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Domingo 27 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

Malpelo, el punto más occidental de Colombia

Esta es la cuarta vez que el santandereano Jorge William Sánchez Latorre se sumerge en las aguas de Malpelo. Ahora lo hizo acompañado de un alpinista español y un fotógrafo suizo que vendrían a ser en el mundo del buceo como Maradona y Pelé para los futbolistas.

Publicado por: TEXTOS Y FOTOGRAFÍAS: JORGE WILLIAM SÁNCHEZ LATORRE

La isla de Malpelo es el último bastión de nuestra geografía patria en el océano Pacífico. Allí, a 506 kilómetros en línea recta desde Buenaventura, hacen presencia cinco miembros de nuestra Infantería de Marina, únicos habitantes humanos de esta inmensa roca de origen volcánico que, junto con otros peñascos satélites, emerge de las profundidades del mar. Los restantes moradores son aves pescadoras, especialmente los emblemáticos Piqueros Zulas, lagartos y cangrejos.A pesar de este panorama aparentemente desolador, Malpelo ha sido erigida como Santuario de Fauna y Flora de Colombia y en 2006 fue declarada por la Unesco Patrimonio Natural de la Humanidad. Sin embargo, hay que admitir que no son pocos los colombianos que ignoran que esta isla hace parte de nuestro territorio patrio, y los que sí tienen esa noción de pertenencia desconocen su ubicación y su valor no sólo como el punto más occidental de nuestra geografía (con todas las implicaciones geopolíticas) sino como una verdadera reserva especialmente de fauna marina, con reconocimiento mundial. Y a esto se suma, que a nivel planetario Malpelo es considerada uno de los tres puntos del llamado 'Triángulo de Oro' del buceo; los otros son Galápagos en el Ecuador y  la Isla de Cocos en Costa Rica.Como veterano que soy de Malpelo, en días pasados tuve el privilegio de acompañar a bucear en ese excepcional lugar a dos submarinistas con reconocimiento internacional, quienes, conocedores de la importancia orbital de esta isla colombiana, decidieron no sólo explorarla sino documentarla hasta en su más mínimo detalle.Se trata del español Miguel Ángel García Gallego, renombrado alpinista y escalador técnico pero también buzo de gran experiencia, experto en tiburones y en naufragios y documentalista de la televisión española y de otros medios europeos; y del suizo Franco Banfi, considerado actualmente uno de los más importantes fotógrafos submarinos del mundo y ganador de concursos de fotografía de carácter internacional. La idea de estos personajes es la de dar a conocer en Europa este portento de la naturaleza que es Malpelo con miras a fomentar el eco-turismo, especialmente el buceo, pero también buscando promover su defensa contra el ataque permanente de los pesqueros piratas, tanto nacionales como extranjeros, que, violando la zona de exclusión decretada por las autoridades colombianas, y que en la actualidad es de 25 millas marinas a la redonda, intentan saquear la abundantísima fauna marina, especialmente los tiburones, ya que buscan las preciadas aletas con las que los refinados comensales orientales se hacen preparar sus afrodisíacas sopas.La expediciónPrevia consecución del permiso de Parques Nacionales Naturales de Colombia y con otros cinco buzos, entre ellos el instructor Julio César Vélez, jefe de la expedición, el instructor italiano Giovanni Vaschetti, el norteamericano John Watkins y el amable pero enérgico guardaparques Daniel Villalobos, partimos de Buenaventura, a las ocho de la noche del viernes 28 de agosto, a bordo del Sea Wolf, un moderno barco que comenzó a operar hace poco en el Pacífico y que ha sido habilitado especialmente para operaciones de buceo.Después de diez horas de navegación llegamos a la exuberante y verde Isla de Gorgona  y ese sábado nos dedicamos a bucear en sus inmediaciones y –en tierra firme- a recorrer el museo, las ruinas de la otrora temible prisión y las apacibles y hermosas cabañas donde se alojan los turistas que la visitan.Terminada la tarde, el capitán de nuestro barco, ese viejo lobo de mar que es Harold Botero, apuntó la proa hacia Malpelo a donde llegamos veinte horas después. En Malpelo, todo el tiempo estuvimos en el agua. Del barco sólo salimos en botes 'zodiac' a los sitios donde previamente se habían planificado las inmersiones. El único momento en que tuvimos 'tierra firme' bajo nuestros pies fue durante la visita que hicimos a los infantes de marina apostados en la roca. Estuvimos buceando durante cinco días seguidos con un promedio de cuatro inmersiones diarias, y el panorama para los visitantes, especialmente los extranjeros, ávidos de emociones fuertes, no pudo ser mejor.Desde la primera inmersión avistamos el tiburón ballena, el pez más grande del mundo (puede medir más de 20 metros de longitud y en su boca abierta puede pararse un buzo erguido), pero a la vez el más inofensivo. No solo se dejó fotografiar sino que pudo este cronista acariciar su blanco vientre y remolcarse asido a una de sus aletas. Las ballenas yubartas o jorobadas, con sus crías y hermosos y sobrecogedores cánticos, retozaron  -al igual que una 'hermandad' de delfines- muy cerca de la isla.  Los tiburones martillo, los más representativos de Malpelo, estuvieron por decenas  a nuestro lado en todas las inmersiones. También hicieron presencia los curiosos e hiperactivos tiburones silkis, así como algunos galápagos y aletiblancos. Igualmente pudimos avistar el más enigmático de los tiburones de Malpelo, el 'Odontaspis Férox', conocido como 'El Monstruo' o el 'Sol Rayo', rey de las profundidades pero que inexplicablemente –y para fortuna nuestra-  ascendió cuando buceábamos a poca profundidad extasiados por el desfile de los martillos. La gran rocaMalpelo, además de contener en sus aguas miles y miles de peces y otros animales de todos los tamaños, colores y formas, es también famosa y atractiva por su misma conformación geológica.Se trata de una inmensa roca escueta y amorfa que sale abruptamente del mar con sus paredes tan verticales que impiden acceder a ella con facilidad. Para poder llegar a la minúscula base militar levantada en una especie de terraza, hay que tener dotes de equilibrista. Desde una altísima estructura metálica que sale de la roca y se proyecta en el mar como un trampolín, pende una escalera de cuerda que los infantes descuelgan para recibir a los visitantes, quienes desde los 'zodiac', al vaivén de las olas y movidos por el fuerte viento, ascienden con gran dificultad. Algunos para evadir el descenso –que resulta mucho más azaroso- prefieren lanzarse al mar desde el trampolín. La pared más famosa de Malpelo es la que contiene la 'Cara del Fantasma': dos grandes huecos negros y simétricos en forma de ojos, dan la apariencia de rostro fantasmagórico a esta sección de la gran roca. A su alrededor, se proyectan desde el agua varias puntas pétreas de diferentes y caprichosas apariencias que tienen nombres curiosos como Los Tres Mosqueteros, Los Tres Reyes, Scuba y La Gringa. Bajo el agua, estas rocas forman pasadizos y cavernas que hacen del buceo una experiencia alucinante y cargada de adrenalina.Los visitantes extranjeros quedaron realmente maravillados y ratificaron el potencial de Malpelo como destino eco-turístico de nivel mundial.Los camarógrafos submarinos se comprometieron a hacer difusión audiovisual en Europa, para que muchos más buzos del viejo continente tengan la experiencia inolvidable de nadar con los tiburones de Malpelo. Caben también –por supuesto-  los turistas no buzos, pero se pierden la parte más atractiva del espectáculo: la magia, la grandeza, la espectacularidad del mundo submarino. Para fortuna nuestra y de los visitantes de otras latitudes, el Sea Wolf, cómodo, confortable y ágil barco de buceo, permite llegar a la isla en un poco más de la mitad del tiempo que les toma a otras embarcaciones. ¿Cuánto vale la visita?El valor de la expedición para el turista nacional está alrededor de los cinco millones de pesos y para el extranjero cerca de los tres mil dólares. Si se trata de turistas no buzos, el precio disminuye.* Instructor de buceo y fotógrafo submarino.

Publicado por: TEXTOS Y FOTOGRAFÍAS: JORGE WILLIAM SÁNCHEZ LATORRE

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