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Cultura
Miércoles 23 de agosto de 2023 - 12:00 PM

Crimen y Castigo: una obra maestra de la literatura rusa que cautivó a los bumangueses

El Teatro Santander fue testigo de una obra que nos llevó al corazón de la novela Crimen y Castigo de Fiodor Dostoyevski. La adaptación teatral del Teatro Libre nos mostró la complejidad y la dualidad de los personajes, así como su relación con el contexto social. El público bumangués respondió al Teatro Libre, que celebra este año medio siglo de lucha, y llenó el teatro.

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En Bucaramanga, Crimen y Castigo vendió todos los asientos, este quizá, sea el mejor reconocimiento al trabajo heroico de las artes en Colombia. Foto tomada de Internet/VANGUARDIA
En Bucaramanga, Crimen y Castigo vendió todos los asientos, este quizá, sea el mejor reconocimiento al trabajo heroico de las artes en Colombia. Foto tomada de Internet/VANGUARDIA

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En Bucaramanga, Crimen y Castigo vendió todos los asientos, este quizá, sea el mejor reconocimiento al trabajo heroico de las artes en Colombia. Foto tomada de Internet/VANGUARDIA

En el escenario vemos apenas tres sillas y una mesa con un cuaderno, quizá la representación perfecta de Raskolnikov, el personaje principal de la novela Crimen y Castigo de Fiodor Dostoievski: este joven estudiante intelectual, pero pobre, es la encarnación a su vez de la venganza social, del crimen injusto que quiere ser la justicia de quienes viven en una pobreza sin oportunidades teniendo tanto por dar. Pero es un crimen. Y sigue teniendo su castigo.

Estos elementos son los que nos permiten transitar hacia la obra y vivir en ella en el escenario: Crimen y Castigo es una obra densa y oscura, con Raskolnikov encerrado la mayoría del tiempo en su cuarto y en la comisaría, pensando, castigándose, reflexionando, justificándose y dando vueltas en su cabeza.

Para estar en esta obra y vivirla, se necesitan elementos que nos permitan estar ahí, en esa fuerza y en esta adaptación de Crimen y Castigo hecha por el Teatro Libre, esa atmósfera tiene una filosofía que es la base de lo que vemos en el escenario.

Carlos Martínez me explicó en una entrevista previa a la función que “aprovechamos el momento que estaba pasando el teatro para profundizar en un teórico del teatro moderno, Jerzy Grotowski, que llegó en este momento del montaje para ilustrar un poco la teoría del teatro pobre. Como pueden ver, hay objetos como sillas, pero eso es todo lo que tenemos. No hay movimiento de telones ni tramoya. Grotowski se pregunta qué es lo indispensable para hacer teatro: ¿el maquillaje? ¿El texto? ¿La sala? ¿El vestuario? ¿La luz? Lo único indispensable en el teatro es el actor y la magia que él puede crear con la luz. Lo demás está en las manos de los actores”.

Esta adaptación de la obra “Crimen y castigo” se estrenó en 2005. De hecho, en esta nueva presentación no queda nadie de la producción original, ni siquiera el asistente de dirección.

Esta adaptación condensa la acción en Raskolnikov, Sonia, el inspector que está detrás de Raskolnikov, la madre de Raskolnikov, Aliona y Elizabeta, y el padre de Sonia, Marbella.

Diego Barragán, quien interpreta a Raskolnikov, señala que “Es una obra extensa, es una obra llena de reflexión, es una obra con unos diálogos magistrales que por eso es que uno piensa siempre que Dostoyevski tiene más alma de dramaturgo que otra cosa, pero claro, el reto máximo era encontrar la médula de toda la novela para poder contarla y traerla acá”.

La obra se enfocó entonces en el inspector Semión Marmeládov como la columna vertebral sobre la que se basó esta adaptación. El inspector es, de hecho, un personaje fundamental y ese algo que también nos llega mucho como colombianos, ya que trata de encontrar la verdad sobre el crimen y darle un castigo, pero que también se debate en tratar de comprender el contexto de este mismo horrendo crimen.

La rusa parece una cultura muy alejada de la colombiana, pero en realidad los seres humanos anhelamos esa verdad y justicia que, de cualquier manera, tampoco puede desligarse de lo que nos hace humanos. Mucho más teniendo en cuenta nuestro contexto de violencia histórica y transversal a ella misma.

César Mora, quien interpreta al detective Mameládov, explica siendo el último actor que se ha vinculado a la obra, todavía no la entiende.

“Me siento como si estuviera frente a un crisol lleno de complejidad y de matices y de cosas que no termina uno de entender. Todavía sigo tratando de entender al inspector. Cada vez que nosotros subimos al escenario, intento buscar esa dualidad que tiene ese inspector entre un tipo que, Raskolnikov, que casi llega a convencer en un momento, lo mira como diciendo “este hombre tiene razón”.

De hecho, hay un momento en que el inspector le dice: Desde que lo conocí, he sentido una cierta atracción por usted porque he tenido ese tipo de reflexiones que usted tiene, por eso las siento tan familiares y extraordinarias.

Pero por otro lado, está su compleja misión de policía, que tiene que estar allí en algún momento. A mí me parece genial que en la adaptación de un libro de 700 páginas, Ricardo Camacho, el director y adaptador de la obra, haya logrado en hora y media mostrarle a la gente el cuadro perfecto de lo que sucede allí con tres personajes. Creo que una de las apuestas además era que dos de los actores hicieran doble personaje. Eso es maravilloso y es uno de los aciertos de Ricardo en términos del montaje y la puesta en escena que se necesitaba para contar esta historia, pero nosotros todavía tenemos que investigar y mirar porque, insisto, es un mundo maravilloso.

“En un país como el que nos ha tocado vivir, uno termina de hacer esta obra y hay gente que le dice a uno “parece que estoy viendo Colombia hoy”. Y eso creo que ha sido uno de los objetivos del Teatro Libre de Bogotá: siempre estar presente, no ignorando la realidad del país que nos ha tocado vivir. De todas maneras, el arte siempre es crónica de los tiempos y eso creo que es lo que hace el Teatro Libre: ser crónica de los tiempos como artistas, como es el deber de los artistas. Ser crónica de sus tiempos creo que es un acierto maravilloso. Cada vez que pongan esta obra en escenario, siempre será no solamente compleja para el público sino también para los artistas”.

Los clásicos son obras que han resistido la prueba del tiempo y siguen siendo relevantes hoy en día. Al adaptarlos y presentarlos al público colombiano, el Teatro Libre está permitiendo que las nuevas generaciones experimenten estas historias y aprendan de ellas.

Diego Barragán dice que esa profundidad y fuerza que traspasa las barreras del tiempo y el espacio es lo que hace que el teatro sea un espejo de su tiempo.

“En ese espejo pueden verse reflejadas muchas sociedades, si los autores y las obras están reflejando el momento y las cualidades concretas que traspasan el tiempo y el espacio. El teatro se vuelve un espejo de la realidad, un espejo que puede ser normal, cóncavo o convexo, y uno juega con esas formas para llegarle al público de alguna manera. El clásico siempre va a hacer reflexionar al público acerca de sí mismo, de las cosas medulares, de las preguntas que nos hemos hecho desde que los griegos empezaron a preguntarse en el siglo quinto antes de Cristo: ¿qué es la vida? ¿Qué son los dioses? ¿Cuál es el destino? ¿Qué es el amor? ¿Qué es el poder? ¿Qué es la política? Etcétera. El Teatro Libre ha tenido ese trabajo y ahora estamos cumpliendo 50 años”.

“Jugando a ser un espejo real de la realidad, un movimiento político que buscaba un cambio dentro de una sociedad que estaba revolucionada en los años 70. Hubo una gran ruptura y el Teatro Libre fue cambiando su visión para hablar a través de los clásicos, no solamente de las obras que fueran un espejo directo de la realidad. Aquí, “Crimen y castigo” nos habla de una cantidad de cosas que pareciera que estuvieran pasando ahora, pero este tipo las escribió en 1860. Esa Rusia rural aparece en Colombia, esa Rusia feudal donde el zar todavía está, pero a punto de caer, en decadencia, en una sociedad que está pidiendo un cambio”, dice.

Y esa Rusia feudal que pide un cambio se parece entra en un interesante juego de contexto con Colombia, que pidió, votó y aún espera obtener un cambio.

Katheryn Mártinez, quien interpreta, entre otros personajes, a Sonia, mujer trabajadora sexual que se convierte en la esperanza de Raskolnikov y que representa en Dostoyevski esa comprensión de la vulnerabilidad del pueblo ruso encarnado en las mujeres, señala que para ella “es muy interesante abordar su historia y tratar de comprender por qué está tratando de ayudar a Raskolnikov, incluso después de que él comete el terrible crimen de matar a una de sus amigas y a Aliona. Ha sido un reto muy interesante poder abordarla y tratar de meterme en su cabeza para comprender por qué reacciona como reacciona a lo que él hace. Es muy apasionante vivir ese viaje que ella hace a través de lo que él cuenta”.

Porque para hacer teatro en Colombia, se requiere mucho más que solo una sala y actores. Venimos de una pandemia que parece que ya pasó, pero ¿qué tanto en realidad? ¿Cómo vamos y cómo estamos para hacer teatro en Colombia?

“La pandemia trajo un momento tétrico al ver la sala vacía. Nosotros tenemos dos salas en Bogotá, la sala centro y la sala Chapinero, y ver la ausencia del público nos alteraba. Decidimos en pandemia montar un proyecto donde hicimos radionovelas que se pueden ver en nuestra página”, dice Carlos Martínez.

“Como dice Carlos, si no hay público, no hay teatro”, explica Diego Barragán. “Después de la pandemia, ha habido un proceso de reactivación muy interesante porque la gente volvió a las salas en masa. Ahora que se ha ido abriendo el mercado y hay más conciertos y eventos, la labor del teatro sigue siendo épica. Se necesita berraquera, paciencia, pasión, amor por la profesión y respeto por el trabajo para mantener un grupo y una actividad teatral pese a las dificultades, los problemas económicos y la falta de apoyo estatal.

Hay una cantidad de gente detrás de una producción teatral que trabaja duro para hacer que todo salga bien. Hay muchas cosas que financian los teatros, que tienen que buscar y conseguir su plata, que tienen que hacer con las uñas su vestuario y trabajar con amigos y familiares para lograrlo. La pandemia fue un momento terrible, pero no fue el único momento difícil para el teatro. Sin embargo, todo ese esfuerzo tiene sus recompensas”.

En Bucaramanga, Crimen y Castigo vendió todos los asientos, este quizá, sea el mejor reconocimiento al trabajo heroico de las artes en Colombia.

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Publicado por Paola Esteban

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