martes 22 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Médico santandereano sorprende con su primera novela

El baúl que fuma, del médico santandereano Álvaro Villalobos y publicado por Letrame, es una lectura entretenida, moderna y reflexiva, de la cual podría desprenderse un icónico detective de casos sin resolver.
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Un anestesiólogo en trámites de divorcio, con obesidad mórbida y sin muchas ganas de vivir, se sorprende husmeando en el pasado de un niño que ha sido testigo de un crimen en su infancia.

El médico es bogotano, el niño, bumangués, y no parecen estar ligados de ninguna otra forma más allá que por la conexión con el padre del médico, un fantasma en la vida de nuestro improvisado detective y cuyo intrincado pasado le depara más sorpresas.

El médico las descubrirá mientras vive en el viejo apartamento que le perteneció a su padre.

Este thriller tiene todos los ingredientes del drama latino, pero se lee rápido porque la acción, narrada en primera persona por sus dos protagonistas, nos ofrece un panorama un poco sombrío, pero interesante: nos adentra en la vida de un tipo que tira la caña para pescar un último atisbo de sentido para su vida. Y lo logra.

“Siempre había tenido la historia en la cabeza. Me inspiré en una nota de prensa que había leído, donde habían encontrado restos humanos durante la excavación en una casa. Y de allí surgió la idea. Quise representar un poquito la investigación hecha por un personaje que no fuera un investigador profesional y contar cómo poco a poco va entrando en todo este mundo de la investigación y cómo llega al final a descubrir el autor de un crimen que estuvo impune durante 50 años”: así resume el propio Álvaro Villalobos su novela El baúl que fuma.

La novela se desarrolla en dos espacios temporales: en los años sesenta y en la época presente. Villalobos dice que en su novela hay muchos elementos autobiográficos, sobre todo los relacionados con su infancia en Bucaramanga.

$!Médico santandereano sorprende con su primera novela

“Es un intento, que espero no haya sido en vano, de registrar históricamente las calles las costumbres de aquella Bucaramanga de mi infancia, revelando, por supuesto, todos los recuerdos de aquellos años: la amistad y el compañerismo en medio de algunas carencias sociales, no tanto carencias económicas, pero sí alguna dificultad de tipo social en aquella Bucaramanga que daba el salto de lo rural hacia la época en que se pavimentaron la mayoría de las calles, donde se modernizó nuestra querida avenida Quebrada Seca, donde se llenó el botadero de basura de el Rumbón, donde hubo algunas tensiones sociales, huelgas, paros, revueltas. Todo eso lo cuento tangencialmente en el libro”, explica Villalobos desde Bogotá.

Y no fue en vano: la narración de Villalobos es meticulosa, pero no aburrida y le permite al lector sumergirse en el pasado fácilmente.

Vanguardia conversó con Villalobos sobre su novela “El Baúl que fuma” y sobre su interés por la literatura.

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