viernes 23 de octubre de 2015 - 4:49 PM

Empleo y salud afectan la economía de los hogares colombianos

Un dato a considerar es que los hogares con mujeres cabeza de familia reportan en mayor proporción choques de salud 27,6%, mientras que cuando la jefatura es masculina sufren mayores choques de empleo.
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En 2013, 61,7% de los hogares urbanos y 73% de los rurales sufrieron al menos un evento que desestabilizó su economía. Mientras que en las ciudades los sucesos con mayor incidencia familiar son las enfermedades y la pérdida de empleo, en el campo las afectaciones a las cosechas y el impacto de las plagas son la principal preocupación ante una eventual pérdida de ingresos. 

Así lo señalan los resultados de la Encuesta Longitudinal Colombiana de la Universidad de Los Andes, que desde 2009 le hace seguimiento a 10.000 personas en 171 municipios con el objetivo de identificar sus dinámicas, evolución y vulnerabilidad a lo largo de una década para aumentar la comprensión de estos cambios sociales. 

De acuerdo con los encuestados, los choques (entendidos como eventos que tienen el potencial de afectar la capacidad de generación de ingresos y el flujo de gastos de las familias) con mayor incidencia incluyen: accidente o enfermedad (25,12%) y pérdida de empleo de uno de los miembros (14,02%). Específicamente en las zonas rurales estos están asociados con afectaciones a la producción agropecuaria por pérdida de cosechas o plagas (29,07%) y desastres naturales (25,33%), especialmente en las regiones Cundiboyacense y Atlántica. 

Un dato a considerar es que los hogares con mujeres cabeza de familia reportan en mayor proporción choques de salud (27,6%), mientras que cuando la jefatura es masculina sufren mayores choques de empleo. En respuesta, se encontró que 17,5% de los miembros optaron por salir a buscar trabajo o aumentaron sus horas para mitigar la situación, mientras que 17,4% recurrió a endeudarse o utilizar seguros. 

Estas situaciones, a las que están expuestas las familias y que las hacen vulnerables, explican porqué a pesar de que en el campo vive menos de un cuarto de la población nacional, la pobreza llega a 42,8%, cuando en las ciudades es de 26,9%. 

La decana de la facultad de Economía de la Universidad de Los Andes, Ana María Ibáñez, explicó que se busca entender por qué unos hogares caen en pobreza y otros logran salir, por qué unos niños tienen más desarrollo que otros y cómo el conflicto ha afectado las condiciones de vida de los hogares. 

“La idea es hacerlo cada tres años, lo que nos va a permitir ver cómo Colombia progresa, porque la Encuesta Longitudinal más allá mostrar las dificultades por las que pasan los hogares es también una forma de ver cómo la gente sale adelante y el país progresa”, indicó. 

Principales obstáculos 

La profesora asociada a la facultad de Economía de la Universidad y miembro del comité académico de la Encuesta Longitudinal Adriana Camacho manifestó que la mejoría en términos de riqueza es relativamente baja a pesar de que las condiciones de vivienda, específicamente medida en factores como la adquisición de electrodomésticos, han avanzado. 

Respecto a los factores en común, tanto en la ciudad como en el campo, la experta reveló que en acceso a servicios como acueducto y alcantarillado aún se evidencia un rezago importante. “En un país que se caracteriza por la inequidad lo que se ve es justamente infraestructura muy precaria en vías, comunicaciones, colegios y hospitales, especialmente en el campo”. Esto llevó a que 3% de su población migrara a la ciudad. 

El rector de la institución académica, Pablo Navas Sanz, aseguró que este instrumento puede portar en la toma de decisiones y en la generación de políticas pública. “Es un análisis de nuestra enorme problemática nacional”, dijo. 

También contestó a quienes critican que las universidades son ajenas a la realidad nacional que la academia está al servicio del país en temas específicos como el de pobreza. “En adelante el reto es ver cómo la sociedad se interesa en el tema y entiende que es fundamental, máxime en este proceso de búsqueda de la paz que implicará muchos retos. Esta encuesta ayudará a ver dónde estamos fallando, qué es lo que está pasando y cómo lo podemos mejorar”. 

De un proyecto piloto a un estudio 

La Encuesta Longitudinal comenzó en 2009 con un proyecto piloto, sin embargo, la primera ronda oficial tuvo lugar el primer semestre de 2010. Cerca de 80 personas entre encuestadoras, supervisoras y psicólogas encargadas de hacer las pruebas de campo visitaron y entrevistaron 10.164 hogares: 5.446 en zonas urbanas de cinco regiones y 4.718 en cuatro microrregiones rurales. Además, se completaron 509 encuestas a comunidades urbanas (barrios) y 199 a comunidades rurales (veredas). 

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