domingo 31 de enero de 2010 - 10:00 AM

'Sólo me falta su tumba para visitarlo'

Hace nueve meses que las Farc anunciaron que entregarían los restos del mayor Julián Ernesto Guevara y no han cumplido.

El sol de Bogotá, también moribundo como el que dejó en la Costa Caribe, entraba ahora a su habitación, atravesando el velo de las cortinas. Ahí, con los primeros rayos de la tarde y con el semblante cansado del viaje, Ana María recuerda a su padre cuatro años después de su muerte.

El pasado 20 de enero, fecha en la que se cree que el mayor Julián Ernesto Guevara falleció, Ana María pasó los últimos momentos de su viaje a la Costa. Era la única manera para que la fecha no taladrara tanto su cabeza.

Después de un corto descanso y ya en Bogotá, se dedicó por Internet a dejar en regla su horario de clases de arquitectura en la página Web de la Universidad Piloto de Bogotá.

Navegando encontró que la tragedia de su padre ya estaba en Wikipedia. '¡Pero qué les pasa, mi papá no murió a los 41 años, y no eran 42 los secuestrados, fueron muchísimos más!'.

Ana María no recuerda con exactitud la edad que tenía el Mayor cuando dejó de respirar esa madrugada de enero, aunque asegura que 'no era tan viejo'. Prefiere dejar eso a su madre y abuela, doña Emperatriz de Guevara, quien a esa hora atendía a los niños del jardín infantil que fundó después del secuestro de su hijo en la toma guerrillera a Mitú, capital del Vaupés, el primero de noviembre de 1998.

'Los jóvenes no tenemos tanta conciencia, como que nos da igual todo. Cuando se confirmó la muerte de mi papá, las esperanzas de lucha, de ser la mejor para que él se sintiera orgulloso, cambiaron. No quería ir al colegio, prefería seguir en la cama, como si con eso pudiera aliviar el dolor de perderlo', dice.

A esas épocas difíciles, a la rebeldía natural en una joven de 17 años, tuvo que hacerle frente doña Emperatriz, sobre quien considera deberían condecorar con una medalla al mérito. Ella era la encargada de levantarla todos los domingos para enviarle un mensaje por radio a su papá, cuando era niña.

'Antes tocaba hacer una fila bajo el sol y el agua. Yo prefería quedarme en la cama y muchas veces no fui, hacía pataleta, me agarraba de la cama. Ahora me pregunto cuántos domingos desaproveché para mandarle un mensaje. Uno no tiene la conciencia suficiente para entender que eso le daba fuerza. Ahora me arrepiento'.

Aún con la cabeza gacha, Ana María reconoce que el secuestro le enseñó que 'los golpes de la vida lo hacen a uno crecer, no sólo como persona, sino como ser social y familiar'.

La ausencia del mayor Guevara suscitó en ella fortaleza y persistencia, aunque años atrás dejaba que su mamá atendiera a la prensa, mientras ella se negaba a cualquier pregunta.

'Antes prefería no hablar de esto, pero ahora reconozco que debo hablar de mi padre, de la enseñanza que me dejó para enfrentar la vida, que a veces parece un encarte. Es como una terapia para aceptar que él no está y que todo sigue'.

Restos que no llegan

Hace nueve meses y ocho días que el Secretariado de las Farc anunció la entrega de los restos del mayor Guevara y la liberación del sargento Pablo Emilio Moncayo y el soldado Josué Daniel Calvo. Aunque dice que el oficial siempre 'estará en mi corazón', para Ana María es fundamental superar esta última etapa y ver el cadáver.

'Ojos que no ven, corazón que no siente. Yo tengo que verlo, entender que está muerto y por fin en libertad, más allá de nuestras manos, es verdad, pero más allá de la guerrilla también'.

Afirma que su descanso llegará 'el día en que pueda llevarle una flor al cementerio, de lo contrario, seguirá estando vivo'. Ana María hace una pausa y sosteniendo el retrato de su padre reflexiona: 'Pero si otro secuestrado puede venir en cambio del cuerpo, lo aceptaremos. Mi mamá lo sabe, igual, nadie podrá devolverlo con vida'.

Unidos por el secuestro

Ana María muestra su cara más pesimista: no cree en un pronto desenlace del conflicto armado, aunque considera que el vuelco político se dará algún día.
'Todos nos vamos a dar cuenta de las cosas, de lo que se está haciendo con los seres humanos, con los animales y con este planeta. Sólo espero que cuando eso ocurra aún estemos a tiempo'.

No obstante, cree que la única fórmula para cargar el peso del secuestro es la unidad entre las familias y la esperanza. 'Como víctimas nos une un mismo vacío, algo en común. Puede que mi papá esté muerto, pero igual me queda el resto de mi familia: los seres queridos de los soldados y policías que estuvieron con él'.

Un padre amoroso

Con el retrato de su padre en las manos, Ana María aconseja a los demás hijos de secuestrados que luchen y siempre estén ahí, orando por ellos, agotando todas las oportunidades para enviarles un mensaje: 'todos unidos podemos lograr más, porque trabajando solos no vamos a hacer nada. La unión hace la fuerza y así como a todos se los llevaron, a todos los regresarán'.

Ahora, lista para iniciar un nuevo semestre universitario, no teme que la recuerden con lástima, como le sucedía en el colegio, por padecer la pesadilla del cautiverio.

'Hay gente en la Universidad que ya sabe. Por ejemplo, cuando mi mamá fue a pagar no la dejaron hacer fila, la reconocieron por su cara y por el botón que lleva de mi papá'.

Hoy, todo lo que necesita de su padre lo tiene en una pequeña caja de madera, que guarda con recelo: un reloj, unas mancornas y un botón con la imagen de él en un peluche, 'como si siempre estuviera ahí. Sólo me falta su tumba para visitarlo'.

RELATO DE LA MUERTE


Así narró John Jairo Durán Tuay, liberado durante la Operación Jaque, los últimos días del mayor Guevara, a los medios de comunicación. 'Él comenzó a dejar de comer, no le quedaba nada de la fibra muscular sino que la piel ya le forraba los huesos. Pedimos un médico y lo que nos llegó fue una dichosa ‘enfermera’ de las Farc. Salió con las ridículas palabras de decir que mi capitán tenía paludismo sólo porque le tomó una muestra de sangre. La mejoría jamás llegó. El día 19 fue la última vez que lo pude ver vivo: lo bañé, le dije que si lo afeitaba y me dijo que no… charlé un rato con él. Llegó el día 20, nos encadenaron. Desafortunadamente esa madrugada de enero de 2006 jamás lo escuché… mi capitán estaba muerto'.

Línea de tiempo

Camino de incertidumbre

21 de septiembre de 2009:
La madre del mayor Julián Ernesto Guevara está dispuesta a que sea aplazada la entrega del cadáver de su hijo, para que regresen primero los secuestrados que están vivos.

14 de abril de 2009:
Las Farc dicen tener coordenadas de ubicación del cuerpo del mayor Julián Guevara.

28 de marzo de 2009:
Las Farc se comprometieron a devolver los restos del mayor Guevara a su madre, Emperatriz de Guevara.

20 de enero de 2006:
Julián Ernesto Guevara murió en cautiverio, seis años después de que él y otros 61 agentes de la Policía cayeran en poder de las Farc.

Diciembre de 2005:
Guevara es ascendido a mayor de la Policía mientras permanecía en cautiverio.

Agosto de 2003:
Por un video que el periodista Jorge Enrique Botero hizo en el campamento donde estaban los secuestrados políticos, doña Emperatriz volvió a saber de su hijo.

Febrero de 2002:
El mayor Guevara escribe la última carta que recibió doña Emperatriz de Guevara. En ella saludaba a su madre, a cada uno de sus hermanos y a su pequeña Ana María, de 10 años. El mensaje decía: 'Mamá, a la niña se la recomiendo, cuídela, consiéntala pero no mucho'.

1 de noviembre de 1998:
El mayor Guevara fue secuestrado por las Farc durante una incursión armada a Mitú, capital del departamento del Vaupés.

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