domingo 25 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

Juan Gustavo Cobo Borda: un amante del libro y su “casa”

Hacia 1974, un muy joven Juan Gustavo Cobo Borda en su libro Consejos para sobrevivir, aseguraba en un verso que “...la mayor sabiduría consiste en desaparecer a tiempo”. Verso prematuro en 1974 y aún hoy en día para el autor que dedicó una vida a la cultura, a la literatura sin menoscabo, y que ha dejado de mano propia libros de poesía, antologías comentadas, ensayos sobre literatura, arte; centenares de artículos en revistas y periódicos nacionales e internacionales, tal y como supo contar otro excelso estudioso, Augusto Escobar Mesa.

Cobo Borda fue poeta y pensador, lector compulsivo de amplias bibliotecas -la suya en particular fue una “casa” al lado de su casa para poder albergar sus miles de títulos-. También fue maestro de ceremonias para la iniciación de miles de lectores en la literatura hispanoamericana, como insinuó Germán Arciniegas, en el prólogo que hiciera de su libro Desocupado lector (1996) al presentarlo como el “cronista literario de América”.

Pero por sobre todas las cosas, Juan Gustavo fue un hombre generoso con el pensamiento libre y puso el suyo a disposición de todos. Con esta intención, autorizó muchas de sus publicaciones a la Biblioteca de El Libro Total, convirtiéndola en su propia casa, por lo que se puede decir que fue uno de sus mejores amigos.

Daniel Navas Corona recuerda que lo conoció alrededor de 16 años atrás, compartiendo con él en distintas actividades en torno a la literatura. Cuenta que durante una de las primeras versiones de Ulibro en Bucaramanga, se acababa de publicar su libro Mirar con las manos (2006), una edición numerada de 1 a 100 e ilustrada por el artista bogotano Manuel Hernández. Para la ocasión, invitó al escritor a hacer una lectura en vivo para que acompañara con su voz la edición para la biblioteca virtual. La lectura se organizó con un pequeño círculo de personas cercanas, pues la misión era acompañar la lectura de Cobo Borda. Caía la noche. El escritor, antes de iniciar la lectura, tuvo el impulso de conmemorar ese espacio de encuentro y, sin siquiera imaginar, terminó bautizándolo al nombrarlo como la “Casa del Libro Total”. Los allí presentes, entre ellos, por supuesto, los Navas Corona, entendieron que ese era el mejor de los nombres para un proyecto cultural y del libro que crecería hasta el presente como referencia cultural de la región. Casa donde se le editaron además del libro mencionado, Pintura siempre; y Ensayos de autores latinoamericanos: América un fracaso creativo.

En Mirar con las manos, en su poema “La muerte está viva” dilata la existencia hasta que los vivos no “soltemos” al muerto. Y con su poema “Líneas” obliga a la muerte a pasar de largo. La mejor forma de mantener aquí con nosotros un pensador como él, será -contraviniendo su deseo de “desaparecer a tiempo”- convocándolo en cada verso y en cada autor que, desde su pasión objetiva, visitó para nosotros.

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Juan Gustavo autorizó muchas de sus publicaciones a la Biblioteca de El Libro Total, convirtiéndola en su propia casa, por lo que se puede decir que fue uno de sus mejores amigos.
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