domingo 31 de mayo de 2009 - 10:00 AM

No se puede insistir en bajarle el precio al productor: Lafaurie

La actual coyuntura de alta producción lechera, gracias al impacto del clima, pero, sobre todo, a la mayor eficiencia de los ganaderos en su esfuerzo productivo, pretende ser castigada por la industria sometiendo a los ganaderos a una reducción de $65 en el precio pagado por litro de leche, con el argumento, con sabor a chantaje, de que sólo así podrían sostener la periodicidad diaria y la cantidad de compra a los ganaderos.

Por tal razón, el Ministerio de Agricultura, con el respaldo de Fedegán, adoptó una medida alternativa y temporal que resulta menos lesiva para los productores, en la medida en que enfrentarán una menor reducción del precio de $25, que, además, será destinada a garantizar la continuidad de las compras de leche.  

El presidente del gremio, José Félix Lafaurie, insiste en que la industria debe ser más eficiente y desarrollar estrategias de mercadeo que le permitan llegar con productos de calidad y precio accesible a los segmentos más necesitados de la población.

Según Lafaurie no es sólo un asunto comercial y de negocios, sino de verdadera responsabilidad asocial empresarial.

¿Cómo se llega a la decisión de destinar 25 pesos para el Fondo de Estabilización?
En el seno del Consejo Nacional Lácteo (CNL), con la única oposición de los ganaderos, prácticamente se había aceptado la posición de la industria de retornar al precio base acordado en febrero de 2008, de $679 por litro, lo cual representaba una reducción efectiva de $65 para el ganadero, frente al actual precio de referencia de $744. Pero lo que realmente precipita esta medida es la decisión unilateral por parte de algunos procesadores de no acopiar leche algunos días de la semana.

En consecuencia, ante la alternativa de entregar $65 pesos de ingreso ganadero con destino a las utilidades de la industria, el productor hará una cesión temporal de $25 por litro de leche vendida -$40 menos que la pretensión de la industria-, recursos que, además, irán al Fondo de Estabilización de Precios para la compra de una parte de los excedentes con destino al mercado asistencial y, eventualmente, a los de exportación.

Así se induce a la industria a no disminuir ni suspender  las compras de leche fresca, ni a continuar insistiendo en su posición de siempre, de solucionar sus propios problemas por la vía de bajarle el precio al productor.
Tengo que insistir en que lo que había sobre la mesa no era una reducción de $25 sino de $65, y no para comprar más leche, sino para maximizar las utilidades de la industria.

De haber prosperado la propuesta de los $65, habría significado un terrible abuso contra más de 400.000 productores de todo el país, muchos de ellos pequeños y medianos ganaderos, que reciben por concepto de leche menos de un salario mínimo legal.

¿Usted por qué dice que la industria y el Consejo Nacional Lácteo le iban a bajar $65 pesos a los productores?
No lo digo yo. Está en las actas del CNL. Ahí están las decisiones de la industria, respaldadas por los gremios que la representan en el seno del CNL, como Asoleche, Andi y Fedecoleche.

¿Entonces, por qué terminaron cediendo los ganaderos?
Porque no nos dejaron alternativa, y entre dos males, el menor. La industria ya estaba dejando de comprar y eso es peor que dejar de recibir $25 por litro, sobre todo si se utilizan para sacar más existencias del mercado y dejar sin argumentos a la industria en sus pretensiones de baja de precio. Además, es un mecanismo temporal que esperamos no supere los 120 días.

¿Por qué dice la industria que los $25 son un nuevo impuesto parafiscal?
Porque no tiene mejores argumentos para descalificar una medida que, además, es para su propio beneficio. Nada más mentiroso.  No se trata de un nuevo impuesto ni de un aumento de la contribución parafiscal, sino de una cesión temporal para estabilizar el mercado. Y repito lo que dije antes: ante la posibilidad de que los 65 pesos se fueran a los bolsillos de la industria, los ganaderos aportamos para garantizar la continuidad de la compra de nuestra leche y, de paso, dando $25 para sacarle inventarios a la industria y llevarlos a los sectores populares.

¿Es cierto que antes de la implementación de esta medida, la industria ya había reducido los precios al productor?
Sí. A través de dos mecanismos. La eliminación de algunas de las bonificaciones voluntarias y la forma de liquidar las bonificaciones obligatorias por concepto de calidad. La industria ha venido manejando unilateralmente la liquidación de las bonificaciones que por calidad higiénica o composicional tiene el ganadero, de acuerdo con las tablas que se concertaron en el seno del CNL.

Curiosamente, a partir de febrero, la calidad de la leche colombiana empezó a disminuir en forma dramática. Se debe discutir acerca de los laboratorios de referencia. No puede ser que la industria maneje las pruebas de esos laboratorios como le viene en gana. La leche la pagan bien cuando tienen necesidad y estimulan a determinados productores a dedo, bonificándoles por contenidos de sólidos o por higiene, sin que realmente haya alguna entidad independiente.

¿Entonces, qué propone en este caso?
El Gobierno tiene que establecer muy pronto, e independientemente del laboratorio de referencia que administra Corpoica-Corpolac, unos parámetros para que el sector privado pueda, bajo determinados protocolos técnicos, construir una red independiente de laboratorios que den garantía también a los productores.

¿Y cómo podría ser más transparente la relación entre los proveedores ganaderos y los procesadores?
El gremio ganadero insistirá ante el Gobierno y la cadena para reglar un contrato de proveeduría que le permita, tanto a la industria como al ganadero, tener certeza de que, durante un término de tiempo definido y con unas cantidades y calidades también preestablecidas, se atenderán debidamente las relaciones contractuales entre proveedor y comprador.

Lo que no es posible es que la industria pueda suspender unilateralmente la recolección de leche a un número muy significativo de ganaderos, especialmente a los más vulnerables, con un alto impacto en la economía rural.

¿Ha habido reportes en el sentido de que la industria ha dejado de recoger la leche en algunos sitios?
Sí los ha habido y son un verdadero atropello. En algunos casos se está dejando de recoger la leche los fines de semana. Son ocho días sobre 30, que significan un 27% por ciento menos de ingresos para esas familias ganaderas.

¿Cuál es la falla estructural en el mercado lácteo del país?
No tiene sentido que los ricos del país consuman más de 170 litros al año por persona, y los pobres apenas 30, cuando este es un alimento fundamental en la dieta humana, especialmente de los más pobres, porque es la proteína animal más barata que hay en el mercado.

Algunos dirán que si la capacidad adquisitiva es mayor, entonces la gente consumirá más. Eso puede ser cierto en los estratos medios y altos, pero no es el caso de los alimentos que hacen parte de la dieta básica de los más pobres como el arroz, panela, papa y leche. En estos casos, la diferencia de consumo per cápita de un producto básico como la leche, no debería ser significativa entre estratos altos y bajos.

¿Por qué el consumo de los ricos en lácteos es tan alto?
Porque la industria les ofrece una amplia gama de productos de gran agregación de valor, como quesos maduros, yogures sin azúcar o bajos en ella, leche deslactosada o productos funcionales, etc., los cuales producen mayor margen, es decir, por cada litro de leche vendido obtienen un margen de utilidad muchísimo mayor.

¿Entonces, por qué se presentan estas disparidades en el consumo de los alimentos básicos?
Mientras que usted, en los cinturones de miseria de las grandes ciudades, puede encontrar fácilmente un litro de agua embotellada o una botella de cerveza, a un precio inclusive mayor que el de la leche, no encuentra leche con la misma facilidad. Aquí existe un problema estructural en la comercialización, sobre todo, en una época en que la tecnología permite producir y comercializar leches de larga duración.

¿Por qué la industria láctea y la de alimentos en general, no ha avanzado en estrategias novedosas para ampliar el mercado interno hacia los estratos bajos?
Como lo dice el economista turco Nouriel Roubini, quien hace poco estuvo en Colombia, los países más afectados por la crisis deben entender que es cada vez menos conveniente seguir dependiendo con tanto peso de las exportaciones y, en cambio, es mejor fortalecer el mercado interno. En consecuencia, no es explicable que país con 20 millones de pobres y oferta suficiente de leche, no pueda llegar con este producto a tan enorme segmento de población.

Lo que se ha visto en los últimos 10 ó 15 años, es un deterioro del componente de los productores dentro de la formación del precio al consumidor ¿Cómo se ha dado ese proceso?
Sí. Hace 10 años o más, existía la llamada relación 70-30. Es decir, por cada cien pesos que pagaba un colombiano por un litro de leche, $ 70 eran para el productor y $ 30 para los otros eslabones de la cadena. Ahora sucede todo lo contrario: por cada cien pesos que paga el consumidor, menos de $45 están llegando al bolsillo del ganadero, que es quien hace el mayor esfuerzo dentro de la cadena y enfrenta, además, una estructura de costos que cada vez más lo saca del mercado.

Una bolsa de un litro de leche larga vida vale en el mercado $ 2.100. Es claro que hay unos procesos y unos costos, pero cuando uno compra un litro de leche en el mercado, ¿qué toma? Leche. Entonces, si el ganadero vende el litro a $ 744, ¿por qué se vende en $ 2.100? Eso es lo que impide llegar a los mercados populares.

¿Cuál es la realidad de la sobreoferta de leche en Colombia?
¿Cuál sobreoferta? En Colombia no hay sobreoferta de leche; lo que hay es una muy buena producción de leche y ningún país puede quejarse de ello. De lo que hay que quejarse es de no saber qué hacer con la leche.

 En nuestro caso, los ganaderos hemos hecho la tarea. En el gobierno Uribe pasamos de producir 4.800 a 6.500 millones de litros anuales, es decir, a producir 1.700 millones de litros adicionales, mientras que la industria no ha incrementado su capacidad de acopio.

¿Cuál es entonces el monto de las existencias de leche en estos momentos?
Se habla de excedentes de 22.000 toneladas, lo cual es un chiste. Cualquiera que conozca la dinámica de nuestro mercado, sabe que 22.000 toneladas es un poco más de ¡apenas diez días! de producción de leche fresca, y no debería ser un problema para un país que tenga canales de distribución realmente estructurados.

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