás familiares. Da miedo pensar que uno puede llevar ese virus a la familia”.

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Pese a ello, tiene bien claro que ese es su trabajo, y que al igual que cuando se sube al cuadrilátero, ya con los guantes y demás elementos de protección para disputar una pelea, hay nervios, pero que al fragor de los golpes éste se va perdiendo y se va convirtiendo en fuerza y deseos de victoria.

“Nos han llegado varios casos sospechosos de COVID-19, y ahí toca cumplir con unos estrictos protocolos para atenderlos y evitar que vayamos a resultar contagiados. Hay que tener mucho cuidado y estar muy, pero muy atentos en cada proceso para cumplir a cabalidad con los protocolos de bioseguridad y distancia social”, recalcó Diana Rey.

“Lo más incómodo es la ropa y elementos de bioseguridad que tenemos que ponernos para atender a los pacientes, pues los trajes son antifluidos y acaloran mucho y no puede uno ni rascarse, y el tapabocas, el N95, después de un tiempo le marca a uno la cara y las orejas, y si se demora uno más de dos horas con él, puede rasgar la piel”, aseveró.

Relató que el momento más complejo y de mayor cuidado tras haber atendido a un paciente sospechoso o positivo de coronavirus, es cuando se quita toda la ropa y elementos de bioseguridad.

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“Al momento de quitarse esa ropa hay que hacerlo con sumo cuidado, porque ahí está el mayor riesgo de contagio tras haber manipulado al paciente, porque la ropa tuvo contacto directo con él. Entonces es un proceso largo que hay que hacerlo con auditoria, que vean que uno se quita las cosas en el orden que corresponde y sin ir a tocarla con las manos o alguna parte del cuerpo, pero igual, después de quitarse esa ropa, hay que hacer la higienización personal de rigor para mayor seguridad”, afirmó la deportista.

Cuenta que el susto más grande que ha tenido en esta batalla contra este coronavirus lo vivió a comienzos de abril, cuando una paciente llegó a la UCI por una infección urinaria, pero con los días presentó vómito y fuertes episodios de tos.

“La atendimos de manera normal durante una semana, y con el paso de los días nos dicen que la señora era sospechosa de ser portadora del COVID-19, eso fue muy duro, de mucha angustia, como le digo, no tanto por mí, sino por mis hijos, mi esposo y mi familia. Nos tocó, a todos los que tuvimos contacto con la señora, esperar resultado del examen, y afortunadamente todo salió bien. Pero incluso, en mi caso, tuve que llamar a apoyo emocional de la Clínica, porque la incertidumbre era muy grande”, narró la deportista.

Diana Rocío vive en Piedecuesta y todos los días se desplaza en su motocicleta hasta la sede de la FOSCAL en Cañaveral para cumplir con su labor de enfermera.
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