viernes 08 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Por qué, entre otras razones, insistir en una formación posgradual

Las motivaciones clásicas más comunes para iniciar un posgrado se relacionan con la necesidad personal de desarrollo de habilidades y conocimientos aplicables a un campo específico de conocimiento, con un alto grado de actualización en una era de acelerada evolución y complejidad, que precisa una mayor pertinencia, pues es visible una economía cada vez más centrada en la competitividad, con un alto nivel de validez en un mundo globalizado en el cual lo imperante, además de lo enunciado, es la capacidad de relacionamiento interpersonal.

Todo lo anterior, responde a la expectativa de mejorar las capacidades de análisis y competencias para resolver los cada vez más retadores y cambiantes problemas del sector empresarial, lo que, a su vez, sobre todo en esta época posmoderna, requiere fluidez y plasticidad en los perfiles posgraduales.

Es así como, además de posgrados con un alto grado de especialización, podemos encontrar ofertas que invitan al cruce, diálogo y hasta intercambio de disciplinas, lo cual, junto con la revalorización actual de la creatividad y el emprendimiento como componente primordial de la vigente economía naranja y del reto de una constante innovación, representa una refrescante oportunidad de re-creación profesional con una infinita posibilidad de re-invención personal a partir de los propios intereses del posgraduando.

Es por ello que iniciar un posgrado simboliza no solo la oportunidad de mejor posicionamiento y visibilidad profesional, sino que, además de aportar a la solución de problemas del sector productivo y de tributar a la competitividad del país con la esperanza de que los excedentes resultantes redunden en el bienestar social de sus habitantes, también implica una posibilidad de reconfigurar los perfiles profesionales en función no solo de las necesidades de nuestros futuros empleadores, sino de las mismas aspiraciones propias de cada uno, mediadas por nuestras identidades y en procura de crear nuevas conexiones a esta red global del trabajo, que en la actualidad, y como lo anticipa la ya entrada en vigencia cuarta revolución industrial, estará regida por la capacidad de relacionarnos diferencial y complementariamente con la agencia productiva.

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