sábado 22 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Cinco noches hacen historia

¡Aplausos! Se acaba de clausurar la primera temporada de abono de un grupo de teatro nuestro, el Grupo de Teatro de la UIS.

El arte cautiva, pero también desenmascara nuestra fragilidad. Admirable la gran labor de todos los miembros del grupo, porque lo que en otras geografías sería aberrante, en nuestra ciudad es la norma: el actor, la actriz, la dramaturga y el director aquí son también utileros, técnicos de sonido, tramoyistas y hasta acomodadores.

Con la obra ‘Algo se pudre en la despensa’, adaptada espléndidamente para el teatro por Élvert Sotomonte, se abrió el telón. La risa conquistó a la audiencia y desde el proscenio se lanzó el anzuelo de la reflexión sobre un tema dolorosamente recurrente en todas las esferas de nuestra sociedad: el robo y el engaño material y moral. La actitud participativa de los espectadores confirmó que más allá de la hilaridad que desataron los apuntes jocosos sobre la sexualidad, el público mordió la carnada y admitió el tema como una caricatura de esta grotesca realidad. Esto es lo que una audiencia necesita: maestros actores, maestros dramaturgos y maestros directores que impulsen la búsqueda de otras vivencias desde el goce de las artes escénicas.
 
Es necesario disfrutar con una risa plácida el arte escénico, pero también es cierto que hace falta entender que el teatro no es sólo comedia; también es el escenario de la vida y como tal también caben allí el asombro, la poesía, la nostalgia y el dolor, como en ‘Viejos hospitales’: lo mejor de la temporada. Todos hemos vivido el calvario que ha convertido la atención de la salud en un vil negocio. Hoy, hoy como ayer, seguimos mendigando la atención médica en nuestro país; ahora, para colmo, también en el sistema prepagado… Y para la gran mayoría que apenas alcanza a aspirar a este servicio básico, una crisis de salud es infame: la condena a morir sin dignidad.

Igualmente extraordinario fue el tema de la obra con la que bajó el telón: ‘Culebra pico de oro’. El mes pasado se lanzó en la Casa del Libro Total un proyecto de suma importancia para Bucaramanga y Santander, ‘Santander se revbela’, y esta obra contribuye desde el arte al propósito de este proyecto: rescatar nuestra memoria histórica, reconocernos y reivindicarnos como pueblo. Una obra puede aludir a hechos históricos, pero quien va al teatro buscando clases de historia, o un espejo insulso de la realidad, yerra en el propósito. La obra invita a consultar las fuentes, a reconstruir por cuenta propia una historia que ha sido mal contada, y este fue el logro de la obra de Clara Maritza Guerrero, cuyo talento esperamos ávidamente que nos nutra con nuevos derroches de ingenio. Los actores y las actrices, en cambio, no deben dormirse sobre los laureles de un parlamento robusto porque, descuidada la labor constante de encarnar al personaje, ronda el odioso peligro del 'teatro de visita'.

En ‘Historias para ser contadas’ se rinde un homenaje a la tradición del teatro pobre; una propuesta muy oportuna si se considera que 2009 ha sido declarado por la Unesco como el año Grotowski. Un ejercicio bien logrado con muy poca parafernalia, una buena dosis de versatilidad aderezada con los hermosos giros poéticos de Dragún. Los actores brillaron apoyados casi exclusivamente en sus dotes histriónicas.

Tanto en ‘Culebra pico de oro’ como en ‘Gorditas’, de Gustavo Ott, el manejo de los recursos audiovisuales enriqueció e hizo muy verosímil la trama. ¡Qué acertado desempolvar esa fotografía documental! Las imágenes cobran vida y ganan mucho más sentido observadas así. En ‘Gorditas’, la acción evoluciona en tono de comedia hacia intrincadas situaciones: se consagran heroínas mujeres hábiles en triquiñuelas, intrigas, traición, explotación, deslealtad y ambición. Otra vez aquí la risa viene cargada de una buena dosis de dardos que apuntan a la reflexión.

Se apaga la luz, el teatro queda solo y la audiencia complacida. Ojalá esta semilla germine y en nuestra ciudad florezcan obras, grupos, dramaturgos y actores que estimulen a hacer del teatro un hábito para la diversión y la reflexión y, a su vez, la audiencia continúe cultivándose para estar a la altura de sus talentos. Que aquí, como allá en el Sur –para citar al director Omar Álvarez, hombre con el que Bucaramanga está en deuda– 'ir a teatro sea tan común como ir a misa'. TUIS ya dio el primer repique en el campanario del proscenio.

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad