Más que años de servicio, son vidas entrelazadas con una empresa. Historias de compromiso, gratitud y crecimiento que demuestran cómo el sentido de pertenencia construye legado, inspira generaciones y transforma regiones.

Las empresas que dejan huella en una región no solo se distinguen por sus resultados económicos, su capacidad de innovación o los empleos que generan. Su verdadero valor también se encuentra en las personas que, día tras día, entregan su talento, su compromiso y una parte importante de sus vidas para hacerlas crecer. Detrás de cada organización que impulsa el desarrollo existe un activo invaluable: el sentido de pertenencia de sus colaboradores.
Esa conexión profunda entre las personas y las empresas se refleja en historias como la de María Isabel Colmenares Vargas, actual directora administrativa y contable de Vanguardia. Hace 42 años cruzó por primera vez las puertas de esta casa editorial para desempeñarse como auxiliar del servicio al cliente. Seguramente no imaginaba entonces que iniciaba un camino que se convertiría en gran parte de su proyecto de vida.

A lo largo de más de cuatro décadas ha sido testigo de cambios, retos y transformaciones, pero también del crecimiento de una organización que ha acompañado el desarrollo de Santander. Para María Isabel, Vanguardia representa mucho más que un lugar de trabajo. “Ha sido una escuela de vida y un escenario donde he podido ejercer con pasión mi profesión de contadora”, cuenta. Cuando habla de su experiencia, las palabras que surgen son “entrega, compromiso, responsabilidad y amor” por lo que hace. Su historia demuestra que cuando una empresa brinda oportunidades y las personas responden con dedicación, se construyen relaciones que trascienden el tiempo.
Un sentimiento similar expresa Ángela Castro, editora del diario, quien este 2026 completa 30 años de ejercicio periodístico en Vanguardia. Su historia está profundamente ligada a la del medio de comunicación. De hecho, ha sido protagonista de cerca del 28 % de los 107 años de existencia de esta empresa periodística.
Para Ángela, “Vanguardia es familia”. Es el lugar donde ha crecido profesionalmente, donde ha encontrado amigos, aprendizajes y satisfacciones que la han acompañado durante gran parte de su vida. También es motivo de orgullo, porque desde sus páginas ha tenido la oportunidad de servir a la comunidad, contar historias y aportar a la construcción de una sociedad mejor informada.
Más allá del periodismo, asegura que “esta empresa me ha permitido desarrollar una vida profesional plena, marcada por el cariño hacia mi trabajo y hacia las personas con quienes he compartido este recorrido”.
Las experiencias de María Isabel y Ángela son el reflejo de una generación que encontró en su empresa un espacio para crecer, construir sueños y consolidar una identidad profesional. Son testimonios que evidencian cómo el sentido de pertenencia fortalece las organizaciones y las convierte en motores de progreso.
Y ese legado continúa vivo. Así lo demuestra Giselle Yuliana Jejen Herrera, quien recientemente se vinculó al equipo de periodistas de Vanguardia luego de realizar una práctica profesional de tres meses. Aunque pertenece a una nueva generación y apenas comienza su camino laboral, comparte la misma ilusión y compromiso. Para ella, “llegar a esta empresa representa una valiosa oportunidad para aprender, crecer y demostrar mis capacidades profesionales”.
Su historia apenas empieza, pero confirma que el sentido de pertenencia no tiene edad. Es un valor que se transmite, inspira y conecta generaciones alrededor de un mismo propósito: contribuir al fortalecimiento de empresas que, con el esfuerzo de su gente, siguen generando desarrollo para Santander.




