Publicidad

Local
Sábado 29 de julio de 2023 - 12:00 PM

Así curtían cuero los Gilinski en Piedecuesta, epicentro del legado de la segunda familia más rica del país

Piedecuesta, Santander, fue el epicentro del inicio del camino empresarial de los Gilinski, la segunda familia más rica de Colombia. Allí llegó en 1928 Isaac Gillinski, quien junto a un amigo, creó una curtiembre, que luego heredó su hijo, Isaac, padre de Jaime y abuelo de Gabriel.

Compartir
Imprimir
Comentarios
Fotomontaje / VANGUARDIA Isaac Gilinski heredó de su padre la curtiembre que arrancó en Piedecuesta y luego prosperó en Barranquilla.
Fotomontaje / VANGUARDIA Isaac Gilinski heredó de su padre la curtiembre que arrancó en Piedecuesta y luego prosperó en Barranquilla.

Compartir

Fotomontaje / VANGUARDIA Isaac Gilinski heredó de su padre la curtiembre que arrancó en Piedecuesta y luego prosperó en Barranquilla.

La noche del 17 de diciembre de 1926, cuando el Ejército de Lituania comenzaba un golpe de Estado, los hermanos Isaac y Max Gilinski salieron de su país, recorrieron 9.898 kilómetros hasta llegar a Piedecuesta (Santander), con escala en lo que hoy se conoce como Israel y Venezuela, y montaron su propia empresa en 1928.

Sin planearlo, esta migración lituana salvó sus vidas y los trajo a tierras colombianas, en donde prosperaron y hoy alcanzan una fortuna de al menos 4.900 millones de dólares, según Forbes.

Esta familia judía, la segunda más rica de Colombia, es la protagonista de esta historia, un camino empresarial que comenzó en esta población santandereana, erigida como pueblo en 1774, y que hoy, luego de tres generaciones, es un emporio económico en Colombia que incluye bancos, industrias y medios de comunicación. Isaac es papá de Isaac II, abuelo de Jaime Gilinski y bisabuelo de Gabriel.

Antes de partir para Barranquilla, Isaac conformó junto con su amigo Abraham Minski, un migrante polaco, una empresa para curtir cuero y pieles en Piedecuesta, que luego se llamaría Curtiembres Búfalo, hoy radicada en la capital del Atlántico.

“Mi papá emigró a Colombia en tercera porque no podía hacerlo en otra clase, e hizo amistad con un joven más o menos de la misma edad de él, que había nacido en Polonia y estudiado en Alemania, se había graduado de químico y venía contratado por una curtiembre en Venezuela, de una familia de origen alemán. Y este joven le comentó que cuando terminara su trabajo de dos años en Venezuela vendría a Colombia, se juntaría con él y formarían una curtiembre en un pueblito de Santander que se llama Piedecuesta”.

Así lo contó Isaac II en el Segundo Congreso Latinoamericano sobre Espíritu Empresarial, organizado por la universidad Icesi, de Cali, en 1988, frente a cientos de estudiantes de la Facultad de Ciencias Administrativas y Económicas, docentes y empresarios.

“Comenzaron con un tamborcito de 55 galones, a comprar unas pielecitas y a curtirlas. Ellos mismos las curtían y las vendían. Hoy en día esa empresa que ellos crearon con su tambor de 55 galones comprando unas pocas pieles de oveja, es la curtiembre por unidad de producción más grande del mundo y está en Colombia, esto casi nadie lo sabe. Estos dos muchachos, que tenían la idea y el deseo, hicieron quizás un gran binomio, una buena mezcla”, contó Isaac.

Piedecuesta los acogió en medio de la crisis del precio del café, la bonanza del tabaco, el movimiento de mano de obra por el arranque de la operación petrolera, la conexión vial con Floridablanca y la expansión del acueducto.

“Hoy tenemos 27 compañías de distinto tipo en diversas ciudades del país. Recuerden que todo esto comenzó con un tamborcito de 55 galones, o sea, esto demuestra que sí se puede hacer. Y esto es lo más importante que quiero que aprendan. El país necesita que haya personas que creamos en él, que creamos que podemos, brindarle algo a las otras personas, porque de eso se trata”, expresó Isaac para motivar el espíritu empresarial en ese entonces.

Esto concuerda con el auge de los fabriquines en Piedecuesta, como lo cuenta Emilio Arenas, sociólogo e historiador bumangués, quien sostiene que esta familia, con la curtiembre, trajo riqueza y modernidad a un grueso de la población porque empezaron a utilizarse más zapatos.

Recuerdos

Quienes tienen recuerdos de los inicios de los Gilinski en Piedecuesta son las familias Mantilla, Carvajal, Corzo y Liévano, dedicadas al cuero, peletería y marroquinería.

“Me acuerdo cuando niño que mi papá negociaba pieles con los Gilinski, dueños de curtiembres”, dice un miembro de estas familias.

Otra anécdota la tiene Jorge Fajardo Carvajal, quien tiene un almacén de cueros en Bucaramanga. “Mi papá era de Piedecuesta y yo tenía como unos ocho años, me llevaba todos los domingos a visitar a la nona, y de paso llegábamos a esa curtiembre, que quedaba en la entrada antigua del pueblo a mano derecha. Me decía: hijo, ahí es donde curten cueros, fabrican para sillas y zapatos”.

El papá de Jorge le contaba que esa curtiembre exportaba y vendía a Bogotá, Medellín y Barranquilla, “ahí llegaban otros empresarios para firmar los contratos de los cueros”, narra Jorge, quien fabrica y comercializa sillas de cuero para montar a caballo. Y con el tiempo esa zona, donde estaba la empresa, empezó a poblarse porque estaba retirado del casco urbano de Piedecuesta. Luego, por los olores tuvieron que mudarse.

La forma de curtir el cuero que aplicaban los Gilinski era artesanal, utilizaban la corteza de árboles de encenillo, que cortaban y molían, la conseguían al pie de la montaña en el municipio.

La corteza contiene taninos, que sirven para convertir las pieles crudas de animales en cuero. Estos reaccionan con las proteínas de colágeno presentes en las pieles de los animales, uniéndolas entre sí. De esta forma, aumenta la resistencia de la piel al calor, a la putrefacción por agua y al ataque por microbios.

Estos conocimientos técnicos y artesanales que aportó Isaac a la curtiembre colombiana fueron el impulso para que Isaac II estudiara Ingeniería Química, como una forma de continuar el legado de su padre, mantener el negocio familiar que se inició en Piedecuesta y luego prosperó en Barranquilla, e irrigarlo por todo el país con empresas como Curtiembres Itagüí, Curtiembres Búfalo y Colcurtiembres.

Tecnificación

Quien recuerda el legado y negocios de los Gilinski en Santander es el empresario Juan Carlos Rojas, del sector peletero y curtiembres. Comenta que tuvo un jefe llamado Jaime Uribe Escobar, quien fue allegado a Isaac, Max Gilinski y Abraham Minski.

“Don Jaime me contaba que ellos llegaron por Venezuela a Colombia atraídos por la economía local. Ellos fueron los que tecnificaron las curtiembres en el país. El negocio estaba enfocado para las suelas de las alpargatas y muebles”, rememora rojas.

En los años 20 del siglo XX, cuentan historiadores consultados por Vanguardia, curtir pieles para convertirlas en cuero era un oficio muy popular y artesanal en Piedecuesta, pero los Gilinski lo expandieron, lo industrializaron y le introdujeron maquinaria.

“Los Gilinski supieron manejar el negocio porque se dieron cuenta del auge económico de Santander por el sector tabacalero, cafetero y petrolero. Esa familia siempre ha sido hábil para los negocios y vieron en esto una oportunidad. Entonces ellos curtían para las suelas del calzado, ya hoy es sintética”, dice este empresario de la región.

Personas allegadas a estas actividades económicas cuentan que los Gilinski curtían pieles de bovinos y muy pocas de caprinos, y con la tecnificación del oficio pasaron a surtir de productos al sector de la confección.

“Usaban de bovino porque la piel es más extensa, mientras que la de caprino es más pequeña. La traían del Magdalena Medio y Santander. Cuando se mudaron la conseguían en La Guajira, Cesar, Magdalena y Atlántico”, relata Rojas.

De esta historia que no ha sido tan popular, los Gilinski en 100 años pasaron de curtir pieles en un pequeño municipio del oriente del país a administrar bancos y manufacturas en todo el territorio colombiano, incluso en otros países como Panamá, y estar entre las familias más poderosas.

El empresario Rojas afirma que de la curtiembre nacieron otras empresas como el Grupo Gelco, de gelatina y colágeno; Procaps, desarrollo de productos farmacéuticos.

Sobre la ida de esta familia judía a Barranquilla, Rojas considera que este movimiento se dio por las pretensiones de ellos, “su objetivo era exportador y allá estaba el puerto, el río Magdalena y era una zona ganadera para tener más acopio. El progreso de Colombia entró por esa ciudad y ellos trajeron la industrialización con maquinaria de Italia”.

De la filosofía empresarial de los Gilinski, Rojas aprendió de Curtiembres Búfalo que son una familia orientada a ver oportunidades donde no las hay, con una visión de expansión comercial.

El historiador Arenas agrega que para estar distante de Bucaramanga, una ciudad de alemanes, esta familia judía se asentó en Piedecuesta, incluso otras se radicaron en Socorro, para lograr una reactivación económica muy fuerte.

Y de esta actividad hoy el área metropolitana continúa la herencia y tradición del sector empresarial de calzado, cuero y marroquinería, mientras los Gilinski van por el mundo construyendo su imperio bancario, su fortuna industrial y su negocio de medios de comunicación.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whastapp acá.

Publicado por Miguel Orlando Alguero

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad