viernes 30 de septiembre de 2022 - 2:36 PM

La artista Ángela Jiménez expone “Índigo” en el Centro Colombo Americano

La artista Ángela Jiménez expone su obra más reciente “Índigo” en el Centro Colombo Americano hasta el 21 de octubre.

Además de artista, Ángela Jiménez es activista por el medioambiente. Es directora de Fundación Montechico, en Barichara, que busca promover el cuidado por el medioambiente cambiando las formas en las que se obtienen los elementos de nuestra susbsistencia.

Elaboran papel a partir de “fibras naturales, piña, fique, morera, algodón”, promueven la “utilización de la tierra como materia prima para la construcción de vivienda” y buscan “rescatar y mantener con vida este ancestral oficio, heredado desde épocas prehispánicas”.

Y realizan talleres para niños.

Su obra está ligada a Barichara porque sus características ambientales, su contexto, le permite a la artista vincular su interés por la naturaleza y su preservación.

Angela Jiménez, arquitecta egresada de la Universidad de los Andes en 1984, realizó cursos de Historia del arte y Arqueología en la Universidad de Paris I Sorbona (Deug). Hizo estudios de escultura en la Escuela de Artes y Oficios Lotja, de Barcelopa, que luego continuó con pintura, con Freda Sargent.

Actualmente, presenta en el Centro Colombo Americano su obra Índigo, una exploración de una planta llamada añil que le permite obtener este tono del azul que, dice, extraña entre los colores que son propios de Barichara.

La exposición se puede ver del 15 de septiembre al 21 de octubre.

Vanguardia habló con la artista acerca de su trabajo, la importancia de Barichara en él y lo que busca transmitir.

¿Cómo nace la idea de hacer esta exposición? ¿Qué significa el índigo para usted?

“El ofrecimiento que me hace el Colombo (Centro Colombo Americano) coincide con la culminación de una etapa de dos años de investigación sobre la extracción del índigo, que a su vez viene de un viejo anhelo de encontrar el azul, que a mi modo de ver hace muchísima falta en Barichara, tanto como hace falta el agua.

Esa fue la inspiración mayor.

Si uno mira bien, la tierra es roja, las piedras son rojas, amarillas, la luz a su vez se tiñe de estos colores cálidos y llega un momento en que a uno le hace realmente falta el azul, que se encuentra, sí, en el cielo, pero a nivel de pintura hace mucha falta poderlo extraer de alguna parte.

Es por eso que me di a la tarea de buscarlo y fue así como encontré la planta “añil”, que se da silvestre por toda esta región de Santander, pero ya nadie tiene la memoria de cómo extraerlo y ya no hay evidencias de los lugares donde se extraía, solamente está el testimonio de Juan Carlos Prada, quien me dijo que su abuelo lo cultivaba en una finca del otro lado del río Suárez que se llamaba Lancôme, y tiene algunos recuerdos y anécdotas que él le contaba, pero es lo único que encontré.

Cuando Juan Carlos viaja a Canadá, me dejó encargada dos plantas de añil que yo sembré y de allí salieron muchas semillas que seguí sembrando y ya cuando tenía una gran cantidad pude extraer el famoso índigo.

Para esto investigue en libros de América Central, de Guatemala, México, vi videos, busqué libros estadounidenses, ingleses, alemanes y con todo esto logré descifrar cómo es el método, que es realmente alquimia.

Poco a poco fui incorporando este azul a mi trabajo, haciendo experimentos, y esta experimentación fue la que se volvió la obra de esta exposición que vemos en el Colombo Americano”.

¿Qué quiere transmitir?

La exposición está compuesta por “una serie de obras de pequeño formato, en su gran mayoría de 20 por 20 centímetros en papel de piña hecho a mano en mi taller y en ellos está plasmada toda esa investigación que se mueve dentro del ámbito abstracto y figurativo.

Libremente hice toda una investigación en la acuarela en agua tinta, donde quiero transmitir esa emoción que me produce todo este proceso de recrear y de redescubrir como, de una planta común muy adaptada a este medio por cierto, se puede extraer un color tan maravilloso como es el índigo, porque es mágico en todas sus tonalidades, en la cantidad de posibilidades que tiene según el manejo que se le dé a la a la extracción misma, a la oxigenación, a todo el proceso químico en el cual uno empieza la extracción del índigo usa.

Fuera de las hojas, que hay que cultivar por tres meses, con cal y herramientas para oxigenar el agua, se construyeron unas albercas que permiten el paso del índigo de un lugar a otro por gravedad hasta obtener una pasta azul que es con la cual se hace la acuarela para esta exposición. Utilice el índigo, la tierra y la cal como medios para hacer la obra.

¿Qué juega Barichara, la tierra y la ecología en su obra?

“Esta obra no habría podido surgir sino en Barichara, donde las condiciones son ideales, la temperatura del medio ambiente, la posibilidad que hay de estar al aire libre trabajando, de cultivar el añil, que crece entre los 50 y 1500 metros de altura sobre el nivel del mar, y la cercanía técnica que hay con todo este proceso, por ejemplo, con la lejía, que es un material que aquí se utiliza para otras funciones en los tejidos, en la alimentación, el clima cálido que también ayuda a que el proceso de fermentación y de oxigenación se ve de una manera adecuada el secado que se hace al aire libre y a pleno sol.

Todos estos son factores que hacen que el proceso pueda surgir en un territorio como este.

Es por eso que esta trilogía entre los agricultores, los artesanos y los artistas tiene tanta vigencia en un terreno como Barichara y todo el aspecto cultural que aquí se desarrolla, todo este medio ambiente, este ecosistema también para que uno vuelva a los orígenes, a buscar las materias primas esenciales y que todos los procesos se den de una manera natural.

Por eso he insistido tanto en el rescate de los oficios tradicionales que son un gran valor, tanto para la historia del país, como para las personas que habitan esta región, son una fuente de ingresos y de ocupaciones que se deben recuperar del olvido que la Revolución Industrial trajo consigo.

La síntesis de este es de este color del índigo se empezó a hacer químicamente, por lo cual toda la industria de jeans y prendas masivas se empezaron a teñir de esta manera, con la contaminación del medio ambiente que le es propia.

Pero ahora que ya nos dimos cuenta de esto estamos volviendo a recuperar estos tintes naturales y es así como estas técnicas toman nuevamente una gran vigencia.

Las mujeres somos más sensibles a la protección del medio ambiente, somos las mujeres quienes tenemos la paciencia de desarrollar estos procesos lentos dispendiosos y muy sutiles que se requiere para obtener el índigo y es quizá que, históricamente, este cultivo del índigo, que es tan sutil y tan preciso, no ha prosperado en estas tierras.

Estos cultivos empezaron a principio del siglo pasado, pero no prosperaron y tengo la sensación de que es porque son procesos de una dedicación y un cuidado permanentes y, de alguna manera, son trabajos femeninos, donde uno tiene que estar muy pendiente del pH, del tiempo, de la temperatura y necesita mucha supervisión y mucha paciencia.

Es por eso que pienso que las mujeres somos más dadas a este tipo de trabajos y, por último, me gustaría decir que me encantaría que esta técnica se disperse aquí en el territorio y se multipliquen los casos de mujeres que tiñen sus tejidos con este color: se rescata la historia y se incorpora a un presente más promisorio”.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí.
Image
Paola Esteban

Comunicadora social - periodista egresada de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Desde 2005 hace parte del equipo de Vanguardia, trabajando en crónicas y reportajes premium, los cuales se enfocan en temáticas culturales, población Lgbt, y mujer y género.

Ganadora de un premio Luis Enrique Figueroa en 2007 con ‘Aquí estamos pintados’ y un premio CPB con ‘Diario de una bulimica’ en 2008.

@paola_esteban

Besteban@vanguardia.com

Lea también
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad