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Cultura
Sábado 13 de enero de 2024 - 12:00 PM

Antonia Díaz la bailarina colombiana que triunfa en el ballet de Estados Unidos

A sus 24 años Antonia Díaz ha cumplido su sueño de ser bailarina de ballet profesional. Con raíces santandereanas, cuenta cómo es su vida en Carolina del Sur, donde brilló recientemente con ‘El Cascanueces’.

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Antonia Díaz soñaba con ser bailarina y que hoy brilla en los escenarios internacionales. Foto: Suministrada / VANGUARDIA
Antonia Díaz soñaba con ser bailarina y que hoy brilla en los escenarios internacionales. Foto: Suministrada / VANGUARDIA

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Antonia Díaz soñaba con ser bailarina y que hoy brilla en los escenarios internacionales. Foto: Suministrada / VANGUARDIA

El pasado sábado 3 de diciembre fue uno de esos días perfectos para explicar cómo es el día a día de una bailarina de ballet profesional.

Carolina del Sur tiene una comunidad amante de este arte y ‘El Cascanueces’ se presentó en dos funciones distintas, una a las dos de la tarde y otra a las siete y media de la noche.

Como preludio, Antonia Díaz se prepara meticulosamente para el escenario, un proceso que implica maquillarse, peinarse y tomar sus clases de ballet.

Cuando la función está programada para las dos de la tarde, Antonia suele despertarse alrededor de las 10 de la mañana. La primera sinfonía de su día, en cada presentación, resuena con la práctica rigurosa de la fisioterapia, una devoción arraigada en sus experiencias pasadas.

“Hace un par de años tuve una lesión que me mantuvo fuera de la pista durante un tiempo. Me enseñaron que es esencial darle al cuerpo recuperación y estiramiento todos los días, ya que es la única manera de prevenir lesiones a futuro”, señaló Antonia a través de WhatsApp el día siguiente a sus presentaciones.

Antonia Díaz nació en Bogotá, pero su mamá, Carolina Garcia, es una orgullosa bumanguesa casada con Luis Carlos Díaz. Su abuela es Nelly Badillo Puyana y su abuelo, Rodolfo García Ordónez, ambos abogados muy destacados en la región. Y su bisabuelo Marco A. Badillo V., tiene un busto en el parque de Mejoras Públicas de Bucaramanga. Además, la mayoría de artistas que conoce tienen origen en estas tierras agrestes, donde el talento sorprende. Estudió ballet profesional y en diciembre pasado, fue una de las solistas de ‘El Cascanueces’, que se presentó en Carolina del Sur con su compañía Columbia Classical Ballet, en Estados Unidos.

A través de un recorrido virtual por esa maravillosa danza, Antonia habló con Vanguardia para contar cómo es un día a día, cómo nació su amor por la danza, sus retos, así como los mitos y realidades que vive una bailarina de su nivel.

Un sábado maravilloso

Ese sábado, dos horas antes del esperado espectáculo, se reúne con sus compañeros para una última sesión de práctica, y ésta suele prolongarse hasta la una y media de la tarde.

Este breve intervalo, estratégicamente ubicado entre la clase y la actuación, se convierte en un espacio vital para afinar detalles.

Y llega el momento.

‘El Cascanueces’ es un ballet clásico que presenta una rica y diversa variedad de danzas, cada una con su propio encanto y significado en la historia. Una de las escenas más icónicas del ballet es el “Vals de las Flores”, del cual Antonia es solista. Esta danza se desenvuelve en el segundo acto y es una expresión elegante y festiva que evoca la magia de la Navidad.

Este vals se caracteriza por movimientos gráciles y los bailarines se deslizan por el escenario con giros, piruetas y elevaciones que capturan la delicadeza y la belleza de las flores en su esplendor.

La música melódica y hasta misteriosa de Piotr Ilich Tchaikovsky acompaña la danza, creando una atmósfera mágica y transportando a la audiencia a un mundo de fantasía.

Las funciones transcurrieron con éxito marcando un hito más en el recorrido artístico de Antonia. Posteriormente, ella y sus compañeros dedican tiempo a sus seguidores. Firmar autógrafos y saludar al público, una tradición que persiste después de cada función, se convierte en el epílogo de una jornada llena de dedicación y logros.

Al regresar a casa, Antonia sigue una rutina dedicada a la recuperación de sus tendones, incluyendo una sesión final de terapia y la aplicación de hielo.

Mientras eso sucede, Antonia explica cómo se interesó en la danza.

“Empecé a bailar ballet a los cuatro años de manera bastante casual. Mi mamá solía decir que yo veía el canal de Film&Arts en los años 2000, cuando mi abuela lo ponía en la televisión. Supongo que encontré algún tipo de afinidad con el ballet. Como muchas niñas, no fui la excepción en que me gustaban las princesas, los lazos y los cuentos. Formar parte de ese mundo del escenario me parecía entretenido. Esto, sumado al hecho de que mi escuela de ballet, que estuvo en mi colegio durante muchos años en Bogotá, quedaba al lado de la academia de tenis de mi primo. Siempre que íbamos a recogerlo pensaba que era perfecto”.

Desde temprana edad, entre los dos y los cuatro años, Antonia insistió a sus padres para que la inscribieran en clases de ballet. Sin embargo, su interés por la danza a nivel profesional se manifestó de manera inesperada. El punto de inflexión ocurrió cuando recibió una beca de The Joffrey Ballet School. Aunque inicialmente tenía la intención de abandonar el ballet al completar sus estudios secundarios, como muchas bailarinas lo hacen para seguir una vida mucho más formal y seguir una carrera más convencional, su trayectoria tomó otro rumbo.

El interés renovado en la danza surgió al recibir la mencionada beca, lo que la llevó a replantearse sus planes. Con el objetivo de cerrar su ciclo en el mundo del ballet de una manera significativa, decidió audicionar para un curso de verano en Nueva York. Reconociendo que continuar con la misma intensidad que en la etapa escolar no sería lo más práctico, optó por esta oportunidad para explorar y enriquecer su pasión por la danza antes de tomar decisiones cruciales sobre su futuro académico y profesional.

“En esa audición, fui aceptada en el programa profesional de la escuela para la cual quería hacer el curso de verano. Esto me hizo darme cuenta de que tenía un potencial que ni siquiera yo conocía. Fue entonces cuando me interesé en la danza profesional. Le dediqué tiempo y estudio para saber si era lo que quería hacer como carrera. Hasta el día de hoy, sigue siendo mi principal interés profesional”.

Los mitos y realidades de las bailarinas profesionales

Muy pocas personas amantes del cine no habrán visto la increíble actuación de Natalie Portman en ‘El cisne negro’, un homanaje de su director Darren Aronofsky a su hermana bailarina. Eso sí, la cinta nos sumerge en un mundo un tanto convulso de las bailarinas, algo que parece llevarlas casi al extremo de su sanidad.

¿Pero es así?

“La vida de las bailarinas es definitivamente intensa”, aclara Antonia, “sin embargo, hay un dramatismo exagerado en lo que los cortos de televisión y las películas han compartido con el público durante mucho tiempo. El desgaste físico es real y, aunque existen maneras de contrarrestarlo, es innegablemente una realidad”.

Eso sí, explica que “no todos los pies de las bailarinas son tan maltratados como los muestran en televisión, creo que ese es un mito estético. Además, en los últimos tiempos, las bailarinas en las compañías se han encargado de evitar y ayudar en lo que respecta a los desórdenes alimenticios. Esa es una dosis de drama que las películas siempre agregan, pero que las bailarinas no suelen tener en la actualidad gracias a los avances en nutrición y a que el mundo ha comenzado a entender que somos atletas que necesitamos músculo y recargar energía. Por lo tanto, creo que este es uno de los mitos actuales”.

La presión del arte

Indudablemente, explica Antonia, la competencia es una realidad tangible. Como individuos, los seres humanos exhiben una fuerte tendencia hacia la competencia, especialmente en contextos profesionales, dice, y durante las presentaciones, resulta fácil propiciar comparaciones debido a la intensa rivalidad, generando ambientes cargados de tensión. Antonia reconoce abiertamente que en su compañía, cada vez que se publica una lista de repartos, se manifiestan tensiones palpables.

“En la búsqueda por interpretar roles solistas, muchos de los bailarines compiten entre sí, enfrentándose a la limitación evidente de que sólo un número reducido de personajes solistas está disponible. En ocasiones, la adjudicación de estos roles no se basa exclusivamente en las habilidades individuales, sino en la decisión del director respecto a lo que considera más adecuado para la escena. De este modo, la vida marcada por la competencia entre los bailarines se revela como una realidad innegable, persistiendo incluso en el exigente ámbito profesional del escenario”.

Durante la semana siguiente a ese sábado inolvidable, Antonia salió en tour con su compañía a Virginia Occidental. Mientras va de camino, aprovecha para contarme que reconoce que su lesión de tendón de Aquiles ha sido el reto más grande de su carrera. La recuperación y el proceso de rehabilitación fue un reto físico y mental exhaustivo.

Aunado a ese reto en particular, audicionar en general a compañías en el pasado ha sido otro reto. “Las audiciones de los bailarines son supremamente complejas. Somos muchos los bailarines apasionados y los cupos en las compañías, muy limitados. Hay mucha fuerza interior que es necesaria para no desmotivarse después de recibir tantos No ‘s”, dice.

Su compañía, Columbia Classical Ballet, está asociada con Charleston Ballet Inc en Virginia Occidental. Cada ‘Cascanueces’ cuenta con una selecta cantidad de bailarines de su compañía que son invitados a bailar en el ‘Cascanueces’ de Charleston Ballet. Tienen un par de días de ensayos, pero básicamente llegan directo a presentaciones después de su semana de ‘Cascanueces’ en Carolina del Sur.

Alcanzar sus sueños

“Cada presentación de ‘El Cascanueces’ es un gran orgullo para mí. Dado que suele ser la presentación de fin de año en Estados Unidos, a menudo se convierte en un punto de comparación con el año anterior. Esto me proporciona una manera cómoda de autoevaluarme y ver cuánto hemos mejorado y en qué necesitamos trabajar. Mi primer “Cascanueces” con esta compañía fue emocionante. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de probar nuevos papeles cada año, y cada uno ha sido extremadamente gratificante para mí. Usualmente, nuestra temporada de fin de año coincide con la mitad de nuestro año laboral, por lo que es un buen momento para determinar si necesitamos hacer algún cambio. Esto nos ayuda a mejorar y a trabajar en lo que necesitamos para el comienzo del nuevo año calendario y la segunda mitad del año laboral”.

Con una trayectoria profesional de cinco años y un entrenamiento que comenzó en ese mismo periodo, Antonia ha sido parte de la compañía durante cuatro años. Además, imparte clases y es la imagen oficial de una reconocida marca de mallas y medias para funciones y entrenamientos.

En 2023 desempeñó roles solistas en la Danza Rusa, la Danza China y la Danza Española.

“Bailar ha sido lo mío desde muy pequeña, pero siempre lo vi como un hobbie. Durante muchos años dije que quería ser abogada o internacionalista porque la academia me apasiona también. Aunque completé un año en la carrera de Derecho en la Universidad Javeriana en Bogotá, y a pesar de que me apasiona estudiar, descubrí que dedicarme a la danza me proporcionaba una satisfacción mucho mayor. Incluso hoy, sigo estudiando”.

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Publicado por Paola Esteban

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