Cultura
Sábado 26 de marzo de 2011 - 12:07 AM

Al rescate del imperio masculino

En medio de la enorme ola de humor crítico contra los hombres, llega la defensa masculina con El Imperio Fálico, un libro mordaz y sarcástico que César Borja, su creador, describe como un manual sólo para hombres, quienes, dicho sea de paso, también reciben una dolorosa 'muenda' por omisión.

César Borja(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
César Borja(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: REDACCIÓN CULTURAL

En 178 páginas, el autor, nacido en Colombia y criado en Nueva York, hace un recorrido por las diferentes etapas de la vida de los hombres -y entiéndase el término aplicado sólo a especímenes masculinos- para buscar en cada una de ellas las falencias que han dado pie a que las mujeres se hayan apoderado de importantes espacios en la vida pública, privada y social, que anteriormente eran de exclusivo dominio de los hombres.

 

No hay que dejarse engañar por las primeras 50 páginas, que parecen un ataque frontal a las mujeres, quienes son descritas en su más primaria, básica y engañosa definición. A medida que el libro avanza, ellos -los hombres- se vuelven protagonistas, aunque no necesariamente héroes, y a punta de "crítica constructiva" y muy ejemplarizante reciben directrices muy precisas para rescatar el imperio que le fue entregado a Adán, y desbaratado por Eva.

 

Lo cierto es que cuando una mujer lee 'El imperio fálico, manual sólo para hombres', queda con la duda de si enfadarse por la parte que le toca como representante del género femenino o regalárselo a su pareja para decirle unas cuantas verdades acerca de su mami, sus amigotes, su tacañería y su permanente indecisión.

 

Aunque hay que aclarar que los lectores masculinos encontrarán todo el respaldo a su hombría, a sus necesidades e incluso valiosos consejos de cómo evitar que les pongan los cuernos y cómo convertirse en los mejores amantes ejercitando los músculos del placer, el más importante de ellos ubicado más arriba de lo que se piensa, y que no se "sostiene" precisamente con una cazuela de mariscos.

 

César Borja, el autor, también deja conocer su posición sobre el libro, publicado por Editoral Grijalbo (Random House Mondadori):

 

- ¿Qué lo llevó a escribir esta obra de humor tan negro y rastrero?

 

La tristeza de ver que mientras de niño mis héroes eran el Llanero Solitario, los Siete Magníficos y vaqueros como los de Bonanza, los niños de hoy tienen a Barney, los Teletubies y Bob Esponja. ¿Qué les espera a esos niños en el futuro, si sus padres no les cambian esos modelitos masculinos?

 

- ¿Qué aconseja a los padres de hoy en ese caso?

 

Ante todo, que tengan cuidado y que no les pase lo que me sucedió con mi hijo, a quien invité a ver una película con dos rudos vaqueros en la portada, y cuando la puse resultó que cuando los hombres se encontraron solos en la montaña, ¡se agarraron a picos! Lo más triste fue que el niño me dijo: "Si esa es tu forma de salir del closet, no me parece papá. O sea...".

 

- Bueno, pero esa es simplemente una película...

 

No, en la vida real también hay de todo para confundir a los niños y adolescentes de hoy sobre el término hombre: los metrosexuales, que se depilan hasta el biquini, y los heteroflexibles, que supuestamente sin ser homosexuales tienen relaciones esporádicas con otros hombres, dizque para sentir y experimentar. En mi opinión, si lo que quieren es sentir, que se le peguen a un cable de la luz, y ya.

 

- Le faltaron los intersexuales...

 

Sí, algo leí sobre esta nueva minoría sexual que puso el punto sobre la 'i' a la ahora comunidad Lgbti, y que experimenta placer corporal lamiendo y oliendo pies, usando máscaras de látex o acariciando el cuero y el metal. Deberían trabajar como utileros de cualquier equipo de fútbol, y vivirían felices; no necesitan hacer parte de ninguna comunidad que confunda más a los hombres del mañana.

 

- Volviendo al libro, ¿usted sí cree que los hombres nunca van a entender a las mujeres?

 

Claro que estoy seguro de eso, o explíqueme cómo así que no se les puede levantar la voz porque se traumatizan, pero se van a un "spa" a que les hagan maderoterapia, o sea, a que les den con un garrote y las torturen con cera caliente, cuando a nosotros nuestros papás nos decían que no las podíamos tocar ni con el pétalo de una rosa; ¿y entonces...?

 

- Pero usted parece que quiere quedar bien con ellas cuando agrupa a los hombres en hijos de mami, fantoches, perdedores, tacaños, amigueros, egoístas, celosos, indecisos, llorones, cobardes... en fin.

 

No se equivoquen; es cierto que los clasifico, pero sólo para enseñar a los demás hombres cuáles son las mejores técnicas para quitarles la mujer; que ellas se aprovechen de eso para regalar el libro a sus parejas y así echarles vainas, es otra cosa. Recuerde que es un manual para hombres; que le sirva a las mujeres, también es otra cosa.

 

- Al final del libro, cuando ya los hombres se sienten envalentonados porque por fin tienen quien los defienda, usted deja al lector entre huevón y loco con el cuento de que una sonrisa, un beso o una caricia femenina manda para el carajo ¡de una! toda la basura dicha en este libro. Entonces, ¿a qué jugamos?

 

 A que esta es una obra literaria de ficción; a que cualquier parecido con la realidad es una coincidencia, y eso no es culpa mía. 'El imperio fálico' es humor negro en dosis letales, para divertir, y no para humillar a nadie, y como tal hay que leerlo. Por todo esto, no dudé en dedicarlo a mi esposita, que es quien mantiene la casa, porque con sueldo de escritor no se puede vivir.

 

 

Publicado por: REDACCIÓN CULTURAL

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