sábado 18 de abril de 2009 - 10:00 AM

El folclor no se puede ‘proponer’

'Mientras resolvía mi vida, estuve cerca de diez años sin hacer nada. Durante esa época cantaba baladas y boleros, acompañados con guitarra, y con esta, varios estilos de música, distintos del vallenato.

Para la bebeta, vallenato, y la otra música era para un concurso en Radio Valledupar, que hacía concurso todos los domingos'. Colacho comenzó la secundaria en Valledupar en 1959 y empezó también el tema de la música. Instalaron la emisora en 1957, y su tío César Maestre Celedón, que tocaba tiple, cuatro y guitarra, bombo y redoblante, fue el músico de la familia y a él le debe la inducción a la música.

Trabajaba a sus veinte años en la Sierra Nevada de Santa Marta, mientras adquirió experiencia en la música, y vino el primer festival vallenato, con Fredy Molina, Octavio Daza, Tijito Carrillo, el autor de La cañaguatera, y Gustavo Gutiérrez, cuatro compositores ya visibles. Cargaba una ‘reolina’, que allá llaman ‘violina’, y su mochila arhuaca, que tiene desde los 16 años.

En 1970, Auca (Asociación de Universitarios de la Costa Atlántica) lo trajo a Bucaramanga con motivo de la semana cultural, y volvió después para estudiar Ingeniería Metalúrgica. 'Yo ni sabía qué era metalúrgica –cuenta Colacho–, pero me fue muy bien en todo, hasta cuando empecé con las materias de la carrera, que me desinflé. Entré en 1974, y en 1975 comencé con Los Macumberos, con unas tamboras y un tamborcito que me traje de Valledupar en un bus de escalera.

Felipe Pérez, un ingeniero químico, salsómano, que anda con un paragüitas en el bolsillo, que se la pasa en Calisón, que no toma trago y baila salsa, y que no ejerció, fue la primera tambora que hubo en Bucaramanga. Yo sabía a conciencia que no lo hacíamos bien, pero a la gente le gustaba.

Cuando Los Macumberos entraban a la gallera era apoteósico. La canción que siempre pedían era Rosa'. Auca le había encargado que organizara un grupo de danza, y se reunieron 40 personas, fundamentado en la música de la costa, lo que él conocía. Llegó a oídos de la gente de Bienestar Universitario, y le propusieron seguir con la idea.

En 1976 le aprobaron el Grupo de Danzas de la UIS, pero tuvo que medírsele al folclor santandereano, y él no sabía nada de eso, así que buscó en Vélez a Luis F. Camacho, de quien recibió mucha riqueza cultural de la región y muchas claridades sobre cómo se baila. Con 78 integrantes fue al festival de Ascún; con 80 fue a Santa Marta, y ganaron con el torbellino.

Dirigió el grupo de danzas desde 1976 hasta 1992, tiempo durante el cual lo desilusionaron muchas cosas. Les dieron tres o cuatro vestuarios para 17 años, y todo andaba remendado. Los instrumentos eran suyos, y los adquiridos en el grupo eran compras de los muchachos. En los festivales de Ascún todos brillaban por el vestuario, menos ellos.

Aun así, Guillermo Abadía Morales los admiró en uno de esos festivales. Al fin se salió, porque además la Universidad no reconocía su trabajo ni le daba oportunidades para investigar. Sólo una vez, después de Vélez, para ir a Buenaventura a averiguar sobre el currulao, y por iniciativa propia estuvo en Barranca averiguando sobre la tambora del Magdalena Medio.

Había pasado desde 1985 a la carrera de Música como auxiliar, encargado del material didáctico, y dictaba Etnomusicología, hasta 1995, que llegó una propuesta de Auca, que le abrió muchos caminos. Montó cumbia, congo y tambora, y a la gente le fue muy bien: ganaron como mejor grupo y los muchachos volvieron a proponerle que los dirigiera. Tenía deseos reprimidos de trabajar en lo afro. El grupo se presentó y dio el resultado que se esperaba.

El rector entonces era Jorge Gómez Duarte. Comenzaron a trabajar de manera esporádica; oficializaron el grupo ‘Danzas Folclóricas Afrocolombianas Macondo’y la UIS comenzó a darles de todo. El otro grupo, ‘Danzas Folclóricas UIS’, permanece también porque es muy valioso.

Con la dirección de Carlos Vásquez, por ejemplo, tuvo un realce importante. 'Respecto a eso –dice Colacho– uno no puede ser demasiado purista, salvo que quiera meterse a un museo para que quede detenido en el tiempo; sin embargo, el folclor no se puede ‘proponer’, como insinúan algunos grupos'.

Participó y ganó en el Festival del Bambuco de Suratá con el tema Pueblo verde, compuesto para Patillal. La primera obra andina que compuso fue una rumba criolla, y actualmente suma unas 27 obras compuestas.

En 1974 ganó en Valledupar con El hachero, interpretada por Armando Moscote, quien luego la grabó con un grupo mejicano de Monterrey; también fue grabada por Juan Piña y la Revelación, Daniel Celedón y Óscar de León. Otra obra suya es la cumbia Juan el tamborero, grabada por la Gran Banda de Bucaramanga, hoy Bucarabanda.

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