lunes 07 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Educación superior de calidad para el desarrollo

El desarrollo de las sociedades depende, en gran medida, del crecimiento económico que solo se logra mediante la adecuada inversión y aplicación del progreso científico y tecnológico con los que se puedan modernizar los procesos productivos de las naciones.
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Para ello es necesario mejorar la inversión en educación superior con el propósito de impactar sobre tres elementos clave de los sistemas de innovación de la región: 1) la infraestructura científica, 2) la oferta de personal de investigación altamente calificado y 3) una estrecha y funcional vinculación entre los centros de investigación y las empresas productivas. (Moreno y Ruíz. 2009),

Señala Tunnerman que el progreso técnico y el dominio de nuevas tecnologías depende de los niveles de competitividad de las sociedades y esta, a su vez, está estrechamente atada a los avances tecnológicos y científicos que solo se alcanzan en sistemas de educación superior de alta calidad. Áreas como la computación, la robótica y biotecnología, las comunicaciones se han desarrollado a partir de procesos de innovación que nacen de la investigación en la universidad; en este sentido solo los países que prioricen la formación de sus recursos humanos del más alto nivel, al desarrollo científico, al progreso técnico y a la acumulación de información, pueden aspirar a tener un lugar en los espacios económicos que el nuevo orden mundial establece, ello “significa priorizar las inversiones en educación, ciencia, tecnología e investigación, educar para competir, pero también para compartir”. (Tunnerman, 1999)

La educación, en especial la superior, reduce las desigualdades sociales al facilitar la movilidad ascendente, asegura contextos económicos más favorables, produce capital humano más rico y variado, por lo que una adecuada gestión de la educación superior hace que esta se convierta en impulsora del desarrollo económico y social de las sociedades. La educación superior es el instrumento más importante de las sociedades para alcanzar una nueva forma de desarrollo más humanista, desarrollo integral, una educación volcada no solo al logro del trabajo más rentable económicamente hablando, sino a la formación de seres humanos sólidos, con alto sentido de compromiso con la sociedad a la que pertenecen; personas que den respuesta a la pregunta: ¿Qué condiciones humanas deben desarrollar los que serán los ciudadanos de esta nueva sociedad?

La educación superior se constituye como uno de los más importantes factores de cambio que permiten a las sociedades avanzar para alcanzar niveles de desarrollo sostenible similares a los de otros países de la región o de países pequeños que hace 30 años se veían como subdesarrollados y hoy se constituyen como ejemplo de desarrollo en el mundo entero. Pero no cualquier forma o tipo de educación superior.

En la era de la globalización y las comunicaciones, la universidad se enfrenta a una sociedad cada vez más compleja, voluble y diversa culturalmente que exige nuevos modelos formativos. Bien lo reconoce la ONU, “estamos asistiendo a un período de cambios profundos en la sociedad, a un momento que se transforma. Aunque se observan progresos en muchas esferas de las actividades humanas, los problemas del mundo hoy son graves. Se observan una serie de procesos simultáneos y, a veces, contradictorios: de democratización, mundialización, regionalización, polarización, marginación y fragmentación. Todos ellos inciden en el desarrollo de la educación superior y exigen de esta respuestas adecuadas. (ONU 1995)

Uno de los más importantes retos de la universidad del siglo XXI es ser capaz de asegurar la calidad de la educación que imparte, ello implica tener criterios claros sobre los estándares de calidad que se pretenden, pues la calidad de vida de las personas depende de la calidad de la educación que reciben. La universidad forma personas para toda la vida, de manera tal que la educación de calidad genera una fuerza laboral eficiente que asegura mayor crecimiento económico en el mediano plazo. En este sentido se debe actuar con prospectiva, pues la educación y específicamente la educación superior no producen efectos inmediatos, estos se reflejan en el mediano y largo plazo.

DARWIN CLAVIJO CÁCERES
DARWIN CLAVIJO CÁCERES

Es importante señalar que uno de los aspectos más sobresalientes en cualquier análisis de la educación superior en las últimas décadas es la expansión cuantitativa. Por ejemplo, en el caso colombiano se pasó de 1,3 estudiantes de educación superior por cada 100.000 habitantes en 1960 a 17,6 en 1996. No obstante, este incremento extraordinario en los niveles de cobertura no ofrece iguales resultados frente al crecimiento o superación de los niveles de desigualdad y marginación social. Esto por cuanto las políticas públicas han estado dirigidas a mejorar cobertura sin responsabilidad frente a la calidad.

Lo anterior plantea una sentencia: solo la educación de calidad genera desarrollo. La educación superior que se realiza con fines e intereses particulares, esa educación, pública o privada, en la que se desvían los recursos a fines diferentes a función misional de la educación superior no traerá desarrollo y crecimiento económico a las sociedades. Es la educación en la que todos sus actores, docentes, institución, entorno, familia, tienen como propósito potenciar las destrezas de los estudiantes contribuyendo con la construcción de un aprendizaje significativo, que potencie sus habilidades para resolver sus problemas particulares y los de la sociedad de la que hace parte, la que genera crecimiento económico en las sociedades y el crecimiento económico trae consigo la reducción de los niveles de pobreza extrema.

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