domingo 02 de abril de 2023 - 12:00 AM

El santandereano Milton Afanador: Viajero de la performance y el arte colectivo

Milton Afanador ha podido ganarse la vida a través del arte, un arte experimental y colectivo que lo ha llevado por países como México y Argentina. Desde entonces ha formado colectivos, colaborando con otros artistas y curado exposiciones, transformando el arte santandereano. Esta es su historia.
Compartir

“Mi relación más duradera hasta el momento, emocional y espiritualmente más satisfactoria, ha sido con el arte. El arte conmigo ha sido generoso a pesar de que siempre he pensado que con algunas personas, o con la gran mayoría, el arte o las artes, en general, pueden ser crueles”, comenta el artista santandereano Milton Afanador, responsable de varios proyectos performativos y colectivos que han impulsado el desarrollo del arte regional.

Y cuando se refiere a que el arte no ha sido “cruel”, se refiere a que en su caso, a diferencia del de muchos artistas de la región (y de todas partes) ha podido vivir de lo que tanto le apasiona.

Descubrió su talento y su interés por el arte desde niño, porque pareciera que la sensibilidad y la manera en que percibimos el mundo son cosas que se pueden ver desde temprano y que marcan lo que será su forma de expresarse. Y su deseo de mostrarlo.

“No sé si es que uno ya nace con la sensibilidad o la particular forma de ver el mundo”, dice Milton Afanador.

Dice que está agradecido por las oportunidades que le permiten vivir como artista escénico y docente, dos oficios que ama. Sin embargo, reconoce que convertirse en artista, especialmente en el contexto local, fue tarea difícil.

Milton le contó a Vanguardia las diferentes paradas de este viaje que emprendió siendo muy joven y que lo ha llevado a destinos que soñó y que están transformando el arte regional.

$!Milton Afanador y su performance “El Buen Pastor”, de 2015. Foto suministrada/VANGUARDIA
Milton Afanador y su performance “El Buen Pastor”, de 2015. Foto suministrada/VANGUARDIA

Inicia el viaje

El viaje de Milton Afanador para convertirse en artista comenzó con su educación en la Universidad Industrial de Santander. Se graduó en 1997 del colegio, pero la Escuela de Artes le sugirió esperar pues al año siguiente recibiría su certificación formal.

No tenía un plan B, así que esperó. Entretanto, se dedicó a diferentes oficios hasta que 1999 llegó finalmente. Se matriculó en el programa de artes de la UIS y se graduó en 2005 con un proyecto que tenía un fuerte componente fotográfico. Y gracias a su habilidad con la cámara fotográfica, a comienzos de 2006 ingresó a esta casa periodística, Vanguardia.

Sin embargo, antes de que transcurriese un año, Milton Afanador supo que su camino estaba más lejos de aquí y más cerca del arte conceptual: una beca del Ministerio de Cultura le dio la oportunidad de llevar sus ideas a cabo.

No fue fácil: si bien ahora todo puede hacerse de manera virtual, en aquel 2006 se requerían documentos físicos y diapositivas que ya no eran reveladas en Bucaramanga y debían enviarse a Bogotá. Luego regresaban y luego, de regreso a la capital. Milton hizo todo este procedimiento: “era una locura, una cosa casi surrealista”, dice. Y su trabajo entusiasmó a los jurados: ganó una pasantía para desarrollar su proyecto en México.

Su proyecto “100% americano. América Latina una identidad a otro pueblo (Colombia 2005 y México 2006)” era tomar fotografías “de performatividad urbana, de personas haciendo cosas que también se hacen en mi ciudad, imprimir calendarios de bolsillo y pararme en el metro a repartirlos”, cuenta Milton.

Enfocó entonces su interés en el registro contextual, la vida cotidiana y el espacio público de Ciudad de México. Estando allí, conoció a un argentino que le sugirió estudiar en Buenos Aires, considerando que su pasantía estaba a punto de terminar.

Milton, como buen viajero experimental del arte, encontró en Argentina una especialización en medios y tecnología para la producción pictórica, que se alineaba perfectamente con su otra gran pasión. Se postuló a la Universidad Nacional de las Artes en Buenos Aires en 2008. Y pasó.

En Buenos Aires conoció a la reconocida artista Nelda Ramos y así también la agitada vida cultural de Buenos Aires: “Es una época en la que duermo tres horas diarias porque Buenos Aires es la Ciudad de la Furia. Nunca duerme, siempre había algo qué hacer. Una inauguración de arte a las tres de la mañana, la toma de un espacio a través de la performance a las doce de la noche... Me asombraba la energía que pude tener”.

$!Milton Afanador y “Diálogos sobre la J.E.P. Performance en espacio urbano”, realizada en 2018 en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
Milton Afanador y “Diálogos sobre la J.E.P. Performance en espacio urbano”, realizada en 2018 en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

La performance y la creación colectiva

Milton Afanador hizo en Buenos Aires sus primeras performances compaginándolas con su trabajo en las artes plásticas: allí nació uno de los proyectos más icónicos de Milton Afanador: utilizando una máscara de lucha libre que habían comprado en México, señalaba cosas parecidas entre sí, como una plaza de mercado y frutas, “señalando en qué somos semejantes”. Se llamó “El Milton del Virreches”.

Buenos Aires fue generosa con Milton Afanador. Encontró buenos amigos con los que todavía se mantiene en contacto y aunque no tiene un espíritu migratorio, planea seguir viajando tanto por la geografía del mundo, como por el arte.

Milton ha tenido la oportunidad de estar en Perú, de regresar a Buenos Aires, de conocer Chile y Brasil e ir a encuentros de performatividad en Latinoamérica. Es con este interés que participa, junto a la artista Yamile Manrique, el Festival Internacional de Performance Acciones al Márgen.

Uno de los proyectos más interesantes de Milton Afanador ha sido “Un fondo para Carlos. Homenaje a Esperanza Barroso”, inspirado en la artista santandereana.

Curiosamente, Bogotá no ha sido un espacio fácil para Afanador: “Para los artistas de Bucaramanga de mi generación es más fácil ir afuera del país que generar ciertos procesos en el centro. Aún somos periféricos. Para Bogotá, entre Bucaramanga y Amazonas no hay mucha diferencia. Estamos en el borde”, señala.

Milton combina su trabajo en docencia con su trabajo artístico. Usualmente, en equipo. Si bien confiesa que de adolescente no era gregario, con el tiempo desarrolló el gusto por trabajar en grupo.

Y es precisamente gracias al maestro Antonio Caro, con quien compartió hasta sus últimos días (falleció en 2021) realizó su primera exposición en Bucaramanga, en el Instituto Municipal de Cultura y que se llamó “La Gran Colombia”, la cual itineró en Medellín, Barranquilla y Cali.

“Mucho de lo que yo hago, también está influenciado directamente por el arte conceptual y por esa necesidad de generar procesos relacionales”, explica Milton Afanador.

Formó también un colectivo llamado Pseudos y 2Entes Magazine con el reconocido crítico de cine y arte, Jimmy Fortuna, enfocado en documentar procesos de arte alternativo en Bucaramanga a través de entrevistas, fotografías y reseñas de eventos culturales. El grupo tiene, además, una revista virtual de crítica de cine y ha logrado posicionarse a lo largo de ocho años de creación.

“Tenemos un dicho (con Jimmy Fortuna) que es: el truco es que no hay truco. No hay una fórmula perfecta, cualquier persona puede hacer lo que hacemos”, explica Milton.

Milton Afanador es curador del Museo de Arte Moderno y genera procesos artísticos y culturales con el Centro Colombo Americano y la Casa del Libro Total.

En un viaje a Nueva York conoce a Carolina Mayorga, lo que permitió también un intercambio que trajo a la artista para presentar su proyecto performático en Bucaramanga.

Milton Afandor es cofundador de 2 Entes Magazine y la revista Cine sin Sala, con el reconocido crítico de cine y arte, Jimmy Fortuna.

Actualmente, Milton Afanador trabaja en un proyecto llamado “Intertextuales”, que consiste en apoderarse de los espacios públicos y explorar temas políticos y sociales a través del arte escénico. El proyecto ha atraído a participantes de varios países y se centra en actuaciones aparentemente simples, pero complejas.

“Llegar a grandes públicos es complejo, sin embargo, el hecho de que muchas de las acciones se trabajen en espacio público ha hecho que haya una incidencia mayor sobre la ciudad y sobre las personas”, explica.

Sin embargo, explica que la performance no busca, en todo caso, ser comprendida de manera explícita.

“Todos hacemos lecturas desde el lugar de enunciación. Si veo a una persona desnuda en la calle generando una acción performativa con pintura roja que está reflexionando sobre el conflicto armado en Colombia la única lectura que voy a tener es desde mi lugar”, señala.

Dice que la performance pública es interesante, además, porque acerca de la clase trabajadora, al arte.

“A veces los museos pueden ser complejos e intimidantes para las personas, en cambio cuando te topas con el arte en la calle, con una acción performativa, esa acción rompe el cotidiano. Y si ya se rompió el cotidiano, el artista del performance ya logró mucho”, comenta Milton.

Dice que lo bonito de Bucaramanga es que las personas cuando ven su performance se animan a preguntar de qué se trata, qué está haciendo. Y para Milton, un artista experimental, performativo, colectivo, es una gran ganancia.

Noticias relacionadas:

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whastapp acá.
Image

Periodista egresada de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Desde 2005 hace parte del equipo de Vanguardia, trabajando en crónicas y reportajes premium, los cuales se enfocan en temáticas culturales, población Lgbt, y mujer y género.

Ganadora de un premio Luis Enrique Figueroa en 2007 con ‘Aquí estamos pintados’ y un premio CPB con ‘Diario de una bulimica’ en 2008.

@paola_esteban

Besteban@vanguardia.com

Lea también
Publicidad
Publicidad
Noticias del día
Publicidad
Tendencias
Publicidad
Publicidad