domingo 14 de marzo de 2010 - 11:00 AM

El santandereano que filmará a Armero

Sentado en su apartamento de Hollywood, después de una larga jornada de trabajo en la NBC, un santandereano, Cristian Mantilla, tuvo una idea brillante.

'Estaba escuchando en la radio, el 13 noviembre de 2006, un especial de los 21 años de la tragedia de Armero y de repente pensé ¿por qué en Colombia hacen películas sobre narcotráfico, prostitutas, drogas, ladrones y comunas, pero no han hecho ninguna sobre Omaira?'.

La idea de Cristian fue hacer una película con la historia de esa niña a quien todos vieron morir frente a la pantalla de su televisor.

Dos años después, prepara una película sobre Armero, cuya protagonista es otra Omaira, una mujer que perdió sus piernas y a su esposo en la tragedia, el mismo día que le dijeron que estaba embarazada de su hijo largamente buscado.

La idea cambió debido a la negativa de hablar de los familiares de la niña, pero la determinación que ha caracterizado a Cristian toda su vida, perdura.

Mantilla salió de Santander para estudiar cine. Como el típico inmigrante, sufrió, luchó y perseveró hasta que llegó su momento: tuvo una idea brillante y ahora está listo para llevarla a cabo.


Soy emigrante latino

Cuando tenía 13 años, Cristian les dijo por primera vez a sus amigos que quería ser cineasta y que, claro, estudiaría con los grandes: en Hollywood.

'Mis amigos decían que estaba loco'.

Para ese entonces, era un estudiante común, que había perdido a su padre a los cinco años y que tenía tres hermanos. Uno de ellos se había marchado a Denver, Colorado, para aprender inglés.

En su casa la idea no pareció descabellada y a los 18 años, cuando decidió alzar el vuelo, su familia lo apoyó. Le dieron la visa fácil, dice su mamá, Cecilia Vargas de Mantilla. Era 1999.

Una vez se bajó con sus maletas, en el aeropuerto con la pista más larga de Estados Unidos, Cristian vivió su propio 'Paraíso Travel': trabajó en McDonalds, limpió casas, fue mesero y cargó cables en Dish Network TV.

Incluso llegó a entrenar con un equipo de la B, 'increíblemente', dice, con la esperanza de conseguir una beca si resultaba tener un 'pie de oro'.

Para esa época, su hermano menor, Javier, ya estaba con él y el apoyo lo animaba, pero era imposible barrer, servir comida, estudiar y jugar 'soccer' al mismo tiempo, así que declinó y siguió estudiando inglés en el colegio Spring International de Denver.

Algún tiempo después, cuando dominó perfectamente el idioma, sacó un préstamo con el Estado de California por US$20.000, juntó sus ahorros y se matriculó en Los Angeles Film School.

Lo aceptaron. Su determinación, una vez más, había triunfado. El 11 de agosto de 2003 salió en su carro desde Denver. Uno de sus amigos lo escoltaba en su propio automóvil. Como en las películas, estos dos amigos estaban 'on the road'.

Pero, también como en las películas, fue ahí cuando las cosas se pusieron difíciles.

'Cuando me fui para Hollywood todo se volvió en contra mía. Dormí en mi carro tres días porque no tenía para un hotel. Arrendé un apartamento modesto, me devolví para Denver a recoger mis cosas para partir definitivamente, pero cuando iba por la carretera, el carro se incendió'.

Justo en medio del camino, Cristian vio por el retrovisor cómo su amigo le hacía señas. Se le había reventado la guaya al freno y apenas tuvo tiempo para salir cuando el auto se transformó en una bola de fuego.

'Mi amigo tenía una cámara filmadora pero no grabó nada: el auto echó a andar atravesando la carretera, los carros trataban de esquivarlo hasta que se estrelló con un árbol y explotó'.

Durante los próximos días, luego de contar su historia en la Universidad para que lo admitieran sin ningún papel, sus zapatos fueron su única almohada.

Un intenso año después, lo que dura la carrera de cine y con los consejos de profesores como Peter Markham, director de segunda unidad de películas como El paciente Inglés y Pandillas de Nueva York; de Donn Cambern, editor de Los Cazafantasmas II y El guardaespaldas; y de Danford Greene, editor de la exitosa serie M*A*S*H y Rocky II, empezó a hacer pequeños trabajos en cine, con lo cual ganó contactos y uno de ellos lo llevó a la National Broadcasting Company.

'Llevaba trabajando dos años en NBC cuando escuché el programa de radio sobre Armero y tuve la idea'.

Luego de asegurarse de que no era una locura, empezó a escribir el guión.


Hecho en Santander

Al final de la tarde, cuando terminaba su trabajo en la edición de postproducción de NBC, Cristian revisaba su mail, tomaba el teléfono y llamaba a los contactos que sus amigos colombianos le habían conseguido.

'Mandé a un amigo a Armero a buscar a Omaira, pero la mamá, que vive en Bogotá, no quiere hablar con nadie, se le esconde a todo el mundo, odia a los periodistas'.

Descartada su primera protagonista, Cristian recibió fotografías, videos, contactos e historias que quizá pudieran servirle. Incluso llegó a saber que algunos de quienes habitaron Armero, aseguran que una bruja maldijo al pueblo por la corrupción y la prostitución que había en los años ochenta.

Luego de mucho buscar, encontró a la otra Omaira.

'Omaira tenía 22 años cuando sucedió la tragedia. Estaba casada y no podía tener hijos. Ese día su esposo y ella recibían el resultado positivo del examen de embarazo en el hospital San Lorenzo. Permaneció seis días enterrada en el barro, donde nadie la podía ver. El esposo duró 5 días muerto frente a ella pero la encontraron, la sacaron, tuvo su hijo y habló conmigo'.

Con esta impactante historia en la cabeza, Cristián empezó por escribir el final, luego el principio, juntó fichas nemotécnicas, escribió someramente las escenas y armó su guión.

Su hermano Javier, que para entonces estudiaba efectos visuales, le sugirió algunas posibilidades y entonces la idea tomó forma.

'Con la ayuda de mi hermano el presupuesto se redujo porque ya no había que construir ni destruir nada. Con los efectos visuales todo es posible'.

Según sus cálculos, su película costará entre 3.000 y 3.500 millones de pesos: 1.7 millones de dólares.

Ha negociado presupuesto y ha obtenido ayuda, pero Cristián asegura que una parte saldrá de su bolsillo.

Con el guión listo, buscó a sus amigos cercanos para que lo apoyaran en la producción y el próximo 16 de marzo comienza el casting aquí en Bucaramanga. 'Todos pueden venir, no busco actores famosos'.

Su deseo, el cual está determinado a llevar a cabo, es hacer una película digna de Hollywood pero filmada en Santander. ¿Por qué? 'Porque sí', asegura. Dice que quiere que el departamento destaque con esta película.

En 2005, Cristián tuvo la oportunidad de filmar su primera producción: ‘Negocio Mortal’, un cortometraje de 13 minutos que narra la historia de un ecuatoriano que llega a los Estados Unidos con una sustancia ilegal (nunca se sabe qué es) por un encargo especial de una banda de traficantes americanos.

Afortunadamente en esta película, los gringos no tienen nada que ver.

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