domingo 11 de octubre de 2009 - 10:00 AM

'Que el barrista se muera de viejo'

Esta semana se jugó por primera vez en Bucaramanga un partido entre la barra Fortaleza Leopardo Sur y la Policía, que terminó en empate. Ahora viene un segundo encuentro con el Escuadrón Antidisturbios. Ambos lados buscan limar asperezas y olvidar los enfrentamientos para gozar, como se debe, la fiesta del fútbol.

El lunes al mediodía, en el estadio ‘Alfonso López’ se juntaron dos grupos que por esas cosas de la vida se acercan muy poco a la gramilla pero que siempre, unos por ese amor incondicional al Atlético Bucaramanga y otros por trabajo y también por afición, son los más fieles asistentes a la fiesta del fútbol local.

Los amarillos de la Fortaleza Leoparda Sur, la barra más numerosa de la ciudad, acudieron a la cita a una hora poco usual para cumplir con el que sería, según dicen, el primer encuentro de ese tipo. Todo un acontecimiento si se piensa que en las tribunas los barristas y la Policía se tratan como enemigos.

Esta vez el asunto sí que fue diferente. Durante 90 minutos corrieron unos detrás de otros pero para sudar en la cancha persiguiendo al balón. Nada de bolillos ni piedras. Y los habituales insultos quedaron en el olvido porque, ya en el campo de juego, no les quedó otra que reírse de ellos mismos.

'Relájese… no se enloque…', le gritaban a uno de los novatos jugadores de La Banda de las Kumbias, como también se hacen llamar estos barristas de corazón. Y los que estaban en la banca, tal vez más de 50 jóvenes en bermudas, gritaban 'ñero, ñero', tratando de ponerle orden al juego.

La Policía parecía tranquila, relajada. Al principio, con el uniforme verde, estrecharon las manos de sus rivales y luego, ya con la camiseta, se dedicaron al juego y marcaron el primer tanto. No faltó el grito: ¿un tanque de oxígeno? o ¿ya es tiempo, quién lleva el tiempooo?

A la cabeza del improvisado equipo de Fortaleza estaba uno de sus líderes, Alex Verdugo, que todos conocen como el ‘gato’, un barrista que lleva 10 de los casi 11 años de vida que tiene esta barra, siguiendo a su Bucaramanga del alma. Y como si se tratara de un eco continúo, el estadio, con poquísimos espectadores  –las tres atletas que estaban ni siquiera se inmutaron con la presencia de los equipos y siguieron corriendo por la pista-, retumbaba una y otra vez con el grito 'ñero, ñero, ñero, ‘gato’, ñero, dé la entrada a todos…'

Esta vez la habitual batalla contra el desorden nunca comenzó y los barristas celebraron con aguardiente. También se hidrataron con aguardiente.

Los choques

Pero este encuentro no es gratuito. Es el fruto de un acercamiento entre la Policía y las barras locales, luego de dos incidentes que en este año han involucrado a varios menores de edad –ellos dicen que no son de su barra- y a un coronel que fue víctima de una pedrada.

Hay varias versiones sobre este último hecho. Ocurrió el pasado 30 de agosto cuando el Atlético Bucaramanga jugaba contra el Bogotá Fútbol Club, al que le empató 3–3 en el último minuto, con un tiro libre de Jhon Ulloque. Era sábado. Uno de los oficiales que fue víctima de las piedras, a las que por supuesto no les apareció dueño, dice que hubo una pelea entre los barristas en las graderías que se controló durante el primer tiempo, pero que al terminar el partido y a las afueras del estadio, se avivó.

'Cinco minutos antes de que se acabara el partido sacamos al Escuadrón Antidisturbios del estadio como medida preventiva, pero de un momento a otro cayó la piedra', dice. Con tan mala suerte que le golpeó la cabeza a un coronel y otra fue a parar en el pecho del Comandante Operativo de la Policía Metropolitana.
Ese era un partido sencillo, así lo llaman los barristas. Incluso, hacía poco el Bucaramanga se había enfrentado a Millonarios y nada había pasado entre ellos. El ambiente estaba tranquilo.

Un barrista que este lunes estaba en el estadio, cuenta que ese día el coronel agredido dio la orden para que dejaran pasar a un miembro de la barra, pero terminaron sacándolo. Y como una bola de nieve, otro policía golpeó al joven, que tenía un cuchillo, y rápidamente se armó la trifulca.

'Cuando son bastantes contra uno, eso da rabia. Nosotros cruzamos a decirles que no le pegaran al pela’o, que lo sacaran pero no de esa forma y ahí fue cuando metieron al Escuadrón Antidisturbios a la tribuna', cuenta el joven.

Este escuadrón, dice Jorge Martínez, otro de los integrantes de la vieja guardia de la Fortaleza Leoparda, incita a la violencia por más que su trabajo sea tratar de impedir que los de la barra se agredan entre ellos.

'Llegan a reprimir, a atacar a punta de garrotazos y gas pimienta, porque para eso están entrenados, lo que genera rabia', dice. El rechazo es automático. Los de Antidisturbios no han terminado de entrar a las tribunas cuando ya la gente estalla.

Ese 30 de agosto, coinciden los barristas, unos pela’os que ni siquiera hacen parte de la Fortaleza Leoparda pero que portaban la camisa del Atlético, estaban insultándose. Luego vinieron las piedras y una de esas fue la que le cayó al Coronel.

Verdaderos hinchas

Jorge Martínez, que también hace parte del Comité Social de la barra, afirma que quienes generan los enfrentamientos no son barristas. O por lo menos, verdaderos hinchas.

'A los que la gente llama vándalos, nosotros los de la barra ni siquiera los conocemos. Ellos creen que los partidos son para desahogarse con el que sea, que porque vienen a un espacio donde hay mucha gente, pueden pegarle a los demás', dice.

Incluso, él mismo se ha visto involucrado en numerosos enfrentamientos que no sabe cómo iniciaron. Así pasa. Unos corren para defender a sus amigos o para gritarle a la Policía que no les peguen, incluso para sacar en cara disputas pasadas. Fácilmente todo se sale de control.

Estos aficionados no desmienten que es gente de las tribunas la que inicia los enfrentamientos o la que roba, pero niegan que hagan parte de las barras organizadas.

Para ellos, los verdaderos barristas de la Fortaleza Leoparda pueden llegar a ser unos 150 jóvenes, que son los que se reúnen sagradamente los viernes en el Parque de Los Niños para hablar del equipo, los que viajan siguiéndolo y los que acudieron, por ejemplo, a jugar el lunes contra la Policía.

Jorge Martínez, que lleva tatuadas en estilo gótico las iniciales de Etnia Centro, una en cada hombro, sello que lo identifica como uno de los de Fortaleza Leoparda, dice que los que van cada ocho días al estadio son hinchas del Bucaramanga y pare de contar.

Esta diferencia le daría otro tinte al asunto de las barras bravas, porque así los culpables de los enfrentamientos tendrían nombre y apellido. 'La barra tiene que dejar de responder por unos cuántos', dice Martínez, de 23 años.

Otro más

Cuando el Bucaramanga quedó eliminado en los cuadrangulares semifinales de la Primera B, al perder 0-1 ante Rionegro, las cosas se complicaron en las tribunas.

El escuadrón antidisturbios no les permitió a los barristas, que estaban furiosos, meterse al terrero de juego y al salir del estadio la emprendieron contra la Policía, tirando piedras y hasta bombas caseras.

Tumbaron vallas, dañaron rejas y la situación sólo pudo controlarse con gases lacrimógenos, una tanqueta y más de 100 uniformados.

Alex  Verdugo, el ‘gato’, dice que se desbordaron.  'Nosotros empezamos este año siendo de segunda categoría, afrontamos la primera vuelta del torneo, y en las instancias finales, aquí en la ciudad, quedamos eliminados. En ese partido, donde ya perdimos toda posibilidad de clasificar a la final, fue muy complicado controlar a la gente', cuenta.

Impotencia y desesperanza. Así resume el ‘gato’ el sentir de la barra y el resultado fue la detención de más de 30 menores de edad que fueron entregados uno a uno a sus padres y una sanción bastante dolorosa: al siguiente partido tuvieron que entrar sin trapos, que es como les llaman a las banderas que ondean o cuelgan de la malla de protección y que es el estandarte que identifica a cada barra. Y no es la primera vez que sucede.

'Los más viejos hemos aprendido a ver la barra de una manera diferente. El que llega a una barra cree que es llegar a pelear, a fumar, a robar, a emborracharse. Esos pela’os, que son como la nueva escuela, vienen con esa mentalidad. Pecan por ser jóvenes en la barra', explica Verdugo.

Para Jorge Martínez, los verdaderos barristas jamás le quitarían la camiseta a otro, o intentarían matarlo. 'Que un barrista se muera de viejo, eso es lo que queremos todos', dice. Y eso es lo que también buscan líderes como el ‘gato’.

El lunes, el partido entre los de Fortaleza y la Policía terminó 2-2, un clásico de la paz que buscará repetirse cuando estos jóvenes se encuentren con aquellos que bajo la intimidante escafandra, siempre los vigilan en el ‘Alfonso López’.  

Pero esta vez, volverá a ser diferente.

LA PACIFICACIÓN

La barra Fortaleza Leoparda Sur está apostando en firme a que haya un proceso de pacificación. La Policía hace lo mismo. El precedente más cercano fue el partido contra Nacional, un encuentro de riesgo para los barristas porque había un antecedente de hace menos de un año, donde un hincha del equipo antioqueño perdió un ojo y otro casi pierde una mano. Sin embargo, no pasó nada. El Atlético Bucaramanga ganó 1-0. Fruto del trabajo conjunto entre las barras de ambos equipos y la Policía, en las requisas sólo de encontró un arma.

Y aunque los de Fortaleza también tienen sus heridos, -al ‘gato’, por ejemplo, este año tuvieron que ponerle 15 puntos en la ceja derecha por un bolillazo-, ellos insisten en que las relaciones con la Fuerza Pública deben suavizarse de parte y parte.

El coronel Édgar Enrique Nieto, Comandante Operativo de la Policía Metropolitana, viene invitando a los líderes de las barras a las reuniones de planeación de los partidos, para coordinar el ingreso de las banderas, de los papeles y de los extintores. 'Ellos son prevenidos con nosotros. Dan quejas de algunos uniformados y nosotros también entendemos que hay muchachos que no son parte de la barra, que quieren serlo y son agresivos de por sí. Por eso se organizó el partido para limar asperezas', explicó.

Una y otra parte reconocen que han disminuido los enfrentamientos. El fin de semana anterior, cuando el Bucaramanga jugó contra el Itagüí, ni siquiera se presentaron robos.

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