sábado 14 de febrero de 2009 - 10:00 AM

¿La producción de la radio cultural?

En la radio comercial, los productores se ven enfrentados con una situación difícil, porque se encargan del programa y, al tiempo, deben vender la publicidad necesaria para su subsistencia, en una relación laboral similar a la de aparcería en el campo: uno pone la tierra; el otro, el trabajo. Las ganancias se reparten por cuartas partes.

Lamentablemente, en la radio cultural y comunitaria los espacios no pueden ser comercializados porque el Estado no lo permite, y es el mismo Estado el encargado de vigilar y coordinar la programación de las emisoras.

Por tanto, las emisoras culturales buscan convenios con programadores externos que por buena voluntad puedan encargarse de los espacios.

El resultado generalmente es la mala calidad de los programas –no puede exigirse sin que medie un pago–, y es precisamente por falta de pago que algunos productores, con la calidad que les da el conocimiento o la experiencia, deben abandonar el espacio para buscar otra actividad, una que les represente rendimientos.

El clamor de los productores y de la comunidad beneficiaria de estas emisoras es que los encargados del manejo de estos medios, en las instituciones culturales del Estado, piensen en la destinación de recursos para la optimización de estos productos: invertido el costo de levantar esta fábrica, debe pensarse en lo que cuesta hacerla producir, o permitir que sean vendidos sus productos; pero, por su calidad de cultural o comunitaria, lo más prudente es lo primero.

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