domingo 02 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Zapatos sobre las nubes

Esta semana, Alexsander Moreno Rincón, más conocido en Italia que en Colombia por sus diseños de zapatos, que comparten pasarela con Gucci, Prada y Valentino, podría convertirse en el diseñador más rápido del planeta. Pero no sólo por sus creativos modelos sobre el papel; este artista santandereano los hará realidad frente a un jurado de los Guinness Record. Su vertiginosa carrera en Italia y el resto del mundo empezó en un pequeño taller de zapatería en un barrio de Floridablanca.

Sobre el revés de una bandeja metálica de cocina, Alexs Men, considerado el diseñador de zapatos más importante de Colombia, pone, una tras otra, hojas en blanco en donde va dibujando sin parar. Este joven de 33 años que vive entre Italia, Venezuela, Brasil y Colombia y que lleva más de dos décadas metido entre suelas, cueros y accesorios, está terminando de diseñar tres colecciones y al mismo tiempo se prepara para batir un nuevo récord mundial, un reto al que le ha invertido dos años y que –si todo sale bien, se hará realidad exactamente en tres días.

Esa bandeja, un regalo de sus suegros, no la cambia porque dice que el bisturí le dura con filo un día entero. Y el bisturí lo usa bastante. Sobre su mesa se acumulan cientos de boronas de borrador, retazos de cuero, zapatos a medio terminar, suelas, celulares y dos computadores. Al fondo de su oficina, en el barrio San Francisco donde por tradición se congregan los zapateros bumangueses, se ve sobre las paredes lo que muy seguramente se convertirá en tendencia en los próximos meses: sandalias, cuero, materiales naturales, mucho color, tacones gruesos, tiras, cremalleras…

Mientras habla, Alexs Men dibuja, borra, vuelve y dibuja y finalmente repisa con negro. Sus manos tienen las huellas del grafito y su risa es tan contundente que contagia. Son las nueve de la noche y la fábrica familiar está en pleno, trabajando. A su lado está Laura, su cómplice, su esposa, también diseñadora, con quien mezcla el español y el italiano mientras hablan de clientes, revistas, pauta publicitaria y por supuesto, de diseños. Pero este es el Alexsander de ahora. El principio fue muy diferente.

Prohibido calcar

Alexsander es un desplazado más de la violencia colombiana. Con su hermano y su mamá tuvo que salir corriendo, por amenazas, justo el mismo día en que el volcán Nevado del Ruiz sepultó a Armero. Acababa de cumplir siete años y el 13 de noviembre de 1985 pasó de ser el nieto del inspector de Policía de Misiguay, un corregimiento de Rionegro, el consentido de una de las principales familias del pueblo, a un niño trabajador, al hombre de la casa.

Pero como se verá, a pesar de tener que lavar buses, cargar bultos, vender frutas, trabajar en tapicería, en estampados, instalando machimbre y hasta en construcción, este muchachito tenía madera para el dibujo. Ser artista era un rótulo en su frente. Eso siempre lo supo su mamá, quien lo obligó a punta de regaños y castigos a nunca utilizar papel calcante.

'Vio que yo tenía la habilidad y no me dejaba utilizar papel calcante para hacer los mapas del colegio. Ella decía que yo tenía que desarrollar el pulso y por eso todos los mapas los hice a mano alzada', cuenta. Y claro que sirvió, además porque de tanto concentrarse en los trazos, luego descubrió que tenía memoria fotográfica.

Su primer dibujo fue un Ferrari rojo y el segundo, el inolvidable Mario Barakus de Los Magníficos, la serie de TV ícono de los 80. Sus tiernos años de infancia se fueron en arduas jornadas de trabajo, estudio nocturno y por supuesto, dibujos. Pero todo cambió a los 12, porque por no llevar cuadernos perdió matemáticas y el primer año de bachillerato. El castigo fue arrollador: volver al pueblo, pera esta vez a trabajar con su papá, un aserrador no tan cálido como un niño de 12 años quisiera. Duró un mes planeando su escape y el siguiente refugio fue la casa de su abuela en el barrio La Cumbre, en Floridablanca, donde los vecinos tenían una zapatería. Allí se enroló de ayudante y arrancó.

El siguiente escalón

'La primera lección fue tener paciencia. El dueño de esa zapatería me cantaba una canción que decía: no te precipitis, pitis, no te desesperes, peres…', y le caló.

Cuando eso la zapatería era 'matando la vaca', dice. Allí aprendió el arte de solador, montador y terminador de calzado. 'Pero yo no quería ser obrero, yo veía que así no se salía adelante'. Y se empezó a mover. En los cinco años siguientes aprendió a cortar, a coser, a armar y a hacer suelas.

Sin embargo, el entusiasmo le costó perdidas y desilusiones. 'Yo no sabía de zapatos, ni mucho menos de diseño, ni sacaba moldes. Iba por las empresas haciendo daños y daños, hasta que aprendí con aquello de la prueba y el error'. Desde esa época Alexs Men puede armar un zapato con sólo un pedazo de piel para curtir y algo de madera. Aprendió desde abajo y esa es tal vez una de sus mayores fortalezas.

Pintando también descubrió cosas. A fuerza de ver las nubes que él mismo pintaba o que veía en los cuadros de otros artistas, entendió que 'no se pueden dibujar las nubes si no nos subimos al avión'. Esa frase lo llena de entusiasmo. 'Yo dibujaba las nubes y lo que veía no era, lo bonito es lo que se ve sobre las nubes. Hay que aprender la zapatería desde abajo, si no ¿cómo sube uno?'. Y esa subida la ha recorrido escalón por escalón.

Con su hermano montó un taller en el barrio La Cumbre donde hacían zapatos con sobrantes de materiales que les regalaban. Tenían una troqueladora manual y con los materiales ensamblaban láminas, troquelaban la suela y la forraban. Salían a vender a los pueblos en Santander y en el Paseo del Comercio, pero el asunto duró poco porque no tenían respaldo económico y nadie les daba crédito.

Alexs Men se ríe recordando sus peripecias. Volvió a rodar. Y en una de esas zapaterías descubrió que podía modelar. 'Vi entrar a un abuelo, nada agradable, y lo atendieron como a un rey, pasó al patio, le pusieron una mesa, una botella de aguardiente, la horma, una cuchilla, un lápiz y cinta de enmascarar. Vi cuando le puso la cinta a la horma y supe que era el modelista. Me pareció tan fácil que pensé que con mis habilidades para el dibujo tenía que dedicarme a ese oficio'.

Sus recetas parecían ser la osadía y el descaro, porque en el siguiente trabajo no le tembló la voz para afirmar que era modelista. Pidió lo que se le ocurrió que necesitaría y empezó a dibujar. 'Hice mi primera colección sin saber nada. Los cortes quedaron divinos pero no servía ninguno porque técnicamente yo estaba en cero', dice.

Se estrelló contra un muro 'pero me estrellé bien'. Usó la lógica para arreglar lo que no sabía y en quince días terminó la colección. Estaba feliz porque en ese tiempo ganó lo de dos meses de trabajo y además obtuvo respeto, oficina propia y obreros que trabajaban para hacer realidad sus ideas.

Fue la primera vez que se sintió cerca de ser un artista. Tenía 18 años. Estaba lleno de ideas pero hoy reconoce que su inspiración andaba bastante descarriada. 'Cuando miro esa colección sé que casi en su totalidad no se puede realizar, técnicamente no está bien. Me tomó 15 años descubrir que lo que para mí era espectacular, no estaba bien. Incluso me gané cierta fama al principio de que no era muy técnico'.

Las cosas fueron mejorando. Antes de cumplir los 20 años, una de las empresas donde trabajaba le regaló un tiquete para ir por primera vez a una feria en Bogotá y ahí fue cuando descubrió que tenía memoria fotográfica. Era capaz de grabarse 15 modelos de zapatos por minuto.

Salía a un café y los dibujaba rápidamente y cuando en la noche llegaba al hotel se sentaba a perfeccionarlos con algunos cambios. Con esos modelos la lista de clientes aumentó. Pero no llegaron solos. 'Cogí el directorio telefónico, decía que era modelista y pedía una cita'.
 
Cuando entendió lo que podía hacer, quiso convertirse en un diseñador, uno a su modo, que fuera dejando huella. 'Para mí era ser una persona activa, jovial, capaz de diseñar lo que fuera, con capacidad de hacer una crítica constructiva a cualquier parte del proceso de elaboración de un zapato y también extrovertido'. Y sí que lo era. Dice que era imposible pasar desapercibido cuando llevaba el pelo, las cejas, la ropa y las uñas del mismo color.

El gran salto

Alexs Men insiste en que lo suyo siempre ha sido el arte. Por eso no se perdía las ferias de calzado en Bucaramanga. Quería mirar,  mirar y aprender. En la de 1995 encontró un stand con un aviso que decía: hágase modelista en 24 horas. El curso lo ofrecía Ceinnova, el Centro de Desarrollo Tecnológico para las Industrias del Calzado, Cuero y Afines de Colombia, una de las escuelas de calzado más importante del país. El aviso le pareció un atrevimiento porque él llevaba cinco años y no se sentía preparado en el oficio. Por eso preguntó. 'Se trataba de una hora semanal por 24 semanas…, entonces mi hermano se atrevió a decirle al profesor que yo era dibujante de zapatos, que era como un rayo y no dudó en ponerme a prueba'.

Lo retó con una sandalia y la hizo. Luego le preguntó si hacía calzado de hombre –por supuesto que no tenía la más mínima idea– y también se atrevió. El profesor estaba sorprendido. Le dio parte de su espacio y lo puso a dibujar, delante de todos. Fue un éxito.

Así empezaron los viajes y las giras. Primero fue a Cali, donde luego de rodar por decenas de fábricas, recibió en el 2001 su primera distinción como el mayor exponente de diseño de calzado y marroquinería de Colombia. Y hasta dictó conferencias sin tener en su mano ni un solo cartón que lo acreditara.

Habían pasado seis años desde su gran osadía de ponerse a dibujar delante del público, cuando lo invitaron, con todos los gastos pagos, a la feria más importante en Quito. Conoció a los fabricantes venezolanos y con ellos se atrevió a mandarle un dibujo en una suela a José Luis Potolichio, dueño de una de las fábricas de suelas más grandes del país vecino. A cambió recibió una invitación que le representó cinco años de trabajo y los mejores contactos.

Al tiempo, y como una bola de nieve, en 2002, en la feria en Bogotá –todo ha pasado en las ferias, dice– se contactó con Serrano, una de las multinacionales más grandes de Italia en la producción de calzado e inmediatamente lo invitaron a la feria más importante del mundo en Boloña, al norte de Italia.
 
Tenía una semana y quedó deslumbrado. 'Llegué a Ancona, a una hora de Roma. No tuve que hacer nada, sólo mirar y luego diseñar. Me fui con dos mil pesos y ellos me dieron 5 millones por ese trabajo'. Pero justo en ese momento entró el Euro y la economía en Italia se desestabilizó. El resultado: la empresa no lo llamó más. Alexs Men recargó baterías y volvió a utilizar la receta de la osadía. A los seis meses decidió viajar nuevamente a Italia. A punta de empeños y préstamos reunió ocho millones de pesos. Claro, al tercer día ya no tenía dinero. 'Me fui a Milán, guardé mi maleta y me planté a las puertas de la Feria donde nadie me entendía, no tenía invitación y decidí colarme haciéndome pasar por un fotógrafo'.

Pasó todos los controles de seguridad sin que le hicieran ni una sola pregunta. Ubicó a Serrano y en medio de señas, fueron los de la competencia, los de la multinacional TLM, los que le propusieron quedarse un mes a diseñar sandalias. Bingo. 'No gané mucho pero aprendí como nunca porque tienen toda la tecnología de punta. El jefe es un genio mecánico'.

Diseñó durante cuatro años para TLM. Iba y venía. Su pasaporte se llenó de sellos. Pero Alexs Men quería diseñar suelas, botas, accesorios y se retiró. Ya se movía en el gremio como pez en el agua y por medio del dueño de otra compañía italiana conoció a todos los clientes para los que trabaja hoy en día. Su agenda incluye Turquía, India, Nueva York, China, Alemania, Venezuela y por supuesto, Colombia, donde tiene su propia fábrica.

En el barrio San Francisco de Bucaramanga, a tres días de convertirse en el diseñador de zapatos más rápido del mundo, este joven exitoso se quita los zapatos para acomodarse en la silla como si fuera el muchachito que empezó cuando tenía 12. Dice que la inspiración en su arte consiste en mirar qué tendencias hay en el mercado y buscarlas significa viajar a Europa, porque las que están acá ya pasaron por allá. Pero no sólo eso. 'También hay que mirar la naturaleza, qué clase de mujer se va a poner tu línea de zapato, la maquinaria que tenga la empresa para la que trabajas, la capacidad de la mano de obra y el entendimiento de los mismos obreros'.

Él es todo un estilista a la mejor manera de los italianos, que es el que crea moda, el que impone una tendencia. Y no es fácil, pero Alexs Men lo ha logrado. Hasta lo llamaron de la ARS Sutoria, la escuela de diseñadores de calzado más grande y prestigiosa del mundo ubicada en Milán, para que trabajara con ellos. Allí, un curso de tres meses puede llegar a costar 60 millones de pesos. También se encargan de editar las revistas más importantes en el ámbito mundial de calzado, donde aparece Alexs Men, el único diseñador suramericano. 

Hoy es el diseñador oficial de una de las mejores firmas de calzado italiano, la de Laura Biagnotti y sus diseños comparten pasarela con Gucci, Prada, Valentino, Salvatore, Ferragamo. Para este santandereano, el cronómetro hace rato arrancó, esperemos que con el Ginness todo continué a su favor.

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