Cultura
Sábado 02 de marzo de 2013 - 12:00 AM

“Bodypaint”: la piel como lienzo, la luz como pincel

El taller Arcadia, los cuerpos de María Camila Sandoval y de Íngrid Delgado, el pincel del maestro Ruben Darío López, la iluminación de la luz ultravioleta, y la obra toma vida.

“Bodypaint”: la piel como lienzo, la luz como pincel
“Bodypaint”: la piel como lienzo, la luz como pincel

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Publicado por: Textos y fotografías: Mauricio Olaya Corzo

El taller Arcadia, que el artista plástico Gustavo Puyana comparte con su esposa y también artista Silvia Margarita Peña, sirve del mejor ambientado escenario para que Ruben Dario López, el artista que en días pasados presentó en la Casa del Libro Total su nuevo proyecto creativo “body paint glowing” o pintura luminosa sobre el cuerpo de una modelo, inicie un proceso que al cabo de seis horas de consagrado trabajo determinará un espectacular resultado de arte, luz, color, magia y belleza.
“El arte por naturaleza es dinámico, cambiante, innovador; si no se tienen esas condiciones, se vuelve repetitivo y –sin descalificar el trabajo de otros artistas– no sorprende ni lleva a la comodidad, y precisamente por eso, en mi carrera como artista siempre me he propuesto la tarea de orientar mi trabajo hacia lo novedoso o, en su defecto, hacerme a un lado y tomarme los años sabáticos que sean necesarios para llegar con algo que merezca la pena emprender”.
“Sentía que había todavía escenario para indagar, pero, de todos modos, me sentía creativamente amarrado y, como artista, sentía que mi obra recibía muchas congratulaciones, pero pocas retribuciones en lo económico, y sentí que debía hacer un pare hasta encontrar algo que me devolviera la chispa creativa, y fue precisamente en un viaje por Chile, Argentina y Brasil cuando me encontré con este tema de la pintura corporal y en especial en el uso de unos pigmentos que, si bien se usaban para decorados triviales en fiestas y discotecas, podría tener una interesante alternativa creativa”.

El cuerpo como soporte
Condición indispensable para el artista: la confianza. Por esa razón, lo primero que hace al comenzar el proceso de pintura es decirle a su modelo que requiere de su total desnudez. “Si el cuerpo de la modelo va a ser el soporte de mi trabajo, no puedo ponerme a fragmentar ese hermoso lienzo natural tapando partes. Es como si cogiera un bastidor y cubriera parte de él antes de pintar”.
A partir de esa ruptura del pánico escénico mutuo, todo es concentración. No hay moldes, no hay dibujos previos. El pincel recorre una y otra vez la ruta entre los frascos que conservan las pinturas y la piel de la modelo, que el fotógrafo Javier Montero expuso con sensible concepto, y comparó más con una seda que con un fuerte lienzo.
“Cuando comienzo a pintar lo tengo claro en mi mente, y en especial sobre este proyecto en que pretendo dos cosas fundamentales: elaborar una serie en que recapitulo la simbología ancestral de las culturas indígenas de América y, al tiempo, hacer de esta técnica pictórica un ejercicio creativo novedoso e impactante”.

Un calendario modelo
El artista aprovecha la oportunidad para hacer dos llamados: conseguir un patrocinio empresarial para realizar el sueño de llevar a las páginas de un calendario de gran formato este proyecto y, por el otro, animar a más modelos que quieran hacer de sus cuerpos el bastidor del maestro.
“Este es un trabajo que involucra varios componentes artísticos. Se requiere de un soporte hermoso, y en un cuerpo bien cuidado y armónico comienza el ejercicio estético. Mi participación, que implica conocimiento de la técnica, sensibilidad y claridad de lo que estoy llevando al cuerpo de la modelo y, por último, el trabajo del fotógrafo, pues no solo se trata de hacer un registro visual; es técnicamente exigente trabajar con condiciones de luz mínimas y además debe haber mucha sinergia para captar el espíritu de un buen retrato”.

Publicado por: Textos y fotografías: Mauricio Olaya Corzo

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